| este retrato del Greco transformado para facebook |
He olvidado que me hace sonreír, sonreír con alegría auténtica. Ni que
decirles de lo que me hace reír, reír a carcajadas, reír con todo el cuerpo, reír
de verdad hasta casi hacerme pipí. Me he olvidado casi por completo de esas
sensaciones.
Tengo que admitir que, por otro lado, he mejorado en las sonrisas y risas de otro
tipo. A pesar de haber desechado las auténticas, las sociales se han ido
perfeccionando con el paso del tiempo.
Cualquier persona que vea mi Facebook pensará que vivo sumida en la
alegría perpetua. Solo ver mi gran sonrisa en el perfil y en casi todas las
fotos que publico lo llevarán a esta conclusión.
Y es que todos sin excepción optamos por sonreír frente a una cámara y
más si esa foto va a ser publicada en alguna red social. Nos vemos sonrientes
frente a una copa de vino, hecho todavía aceptable si es un buen vino y ya
hemos ingerido varias copas. Sonrientes
con los amigos, en reuniones sociales en las que probablemente
un segundo antes teníamos caras largas y conversaciones sesudas. Sonrientes en
reuniones de trabajo, donde sin lugar a dudas, momentos atrás estábamos
pensando en la inutilidad de las misma. Sonrientes, sonrientes siempre, como si
nuestra vida fuera una alegría perenne, una diversión constante.
Las sonrisas Facebook, esas sonrisas que practicamos frente al espejo,
esas sonrisas para demostrar a los demás que estamos bien, que somos felices,
son el ensayo para la obra "La banalización de la vida" donde todos
nos sentimos protagonistas.
Pero sinceramente ¿quién quiere abrir el perfil de una persona y ver
lágrimas y tristeza reflejadas en él? Nadie quiere ver, ni que lo vean en sus
miserias, nadie quiere ver, ni que lo vean en los momentos oscuros.
Imaginemos por un momento que de pronto empezamos a registrar en
nuestro Facebook el momento anterior al momento foto, ¿qué encontraríamos?
Caras largas, discusiones, aburrimiento, seriedad, en fin, encontraríamos la vida real. Y la vida real
no se comparte, la vida real pertenece al ámbito privado.
Dentro de todas las sonrisas de Facebook, las peores, al menos para mí
son las que mostramos en los selfies. ¡Coño!, te estás tomando una foto solo ¿a
quién le sonríes? Estas solo, ni siquiera hay alguien contigo que te tome la
foto. Vemos gente caminado por la calle que de pronto coloca su teléfono frente
a su cara y empieza a sonreír y que si no les gusta el resultado repiten esta
acción varias veces. Confieso que esto me resulta tan patético que me hace
sonreír con tristeza. La sonrisa que es
la primera manifestación humana de que somos animales sociales, se ha convertido en una mueca carente de
significado, una máscara para ocultar a los demás como nos sentimos realmente.
La sonrisa se ha transformado en un objeto de intercambio social. Tú
me muestras tus sonrisas, yo te muestro las mías. Tú me muestras tus dientes,
yo te muestro los míos.
Imagino un lejano futuro, cuando algún arqueólogo del 3018 estudie la
sociedad de este siglo y analice las redes sociales le costará relacionar la
realidad auténtica que vivíamos: locos en el poder, injusticias, guerras,
refugiados, violaciones de DDHH... Con las caras sonrientes en todas la redes
sociales.
Pero volviendo al inicio de este post ¿soy yo la única que ha olvidado
lo que es sonreír, reír a carcajadas o somos todos?
Acaso todos ¿no hemos dejado lo auténtico de lado para vivir en el
simulacro de la alegría eterna?
Ahora cuando practiquen la sonrisa en el espejo, cuando se tomen un
selfie, cuando la sonrisa sea solo una mueca. Piensen ¿desde cuando no sonrió
de verdad? ¿Desde cuando no me rio a carcajadas, no me rio con todo el cuerpo, no me rio de verdad hasta
casi hacerme pipi?
Tal vez tengamos que dejar de sonreír tanto frente a las cámaras y
sonreír y reír más con los demás.
Muy buenas tus reflexiones Ana y aunque no solte la carcajada o me hice pipi leyendolas, si me diverti y sonrei con ellas. En los ultimos 3 años creo que las unicas carcajadas me las arrancaron mis nietos, tengo que dar gracias por eso.
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