sábado, 31 de marzo de 2018

Reflexiones 3

Ileana Cerato pintora argentina

¿Qué  nos lleva a seguir en la vida de alguien? ¿Por qué seguimos queriendo ser parte de una vida que ya no es nuestra, una vida que quedó atrás?
Acabar cualquier relación implica siempre duelo, tristeza y dolor. Si esta relación fue una relación fallida por cualquier causa ajena o fue una relación que concluyó de manera abrupta pero donde todavía hay profundos sentimientos, no quieres asumir que ya todo terminó.
Eres consciente de la realidad pero te niegas a abandonar la vida del otro, esto no quiere decir que tengas esperanzas o que quieras volver. Lo único que quieres es conservar una parte de tu vida en la que fuiste feliz. Terminar una relación no implica acabar con el afecto. La simpatía y el aprecio siguen ahí y podrán seguir toda la vida, pues esa persona a la que amaste sigue siendo la misma, no se transformó,  de pronto,  en un desconocido, sigue siendo el amigo, el compañero, la persona especial con la que quieres intercambiar opiniones, a quien quieres contar tus cosas, con quien quieres compartir lo importante de tu vida.
Esa persona a la que amaste, ese protagonista de un amor inconcluso,  fallido puede llegar a ser tu amigo o amiga especial. Pues la intimidad que compartieron, la cercanía que vivieron, los secretos que se contaron generó una comunión entre ambos. Una cercanía tan personal que nunca tendrás con un amigo normal.
Esa persona que vivió contigo, con quien hiciste planes, con quien compartiste buenos y malos momentos. Sigue siendo objeto de tus preocupaciones. Te preocupa su felicidad, su vida y su día a día. Te preocupa su mundo, sus allegados, sus proyectos, sus problemas, sus sueños.
Se concluye o termina una relación amorosa, pero no se termina el ser humano, el amigo, el hombre o mujer que te gustaba y que querías. Se concluye un tipo de relación pero se inicia otra, quizás,  más duradera. Quizás hasta más protegida del deterioró inevitable que la rutina ocasiona al amor.   
Seguir siendo amigos aún después de finalizar una relación indica que la persona escogida era la apropiada, era afín contigo, era antes que nada una persona que aprecias, una persona que te nutre, que te hace mejor ser humano, una persona a la que querías y quieres tener en tu vida.
El amor puede pasar, el amor puede tener fecha de caducidad pero la verdadera amistad perdura para siempre.
Por eso al terminar una relación amorosa buena  quieres quedarte con el amigo, con el compañero, quieres que sea para siempre parte de tu vida.



viernes, 30 de marzo de 2018

Reflexión 2

Grete Stern

Creo que mis últimas experiencias me han hecho una persona diferente, no sé si mejor o peor,  pero diferente. Hoy siento que,  definitivamente, la ingenuidad,  mi compañera, de toda la vida,  hizo su maleta y partió para siempre de mi vida.
Cuando hablo de ingenuidad, no hablo de ser tonta o crédula, sino de ver siempre lo positivo, de lanzarme a cualquier cosa desde la seguridad y la confianza, de esperar de los demás lo mejor, de sentir que puedes resolver, o al menos mejorar, todo lo que pasa.
Durante toda mi vida la seguridad y la confianza han sido mi espacio vital, y las guardianas y protectoras de mi ingenuidad. Esa ingenuidad que sólo poseen los niños y que les permite  mirar el mundo con entusiasmo, con asombro, con deseos de descubrirlo y adentrarse en él.
Esas corazas, seguridad y confianza, las  crees indestructibles, imposibles de ser aniquilada por nada y por nadie. Pero, de pronto,  descubres que son vulnerables, que pueden desmoronarse y que al hacerlo también se llevan ese aspecto de ti que te hacia soñar.
Y empiezas a contemplar la vida sin esperanza, sin sueños y lo que es peor sin alegría.
La vida se convierte en mera supervivencia, en un día a día que en lo único que piensas es en sobrevivir. Tu vida empieza a transcurrir sólo en la base de la pirámide de necesidades de Maslow. En la búsqueda desesperada de la satisfacción de tus necesidades básicas.
  que estabas en la cúspide, en el vértice de la pirámide a la búsqueda de la autorrealización, de pronto, te vez arrojada de ahí, resbalando cuesta abajo por de la pirámide, pero llevándote contigo todo lo que perdiste. Convertida en una especie de bola de nieve cada vez más grande que se desliza por la ladera de la pirámide, violenta, estrepitosa,  arrastrando con ella todo lo que encuentra a su paso.
Cuando llega a la base es una bola tan enorme, tan llena de todo lo que ya habías hecho, tan llena de todas las necesidades superiores y deseos que habías superado, tan llena de lo que fuiste y ya no eres, que le resulta imposible volver a remontar la empinada y dura cuesta.
La seguridad, la confianza, pero sobre todo, la ingenuidad, esa capacidad de ver la vida con optimismo, quedan sepultadas entre capas y capas de la gran bola de nieve. Esa bola de nieve que creció y creció, alimentada por los pedazos de las necesidades que pensábamos satisfechas, alimentada por el resquebrajamiento de los peldaños que creímos alcanzados,  hasta formar esta  avalancha que hoy es tu vida.
Y desde esa base donde lo único importante es sobrevivir, te contemplas no desde la mera necesidad, te contemplas desde el peso muerto de lo que habías alcanzado y más nunca recobraras.  
Te contemplas desde la conciencia de los fragmentos rotos  de tu autorrealización 

miércoles, 28 de marzo de 2018

Reflexiones 1

este retrato del Greco transformado para facebook


He olvidado que me hace sonreír, sonreír con alegría auténtica. Ni que decirles de lo que me hace reír, reír a carcajadas, reír con todo el cuerpo, reír de verdad hasta casi hacerme pipí. Me he olvidado casi por completo de esas sensaciones.
Tengo que admitir  que,  por otro lado,  he mejorado en las sonrisas y risas de otro tipo. A pesar de haber desechado las auténticas, las sociales se han ido perfeccionando con el paso del tiempo.
Cualquier persona que vea mi Facebook pensará que vivo sumida en la alegría perpetua. Solo ver mi gran sonrisa en el perfil y en casi todas las fotos que publico lo llevarán a esta conclusión.
Y es que todos sin excepción optamos por sonreír frente a una cámara y más si esa foto va a ser publicada en alguna red social. Nos vemos sonrientes frente a una copa de vino, hecho todavía aceptable si es un buen vino y ya hemos ingerido varias copas.  Sonrientes con los amigos,  en  reuniones sociales en las que probablemente un segundo antes teníamos caras largas y conversaciones sesudas. Sonrientes en reuniones de trabajo, donde sin lugar a dudas, momentos atrás estábamos pensando en la inutilidad de las misma. Sonrientes, sonrientes siempre, como si nuestra vida fuera una alegría perenne, una diversión constante.
Las sonrisas Facebook, esas sonrisas que practicamos frente al espejo, esas sonrisas para demostrar a los demás que estamos bien, que somos felices, son el ensayo para la obra "La banalización de la vida" donde todos nos sentimos protagonistas.
Pero sinceramente ¿quién quiere abrir el perfil de una persona y ver lágrimas y tristeza reflejadas en él? Nadie quiere ver, ni que lo vean en sus miserias, nadie quiere ver, ni que lo vean en los momentos oscuros.
Imaginemos por un momento que de pronto empezamos a registrar en nuestro Facebook el momento anterior al momento foto, ¿qué encontraríamos? Caras largas, discusiones, aburrimiento, seriedad, en fin,  encontraríamos la vida real. Y la vida real no se comparte, la vida real pertenece al ámbito privado.
Dentro de todas las sonrisas de Facebook, las peores, al menos para mí son las que mostramos en los selfies. ¡Coño!, te estás tomando una foto solo ¿a quién le sonríes? Estas solo, ni siquiera hay alguien contigo que te tome la foto. Vemos gente caminado por la calle que de pronto coloca su teléfono frente a su cara y empieza a sonreír y que si no les gusta el resultado repiten esta acción varias veces. Confieso que esto me resulta tan patético que me hace sonreír con tristeza.  La sonrisa que es la primera manifestación humana de que somos animales sociales,  se ha convertido en una mueca carente de significado, una máscara para ocultar a los demás como nos sentimos realmente.
La sonrisa se ha transformado en un objeto de intercambio social. Tú me muestras tus sonrisas, yo te muestro las mías. Tú me muestras tus dientes, yo te muestro los míos.
Imagino un lejano futuro, cuando algún arqueólogo del 3018 estudie la sociedad de este siglo y analice las redes sociales le costará relacionar la realidad auténtica que vivíamos: locos en el poder, injusticias, guerras, refugiados, violaciones de DDHH... Con las caras sonrientes en todas la redes sociales.
Pero volviendo al inicio de este post ¿soy yo la única que ha olvidado lo que es sonreír, reír a carcajadas o somos todos?
Acaso todos ¿no hemos dejado lo auténtico de lado para vivir en el simulacro de la alegría eterna?
Ahora cuando practiquen la sonrisa en el espejo, cuando se tomen un selfie, cuando la sonrisa sea solo una mueca. Piensen ¿desde cuando no sonrió de verdad? ¿Desde cuando no me rio a carcajadas, no me rio  con todo el cuerpo, no me rio de verdad hasta casi hacerme pipi?
Tal vez tengamos que dejar de sonreír tanto frente a las cámaras y sonreír y reír más con los demás.

Migración Forzada: !Shhhhhh!

Grete Stern Sueños


Hoy no tengo nada que contar.
Hoy me abandonaron hasta las palabras.
Hoy solo una sensación  inexpresable me invade.
Hoy solo un vacío murmurante habita mi pensamiento.
Hoy sencillamente me dejaré llevar, me dejaré arrastrar por lo que me rodea.
Hoy solo existe  silencio.

!shhhh!

martes, 27 de marzo de 2018

Migración Forzada: Sueño sin Jung

Grete Stern Sueños


Anoche no soñé con Jung, faltó a la cita nocturna para ayudarme a desentrañar mi sueño.
Anoche soñé con una estufa, una estufa roja donde pequeñas virutas encendidas danzaban alegremente mientras yo las contemplaba absorta.
Fue de esos sueños tranquilos, donde nada transcurre, esos sueños relajantes y contemplativos. Todavía despierta veo los pequeños puntos rojos,  brillantes y chisporroteantes bailando,  como pequeñas luciérnagas,  a mi alrededor.
Era una estufa conocida, una estufa que no sólo calentó mis pies en momentos de frío, sino que también calentó mi corazón y mi cuerpo cuando lo necesite. Una estufa que caldeo momentos de frialdad no sólo climática, también calentó momentos de frialdad emocional, de distanciamiento personal, de separaciones eminentes.
La calidez de una buena estufa hace que superes todo, es un refugio que siempre te da confort y seguridad. De ese calor que emana, de ese confort que sientes, de esa seguridad que te arropa es de donde proviene la palabra hogar. Esta palabra que va allá de cuatro paredes y un techo.  Hogar proviene de hoguera, de ese fuego que nos da alimento y calor.  Podemos habitar una casa, podemos tener un techo donde cobijarnos, pero cuando hablamos de un hogar, hablamos de algo entrañable, algo que emociona, algo de lo que formas parte consustancial.
Ambos sueños él de ayer y él de esta noche creo que están vinculados. El inconsciente teje extrañas formas para darnos a conocer nuestros deseos y nuestra realidad profunda. Dado que Jung faltó a la cita, trataré de develarlo por mí misma.
¿Quiénes  son los personajes perdidos en páginas de libros que no les pertenecen?  Para algunos psicoanalistas todo lo que aparece en los sueños, desde lo inanimado  hasta los diferentes sujetos, son representaciones de uno mismo. Partiendo de esta premisa puedo concluir que los personajes perdidos son simplemente “yo”. Mi yo fracturado que busca su recomposición en un mundo desconocido y totalmente diferente. Mi yo extraviado que deambula por el pasado como un fantasma y que en el presente no encuentra todavía su lugar donde encajar y sentirse cómodo. Mi yo confundido que no encuentra la historia a la que pertenece.
Creo que mi aproximación no es desacertada, diría más bien que representa bastante bien mi actual realidad.
Pero ¿la estufa qué  representa? ¿No es acaso ese hogar que contemplo y que deseo pero todavía no he encontrado? ¿Ese hogar que creí encontrar y que se evaporó frente a mí? O ¿ese hogar que perdí y que ahora lo miro como un grato recuerdo?
Creo que este sueño, literalmente, representa el hogar que añoro pero que no tengo, el hogar que miro desde la distancia y del que fui arrancada por una u otra razón, pero un hogar que al mirarlo desde este presente me brinda siempre, confort, seguridad y cobijo.
Ahora me doy cuenta de por qué Jung no vino a la cita, simplemente quería que yo fuera la intérprete de mis propios sueños, que llegará por mí misma a decantar mi situación.
En los sueños, simbólicamente, se esconde una visión, una manera de expresar cada realidad particular. Cada sueño solo podrá ser interpretado  por quien lo sueña. Otros lo interpretaran desde su mundo y su realidad. Pero la lectura, la comprensión y la interpretación auténtica solo se darán desde la mirada del protagonista.    
Parafraseando a Pirandello lo que mis sueños me expresan en este momento concreto es que: 
“Soy un personaje extraviado en busca de un hogar”

lunes, 26 de marzo de 2018

Migración Forzada: Sueño Nocturno

Grete Stern Sueños

Anoche soñé con mis libros, con los miles y miles de libros que habitan las paredes de mi casa en Venezuela.
En mi sueño los personajes hartos de no ser leídos, hartos del polvo y la humedad, hartos de estar encerrados habían decidido dejar las estanterías e iniciar una vida real.
Deambulaban por la casa, se sentaban en las sillas, se acostaban en la cama, tomaban café en la terraza, alguno hasta se atrevía a salir al jardín a cuidar las plantas.
Los vecinos asombrados, contemplaban desde la calle el movimiento incesante, el murmullo de voces. Algunos atribuían a fantasmas todo el ajetreo, otros pensaban que yo había regresado de mi viaje, otros simplemente no encontraban explicación.
Desde mi posición privilegiada de observadora durmiente podía verlos a todos, a los vecinos y a los personajes,  yo convertida, por la magia del sueño, en un ser etéreo con el don de la  ubicuidad los examinaba en silencio.
Después dentro de la extraña lógica que guía los sueños, esa lógica onírica donde nada resulta asombroso, ni cuestionable, me vi abriendo la puerta y entrando a la casa. Caminando por los pasillos y los cuartos mirando a mis queridos libros. Sintiendo y viendo  desde las lágrimas, con ese amor incondicional  que solo un lector podrá entender, su tristeza profunda por no ser leídos, acariciados, olidos, por haberse convertido en historias mudas.
Dentro de otra y abrupta secuencia onírica me sentaba en el piso a leer, a mi lado una pila enorme de libros esperaba su turno, una pila tan enorme como una columna, una columna inestable y peligrosa. En esta lectura descubría como los personajes se habían mezclado, se habían integrado a otros libros. Emma Bovary, estaba conversando animadamente con Ala Triste. Bartleby, el escribiente compartía con Ana Karenina, mientras anotaba en una pequeña libreta. Tomás y Teresa recorrían Macondo acompañados de un Aureliano convertido en guía turístico. Atticus contemplaba horrorizado las ejecuciones en el París de la Historia de dos ciudades, Dorian Gray se contemplaba en el espejo de Pemberley mientras Darcy hablaba de la banalidad, Elizabeth Bennet y Elinor Dashwood cumplían su deseo de conocerse, mientras eran observadas por “Flush” que descansaba debajo del mueble del salón... Todos los personajes extraviados entre otras páginas, deambulando perdidos en la  búsqueda  de su propia historia.
Me desperté, cerré los ojos para volver al sueño, pero se había evaporado.
Hoy llevo todo el día pensando en los libros soñados, en los personajes extraviados y en los miles y miles de libros que habitan mi casa. Hoy me he preguntado durante todo el día el porqué  de ese sueño. Hoy me he preguntado qué mensaje quería trasmitirme mi inconsciente con ese sueño.
Esta noche espero soñar con Jung para que me ayude a analizar su significado, para que juntos podamos desentrañarlo, puedo imaginarlo detrás de su pipa humeante y diciéndome:
"La función principal de los sueños es intentar restablecer nuestro equilibrio psicológico” 
o
"El sueño surge de una parte de la mente desconocido para nosotros, pero no por ello menos importante, y tiene que ver con los deseos para el día que se aproxima."
¿Nos vemos esta noche Carl Jung?

domingo, 25 de marzo de 2018

Migración Forzada: Día soleado

Muchacha en la ventana Salvador Dali

El trino de los pájaros la despertó, un sol brillante entraba por la ventana. Desde que abrió los ojos sintió que algo había cambiado dentro de ella, que las sombras que la habían acompañado en los últimos meses empezaban a disiparse.
Por primera vez, después de muchos meses, al mirarse al espejo descubrió una sonrisa en su cara. Salió a la terraza y fue recibida por un día espléndido lleno de luz y color. "¡qué bien me siento!",  pensó,  mientras contemplaba el horizonte apoyada en la baranda.
Rebuscó en su interior algún indicio de desesperanza, algún indicio de frustración, algún indicio de desasosiego.  Buscó, buscó y buscó afanosa, pero no encontró nada.
Hoy la vida le sonreía.
Hoy volvía a ser la de siempre, la antigua, se reconoció de inmediato, volvía a ser ella misma.
Durante meses se había extraviado entre la incertidumbre, las promesas incumplidas, los proyectos fallidos, los sueños rotos. Durante meses había vagado ocultándose en la tristeza, en la desesperanza, en el desasosiego,  apareciendo sólo en alguna lágrima, en algún suspiro, apareciendo fugaz para recordarle que estaba ahí, que la dejara  salir, que todo cambia, que todo pasa. 
Hoy por circunstancias que desconocía había encontrado el camino de retorno.
No sabía si volvería a extraviarse, no sabía si volvería a ocultarse, pero hoy disfrutaría de su grata y conocida compañía.

sábado, 24 de marzo de 2018

Migración Forzada: Dia sonoro

Grete Stern Sueños

Cada día al despertar lo primero que hacía era revisar el móvil. No imaginó que hoy su despertar estaría acompañado del sonido inconfundible y entrañable de su ciudad.
Un cálido mensaje  y un vídeo fue lo primero que vió. Un video sonoro que la hizo sonreír y llorar. El sonido de las ranitas que siempre la habían acompañado inundó, no sólo el silencio sino todo su cuerpo. Esas ranitas cantarinas que anunciaban las noches de ese país hoy lejano, esas ranitas que escuchó durante toda su vida, esas ranitas que nunca callaban y arrullaban, como una nana disonante y constante,  el inicio de sus sueños.
Se levantó he inició su largo periplo cotidiano. Su deambular en busca de una oportunidad que le permitiera sobrevivir. Entregó currículos y como cada día recibió el no ya esperado.
Agotada se sentó en la plaza y después regresó a la casa, a una casa que no sentía como suya, a una casa que nunca sentiría como suya.
Pensó en su casa, habitada por los recuerdos. Habitada por sus libros. Su casa habitada por sus fotos, pensó en esas imágenes suspendidas para siempre en momentos felices e irrepetibles. Imágenes detenidas y sonrientes que desde un porta retrato o desde un marcó contemplaban  la casa vacía. Sus fotos convertidas en declarantes mudos de toda su vida. 
Sintió una profunda tristeza por su país y una rabia sorda, impotente por todos los que la habían expulsado de su vida.
Sintió hasta que una sensación de dolor físico se adueñó de su cuerpo. Un dolor tan intenso que la paralizó.
Pasó horas tumbada en la cama, sin moverse, con la mente extraviada en recuerdos fugaces, con el cuerpo invadido de sensaciones pasadas.
La oscuridad del cuarto anunció que la noche había llegado. Abrazó su cuerpo inerte, cerró sus ojos y dio play al vídeo. El sonido de las ranitas  invadió el silencio. El canturreo familiar, la nana disonante y constante la arrulló hasta sumergirla en un sueño profundo. 
Horas despues, y como cada atardecer, en ese país hoy lejano su casa vacía, sus libros, sus imágenes de felicidad suspendida se sumergirían  indiferentes a la llegada de las tinieblas y seguirían sordos al canturreo incesante de la noche.


viernes, 23 de marzo de 2018

Migración Forzada: el dia a dia


Grete Stern Sueños

Se tumbó nuevamente en su cama, hoy el día amenazaba con precipitaciones dispersas e incontenibles en sus ojos. Hoy la sombra negra, tan familiar en los ultimos meses, volvía  cubrir el cielo de su existencia.
En otro momento, en otro espacio, en otra situación se habría quedado acurrucada todo el día en la cama, abrazando sus rodillas,  con los ojos cerrados y retrotrayéndose a  esa posición inicial y confortable a la que en los malos momentos siempre queremos regresar. Apretó los ojos y se sintió encerrada en las paredes cóncavas de una botella donde la salida era tan estrecha que nunca podría escapar, ¿quedaría, acaso, atrapada para siempre entre la oquedad en la que estaba sumergida y la posibilidad de una nueva vida? 
Pero hoy tenía pautadas tantas cosas que el deseo de permanecer sumergida se vio anulado por la necesidad. En los últimos meses era una constante que sus deseo siempre fueran desechados, sus deseos pasaron a ser un ejercicio infructuoso de su imaginación.
Se paró  con gran esfuerzo, se bañó con el agua tan caliente que un vaho nebuloso invadió el cuarto de baño, al final la ducha de agua fría despejó el ambiente y también el adormecimiento de sus músculos.
Se vistió pausadamente, se maquilló con cuidado, tomó la cartera, la carpeta con sus papeles y salió a la calle.
Un viento helado despeinó su corto cabello,  inmediatamente subió el cierre de su abrigo para protegerse y sujeto la carpeta con fuerza. La carpeta en la que coincidía su vida pasada y su vida actual. La carpeta que contenía una carta de presentación resaltando sus cualidades personales y profesionales. Un currículo con los logros y títulos alcanzados en su país y otro currículo escueto donde en unas líneas se esbozaban sus aspiraciones laborales y la formación que actualmente cursaba.
Al llegar a la zona comercial y antes de entrar en la tienda practicó con su reflejo en la vidriera una sonrisa.
Entró con seguridad y habló con la encargada, ofreció sus servicios y después de un "no necesito a nadie por el momento"  salió de la tienda y se alejó.
Durante toda la mañana se repitió la misma escena. Sonrisa en el reflejo, breve conversación y un no como respuesta. Después de 5 tiendas, minutos de charla y entrega de papeles la pantalla del móvil le anuncio la llegada del mediodía.
Regresó a la casa con pasos cansados, comió algo y volvió a hacer el camino ya andado, ahora en dirección  al curso que había iniciado y que al menos le permitía compartir con gente agradable en su misma situación. Un curso de formación profesional convertido, por las situaciones compartidas y similares de sus miembros, en casi un grupo de apoyo. Al salir la esperaba el taller de literatura en él que se había inscrito y que le daba un poco de alegría a su  insatisfecha vida.
Llegó en la noche a su casa, como cada día, con frustración pero también pensando que lo había intentado y que quizás en el futuro el intento se convertiría en un trabajo concreto.
Después de comer se cepilló la boca pero el sabor a fracaso no desapareció, se acostó con las rodillas abrazadas, de sus ojos cerrados brotaron dos gotas enormes, que dejaron dos círculos húmedos en las sábanas.  
El pronóstico había fallado sólo hubo una breve y moderada precipitación. Se abrazó con más fuerza y se quedó dormida acurrucada en su abrazo.

jueves, 22 de marzo de 2018

Migración Forzada: cualquier dia


Grete Stern Sueños

La soledad obligada de esta migración forzada la convirtió en una persona reflexiva, un poco taciturna, que miraba la vida con desdén y con cierto cinismo.
Su reflexión mientras caminaba por la calle y observaba a la gente la llevo a pensar sobre toda el gentío que había visto a lo largo de toda sus vida, todos los  que había apenas conocido, todos los que había querido  y quienes a pesar de la distancia o el tiempo permanecían como parte de ella.
“Igual que la gente llega a tu vida y se convierte en el centro de tu universo, un día cualquiera,  sin aviso previo,  pasan a ser sólo un satélite, un astro menor, que incide poco, que apenas percibes como importante, que se confunde entre los demás y pasa a ser apenas un vago referente.
Esto puede ocurrir por diferentes razones y de manera espontánea o puede ser una decisión consciente y meditada.
En el primer caso la suma de comportamientos del otro o la otra hacen que un día la energía que los unía desaparezca, como desaparece la luz al bajar el interruptor. Y de repente sientes el sonido característico de un “clic” definitivo en tu cabeza, un “clic” irreversible que interrumpe para siempre la energía.
En el segundo caso decides que llegó el momento de hacer “clic” en la relación. Y armándote de valor levantas tu mano y accionas el interruptor. La energía cesa por tu libre elección.
Ambos “clic” tienen  las mismas consecuencias  y las personas a las que se los has aplicado dejan de ser presente para convertirse en pasado, después en recuerdo y por último en nada.
 ¿Cuántas personas en nuestra vida no se han convertido en satélites tan lejanos que ni recordamos que existen?
¿Cuántas personas que en algún momento fueron nuestro centro, ahora son sólo una fracción de segundo en nuestra memoria, una fracción de segundo que nos asalta de pronto para después desaparecer por largos periodos o para siempre?
¿Cuántas personas que sentimos que serían siempre parte de nuestra vida, hoy no son nada, hoy ni siquiera son recuerdo?
Todo pasa, como dice el poeta, y todos pasan agregaría yo. Pero para mí no todo queda, ni todos quedan. Cosas, lugares y personas algunas veces no sobreviven ni siquiera como un mal recuerdo.
Son pocas cosas, pocos lugares, pocas personas las que permanecen, las que te hacen sonreír con apenas una evocación. Son pocas cosas, pocos lugares, pocas personas las que son para siempre parte de tu vida. Y son esas cosas, esos lugares, esas personas a las que nunca de forma espontánea o de forma consiente le accionaste el interruptor, son con las que nunca llegaste a sentir ese “clic” en tu cabeza que interrumpió la energía que los vinculaba para siempre.
Seres intrascendentes, olvidados pueblan tu historia. Igual tú  serás un ser intrascendente poblando la historia de otros. Seres que has contemplado o te han contemplado, que en un momento fueron tu centro de atención o fuiste su centro de atención, pero solo por un momento”.
Llegó a esta conclusión al mismo tiempo que subía la pequeña escalera de la entrada de la Oficina de empleos, se sentó, rodeada de gente anodina, cabizbaja, gente en una situación similar a la de ella. Antes que la llamaran  pensó “hoy todos los presentes ayudaremos al entrevistador a aumentar la población de seres intrascendentes que pueblan su historia”. Escucho su nombre, se levantó, apuro el paso, con una falsa sonrisa dio los buenos días y se sentó en la silla que le ofrecían.




sábado, 17 de marzo de 2018

Migración Forzada día 1

Grete Stern Sueños

Inicio su día a día con la misma sensación de todos los días. Con su 0% de actitud empezó a pensar en qué  haría, para iniciar el proceso de sanación emocional, que intuía largo y con frecuentes recaídas, un proceso necesario y difícil que debía afrontar para recuperar algo de su equilibrio extraviado.
Lo primero que decidió intentar fue tratar de dejar de pensar que ella era lo que siempre había sido. Romper la continuidad que todavía sentía entre la ella pasada y la ella presente.
Se concentró en lo que había sido. Inició este recorrido desde sus recuerdos más antiguos. Desde esos recuerdos que siempre  permanecen en la memoria.
Se sorprendió como de su larga vida, de cada hora transcurrida, sólo afloraban pequeños fragmentos, algunos tan intensos que llegó a sentir olores, sabores, estados de ánimo.
Frente a frente con algunas de estas evocaciones en su rostro se dibujaron sonrisas, en sus ojos aparecieron lágrimas, en su cuerpo un corazón que latía presuroso. Después de este ejercicio intelectual y emocional se sintió exhausta, tan agotada que su cuerpo no sentía fuerzas para levantarse de la cama, pero al mismo tiempo se sintió anímicamente mejor.
Este ejercicio exhaustivo de su vida la había ayudado a darse cuenta que ella era la suma de todas sus experiencias pasadas, que ella vivía, sentía, percibía las cosas de cierta manera porque había vivido lo que había vivido. No podía renunciar a lo vivido, a lo que era, renunciar a eso era como morir, como desaparecer.
"Más que borrar el pasado, lo que tengo que hacer es integrarlo al presente. Verlo como una fuente de inspiración, de estímulo para afrontar lo que estoy viviendo". No podía, como había pensado inicialmente separar el pasado del presente. Si hacía eso sería una desconocida, alguien que no sabía quién era y lo que era le gustaba, siempre se sintió bien con ella misma, siempre se había amado como era, sabía que tenía defectos, pero en conjunto siempre se sintió orgullosa de sí misma, de su forma de ser, de actuar, de vivir.
Lo que era ella no había cambiado, seguía siendo la misma de siempre. Lo que había cambiado era su entorno, su locación como dirían los amantes del cine.
Algo revelador asomó en ese momento, algo que podría significar un cambio de rumbo en la percepción de su día a día y que se reveló de pronto como una verdad absoluta. Podía ser una tontería, algo que quizás todos veían, pero que ella, dentro del agobio por el cambio abrupto y de la frustración por lo perdido, no se había dado cuenta.
Ella era su vida, ella seguía siendo la misma, ella no había cambiado, de ella no se había perdido nada. Había cambiado solo de locación. Lo que no era continuo eran los lugares, eran las experiencias, eran los cambios externos que te podían sorprender, doler, ser más agradables o menos agradables… Pero ella era una continuidad, no estática, ni inmutable, una continuidad en su esencia. Su identidad,  formada con sus conductas, sus habilidades, sus creencias y su historia, se mantenía ilesa. El sentido de sí misma y del mundo, su dimensión auto referencial estaba intacta, ella era una continuidad coherente, ella poseía un sentido claro y preciso de su propia identidad y mientras esto fuera así, seguiría siendo la  protagonista  de su vida, sin importa la escenografía, ni el entorno que la rodeará.
Y en ese momento una frase suelta  llego sorpresivamente a su mente “Sólo hay una pequeña parte del universo que podrás conservar y mejorar hasta el momento que mueras, esa ínfima parte eres tú y podrás habitar otro país, vivir otras circunstancias, sentir que tienes otra vida, aun cuando la vejes te alcance pensar, talvez, que moras otro cuerpo,  pero siempre tendrás la certeza de ser tu misma”



viernes, 16 de marzo de 2018

Migración Forzada: El inicio

Grete Stern Sueños

Quería desprenderse de todo y de todos, quería dejar atrás todo lo que representaba un peso, un lastre.
Sus pasos, antes ligeros y seguros, se habían vuelto pesados y llenos de dudas.
Sus días transcurrían en un devenir confuso. Sus noches en insomnio, su imaginación vagaba por ideas, proyectos que nunca se concretarían.
Cada día igual al anterior, cada noche igual a la anterior, cada idea, cada proyecto muerto antes de nacer.
Recordó un anuncio publicitario de su país cuyo slogan era 100% actitud y se dio cuenta que en este momento su actitud estaba en 0%.
Se dejaba llevar,  arrastrar por su estado de ánimo. Justificaba su inercia en la pérdida de todas sus seguridades, en la pérdida de sus grandes afectos, en la pérdida de la que fue su vida. Una vida a la que no podría  volver. Una vida en un país que ya no existía.
Ahora, arrancada por la fuerza de las circunstancias, se encontraba reiniciando su vida, ya sin fuerzas, sin entusiasmo, sin interés, sólo con frustración, con una pérdida de fe en cualquier futuro, con incertidumbre. Reiniciando una vida que nunca pensó reiniciar. Que siempre pensó en continuar y concluir tranquilamente, sin grandes cambios.
Pensó en las miles de personas que como ella se habían visto obligadas a cambiar de un día para otro. Pensó en todos aquellos que históricamente se vieron impulsados por fuerzas externas a dejar todo. Pensó que en cualquier lugar del mundo, en cualquier período histórico había y hubieron personas igual a ella, viviendo las mismas realidades, sintiendo la misma desazón, teniendo ese 0% de actitud.
¿Qué habían hecho esas personas para sentirse diferentes? ¿Lo lograron? O solo siguieron viviendo en la inercia, dejándose a arrastrar hasta que un día cualquiera llego la muerte, hasta que una mañana, una tarde, una noche, una hora cualquiera la muerte, sencillamente,  consumó una tarea que hacía tiempo había iniciado.
¿Qué hacer para acabar, no con la situación irreversible, sino con la sensación que desde hacía meses se había apoderado de ella?
Ideas múltiples y variopintas surgieron en su fértil imaginación. "la loca de la casa", como llama sabiamente Rosa Montero a la imaginación, no paraba, nunca quedó en blanco, siempre activa, siempre con miles de ideas, lo que había cesado por completo era el impulso vital para desarrollarlas.

Pensó mientras fumaba un cigarrillo, viendo el amanecer y escuchando los gallos que lo anunciaban. "Empezaré a escribir un diario, un día a día. Empezaré con un hoy, donde ni el ayer, ni el mañana tengan cabida. Donde el presente, te guste o no,  sea lo único que tienes. Donde no estén permitidos ni los sueños, ni las ilusiones, ni los recuerdos, ni las añoranzas. Con este día a día me organizaré, me impulsaré y tal vez pueda remontar esta sensación. Un día a día donde sí me obligo a actuar esté implícito un quizás..."  

martes, 13 de marzo de 2018

Apariencia Develada 4


Grete Stern el ultimo beso
Su viaje empezó hacia dos semanas, en cada lugar visitado se habían quedado en pequeños apartamentos alquilados por Internet.
Habían disfrutado del viaje enormemente, se sentían más unidos y cercanos que nunca.
Llegaron a la hermosa ciudad, donde pasarían dos días, o quizás tres. El dueño los esperaba para darle algunas explicaciones,  información y entregarles las llaves.
Era un hombre hermoso, fornido, con una fuerte y agradable voz. Pero había algo en él que denotaba cierta nostalgia, cierta melancolía.
Al quedarse solos recorrieron el apartamento y apreciaron lo original e interesante de la decoración, las vistas por las pequeñas ventanas y el buen gusto imperante.
La primera y extraña sensación se presentó, poco después de cenar, cuando ambos se sentaron en el sofá a conversar. Había algo en el apartamento que les indicaba la presencia de un buen amor, de un gran amor.
Era una sensación en el ambiente, una presencia. Era como si las paredes hubieran sido testigo de alguna historia reciente y se dispusieran a contárselas, no con palabras, con imágenes que empezaron a llegar a sus mentes, con tal intensidad que se convirtieron en el único tema de su conversación. 
Lo primero que vieron fue la imagen de una mujer sentada en el sofá, mientras que un hombre preparaba la cena y la música de Corelli invadía el espacio.
La segunda fue la de ambos sentados en el mismo sofá. Él leía y ella recostada en su hombro lo escuchaba atentamente. Sólo se interrumpía la lectura cuando ella le pedía un beso.
En segundos muchas imágenes de una apacible felicidad invadieron sus mentes, una felicidad tranquila, sin sobresaltos.
De pronto algo cambió y lo apacible se transformó  en tristeza, llanto y confusión. Vieron abrazos entre lágrimas,  vieron angustias enfrentadas con las manos entrelazadas, vieron silencios y desconciertos.  
Se sintieron un poco desolados por el cambio de las imágenes, pero pensaron que el cansancio por el largo viaje estaba haciendo su efecto y decidieron irse a dormir.
Los sueños de esa noche serían memorables y los contarían a sus amigos durante años.
Ambos soñaron con la pasión dulce e intensa que se vivió en esa cama. Esa pasión que sólo es posible cuando dos personas se compenetran totalmente, cuando se entregan de tal manera que se convierten en una unidad, en un solo y único cuerpo. Fueron imágenes que ennoblecían el acto del amor, que lo convertía en una oda a la ternura, a la exaltación. Imágenes de miradas que presentían placer, deseo. Imágenes de acaricias, de besos, de desnudarse despacio, de respiraciones entrecortadas por quejidos, de olores, de sabores. Imágenes de cuerpos satisfechos, adormecidos en abrazos envolventes que al despertarse se iluminaban de felicidad.
Se despertaron con una sensación de bienestar y se contaron sus sueños eróticos que sorprendentemente coincidían hasta en los más mínimos detalles.
Pasearon por la ciudad, visitaron los lugares previstos y deseaban llegar al apartamento para ver si esa noche se repetía nuevamente la experiencia anterior. Pero esa noche las paredes estaban mudas, era como si las imágenes que aprisionaron durante algún tiempo se hubieran liberado.
Llegó el momento de irse y al entregar la llave ambos se dieron cuenta que el dueño era uno de los protagonistas de sus extrañas imágenes.
Le dieron la mano y se despidieron, cuando cruzaban el umbral de la puerta, ella se detuvo  y miró al hombre que se apoyaba en la puerta para despedirlos y le preguntó ¿hay alguna historia de amor encerrada en estas cuatro paredes? El con una sonrisa triste les respondió: “Si hay una bella y también triste historia de amor. En estas paredes un buen amor, un gran amor fue sacrificado, desechado. Un amor que hoy está encerrado,  confinado en dos corazones solitarios, esperando la muerte o la libertad”.
Bajaron tomados de la mano, no dijeron nada, solo pensaron en lo bueno que era estar juntos. 

lunes, 12 de marzo de 2018

Apariencia Develada 3

Grete Stern Sueños

Palabras, palabras, palabras y nada dicho, nada expresado. 
¿Cuántas veces las palabras dichas son sólo una simple sucesión? ¿Cuántas veces las palabras expresadas sólo son repeticiones mecánicas, aprendidas? Son tantas las veces en que las palabras son solo sonido mudo.
Se encontraron una tarde, en el momento justo en que el sol iniciaba su declive y teñía de rojo el cielo.Una mirada y una sonrisa intercambiada fue su primer vínculo, fue su primera conexión.
Inmediatamente después vinieron las palabras. Palabras llenas de lugares comunes, de cortesía social, de superficialidad. Palabras que ocultaban, más que revelaban, lo que cada uno era, lo que cada uno sentía.
En ese primer encuentro. Hablaron del tiempo, del paisaje, del lugar donde ambos habitaban... Emplearon  todas las palabras esperadas y socialmente convencionales.
Se bajaron  del autobús y cada uno tomó por su lado. Un breve "ciao"  los alejo sin llegar a conocerse.
No llegaron a imaginar en ese momento que la imagen del otro acompañaría a cada uno durante algún tiempo. Que la mirada y la sonrisa inicial, sería parte de su vida durante unas semanas. Que ambos se arrepentirían de no haber profundizado esa conversación inicial y que este arrepentimiento sería  acompañado de diálogos solitarios encerrados para siempre en las paredes de su imaginación.
Cuando se encontraron por segunda vez, se reconocieron entre la gente, se acercaron  y besaron como viejos amigos. La amistad había nacido no del breve encuentro inicial, Había nacido del recuerdo y las conversaciones que cada uno  ocuparon en la mente  del otro.
Esta vez no dejaron escapar la oportunidad del encuentro, se invitaron  un café y como poseídos, palabra tras palabra,  se contaron su vida, sus sueños. Transcurrieron horas sentados a la mesa,  al café lo sucedió una copa de vino,  a la copa de vino la sucedió la comida, a la comida otra copa de vino. Cuando el sol inició su declive y una luz naranja empezó a cubrir el cielo las palabras, palabras y palabras,  que salían a borbotones de sus labios,  habían contado toda su vida, todos sus sueños.
Las palabras, habían cumplido su función, les habían permitido entrar en la vida de cada uno. Pero algo quedaba pendiente, ninguna de las palabras dichas habían expresado lo que sentían, lo que habían sentido desde esa primera mirada y esa primera sonrisa.
Al despedirse las palabras que ambos deseaban pronunciar no llegaron a decirse. Sólo se despidieron con un "ciao" y un beso.
Él partía al día siguiente a su país y ella se quedaría en el lugar que ambos habían habitado por un tiempo.
Probablemente nunca volverían a hablar.
Llenaron, esa única tarde juntos,  de palabras, palabras, palabras y nunca dijeron lo que querían  decir, nunca expresaron lo que sentían, nunca pronunciaron las palabras que flotaban en el aire.
¿Cuántas veces las palabras dichas sólo cuenta lo esperado? ¿Cuántas veces las palabras expresadas no cuentan lo que realmente queremos decir? ¿Cuántas veces lo realmente auténtico es una palabra muda, es sólo silencio?


domingo, 11 de marzo de 2018

Apariencia Develada 2

Grete Stern serie Sueños
“¿Machista él?” Él no era machista, era un hombre respetuoso de las mujeres, de “¿dónde había sacado esa loca, esa idea descabellada?”
La llamo ofendido y le pidió que se reunieran para conversar sobre esa horrible acusación. Le costó convencerla, estaba realmente agraviada.
Se reunieron a las 3:00 pm, en la terraza de un café.
Cuando el expresó su malestar por el calificativo empleado, ella, simplemente, lo miró boquiabierta. Lo dejo hablar y hablar y después de escucharlo lo miro con condescendencia y empezó a enumerar todos los aspectos de su comportamiento y actitud que sin él, aparentemente, saberlo denotaban machismo.
Mirándolo fijamente y emitiendo un suspiro de cansancio inició su largo discurso:
“a. Para ti tus compañeras de trabajo o tus amigas cuando presentan una queja o se molestan siempre se debe a que están premenstruales o mal folladas. No a razones auténticas de descontento.
b. Los fines de semana que paso contigo, la que tiene que cocinar y organizar todo siempre soy yo.
c. Cuando te comento que un imbécil me dijo algo por la calle, lo ves como algo natural.
d. Hablas con tus amigos de las mujeres siempre en términos sexuales, buenas tetas, buen culo, buen cuerpo o lo contrario horribles tetas, horrible culo, horrible cuerpo.
e. Cuando tienes en la calle, ya sea a pie o en coche, cualquier incidente con una mujer el primer insulto que viene a tu mente es "puta"
f. Las mismas palabras que empleas cuando una mujer que conoces tiene una vida sexual con diversas parejas.
g. A tu sobrina le dices continuamente que las niñas no pueden hacer esto o aquello. Alegando que no es femenino, ni apropiado para una mujer, también le has regalado varias muñecas, sabiendo que se desvive por un microscopio, como el vio en la exposición del museo de ciencias.
h. Cuando tus amigos han tenido un hijo o hija das por sentado que la que tiene que cuidarlo o sacrificar su vida profesional es la madre.
i. Cuando comemos en familia, sólo las mujeres organizamos,  preparamos la comida, mientras los hombres se sientan esperado el llamado a la mesa
j. Tus amigos y tú cuando se reúnen siempre terminan contando chiste horribles y discriminatorios sobre mujeres. Chiste realmente ofensivos...
Puedo seguirte enumerando, pequeñas conductas que te definen como machista, pero no sé si vale la pena.”
Se quedó callado, todo lo que ella decía era cierto, pero el todavía no veía el machismo en nada de lo que había dicho.
Ella volvió a mirarlo fijamente y a emitir otro suspiro. Le pregunto: ¿todavía no ves el machismo en estas acciones?
El permanecía callado y ella siguió hablando.
“El machismo no es solo maltrato físico o psicológico o considerar inferior a la mujer abiertamente. El machismo está presente en actitudes internalizadas, en comportamientos sutiles, en comentarios tontos que denotan prejuicios y discriminación hacia nosotras, hacia nuestra condición de género. Lo que realmente queremos las mujeres es una igualdad real. Ser consideradas, simplemente,  seres humanos.”
Y diciendo esto llamó al camarero, pagó lo consumido y  se levantó.
Él la vio alejarse sin entender todavía a que se refería cuando le decía que era un machista, pero algo en su interior empezó a moverse, a cuestionarse... pero antes de levantarse pensó “las mujeres si son complicadas”


El micro machismo en el lenguaje, en la asignación de roles, en las conductas aprendidas es el más difícil de erradicar pues no se ve, no se considera peligroso, ni ofensivo pero es el que mantiene y perpetua las condiciones de discriminación

jueves, 8 de marzo de 2018

Apariencia Develada 1

Richard Tuschman foto "dormitorio rosado" inspirada en Hopper 
¿Se conoce a alguien verdaderamente?
Creo que no. Cada uno de nosotros tiene un lado oscuro y desconocido para los demás. Cada uno de nosotros tiene secretos ocultos que nunca confesará. Cada uno de nosotros nunca llega a decir lo que piensa realmente para evitar herir a los demás...
Además, pensó, como puedes conocer a alguien si ni siquiera te conoces a ti mismo? Si a veces te sorprendes de tus propios pensamientos y acciones.  Si hay cosas de ti que te ocultas, que evades. Si hay cosas de ti que desconoces.
Y con esta conclusión inició su día.
Ese día observó  a la gente con curiosidad, tratando de descifrar lo que ocultaban, lo no visible, lo no expresado.
Observó con el fin de descubrir los pequeños gestos, las miradas imperceptibles que denotaran algo diferente a la apariencia.
Se sentó en la mesa y observó a quien la rodeaba, mientras consumía su vermouth habitual, se fijó en la pareja que estaba  frente a ella desayunando, una pareja como muchas otras.
Una pareja de mediana edad que apenas conversaba. Cada uno miraba en direcciones diferentes, nunca se miraron a los ojos. Sólo estaban sentados juntos, pero no se acompañaban. De soslayo ella lo miraba muy de vez en vez, lo miraba con cansancio, casi con hartazgo. Él evitaba mirarla, intencionalmente su mirada omitía  su presencia. Veía a través de ella. Cuando ella trató de quitar un pedacito de comida de su boca, él impulso la cabeza hacia atrás, evitando el contacto físico. Se acercó a saludarlos otra pareja que pasaba y la actitud de ambos cambió. Empezaron a conversar animadamente y repartían sonrisas a granel. Cuando volvieron a quedar solos  la pareja observada retornó  a lo mismo, caras serías, miradas de soslayo, indiferencia y un silencio total que gritaba “ya no te quiero”. Ese ¡ya no te quiero! Silencioso, podía ser escuchado por cualquier buen observador, incluso por ellos mismo si se prestaran un poco de atención.
Un matrimonio acabado, pensó, una pareja que apenas se soporta. Ambos conscientes internamente del error que cometieron, ambos culpándose mutuamente de su fracaso.
Pagó el vermouth y miró a la pareja por última vez y sintió el desamor en el aire.

El desamor, esa total falta de amor, de afecto, de cariño que se manifiesta en desagrado, rechazo y, aún, repugnancia hacia el otro. El desamor compartido tal vez era lo que los mantenía unidos. El desamor cada mañana, el desamor en cada comida, el desamor en el cuarto, el desamor durmiendo con ellos en la cama. El desamor convertido en un hábito, convertido en la vida que compartían.

martes, 6 de marzo de 2018

Encuentro VI

Grete Stern Sueños
Caminaba tranquila, paseaba disfrutando del sol que calentaba su piel y del suave viento que acariciaba todo su cuerpo. Se sentía viva, feliz.
De pronto la tierra cedió y su pie se hundió, trato de sacarlo, pero cada vez se hundía más y más, hasta que todo su cuerpo se deslizó dentro del hueco.
Sintió un dolor intenso al chocar contra la tierra, se quedó tendida por un momento, sintiendo la humedad fría contra su mejilla. Grito pidiendo ayuda, pero nadie la escuchó. Grito, grito y grito pero el hueco estaba oculto y era profundo.
Los gritos cada vez más desesperados, la angustia en el estómago cada vez más intensa, los latidos del corazón cada vez más rápidos. La impotencia cada vez más desbordada. Pedía ayuda pero nadie acudió a su llamado. 
Pasaron minutos, quizás horas. pero el miedo no es un buen medidor del tiempo y tiende a eternizarlo. Después de algunos minutos, quizás horas, dejó de gritar y se acostó extendida, boca arriba contemplando la oscuridad en la que estaba sumergida. Ni un solo rayo de luz entraba en el hueco.
Sumida en la profundidad más oscura, cerró fuertemente los ojos y se dejó tragar por la noche que la envolvía. Permaneció sin moverse sintiendo que flotaba en una especie de hueco negro sin gravidez. Sólo sentía las lágrimas que bajaban desde sus ojos, recorrían su sien y se depositaban en su cabello. Como un goteo continuo e imparable que le recordaba que aún estaba viva.
Pensó "en este hueco vendrá la muerte y ni siquiera podré ver de quién serán  sus ojos".*
Se dejó estar, sin hacer nada, sin moverse, sin ni siquiera buscar una posible salida. Se dejó estar sin un pensamiento, sin un recuerdo, sin una sensación. Simplemente se entregó a la oscuridad.
Segundos antes de sumirse por entero en la negrura, y ser parte de ella para siempre, recorrió con su dedo sus labios y evocó cada beso dado. 
La encontraron demasiado tarde, tendida en el piso. Tumbada, apacible, como sumergida en un sueño,  con el dedo rozando suavemente su boca.

Ya nunca se sabrá a quien pertenecieron los ojos de la muerte.


*Verrà la morte e avrà i tuoi occhi
"questa morte che ci accompagna
dal mattino alla sera, insonne,
sorda, come un vecchio rimorso
o un vizio assurdo. I tuoi occhi
saranno una vana parola,
un grido taciuto, un silenzio.
Cosí li vedi ogni mattina
quando su te sola ti pieghi
nello specchio. O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla.
Per tutti la morte ha uno sguardo.
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Scenderemo nel gorgo muti."
Cesare Pavese

domingo, 4 de marzo de 2018

Encuentro V o Desencuentro I

Grete Stern Sueños

Despertar un día y no reconocer tu vida. Despertar un día y no encontrarte. Esa sensación de ser una desconocida, de no saber quién  era se fue apoderando de ella con cada amanecer. Fue algo paulatino y gradual. Casi imperceptible en un primer momento pero cada vez más real.
La mañana en cuestión abrió los ojos como cualquier otro día. La oscuridad no le impidió reconocer cuanto la rodeaba. El problema no era el espacio que la cobijaba, el espacio le era familiar, no entrañable, solo familiar. El problema era la persona que miraba y reconocía ese espacio. El problema era ella.
Volvió a cerrar los ojos y los apretó con fuerza, tratando de despertar de lo que pensó podía ser un sueño, una pesadilla. Esas pesadillas que son sueños dentro de sueños donde es imposible despertar.
Abrió nuevamente los ojos pero la sensación no desapareció.
¿Quién  era esa persona que miraba a través de ella? ¿Quién era esa persona que ahora se había adueñado de su percepción? ¿En qué momento dejó  de ser ella y se trasmutó en otra?
No reconocía ningún rasgo. Ninguna de las emociones que sentía. Ninguno de los sentimientos que la embargaban.
La desconocida se sentó en la cama, un miedo paralizante la invadía. No se atrevía a abrir la puerta y salir, no quería que los demás descubrieran lo que ella sabía. Era otra persona, una persona desconocida la que ese día había despertado en su cama, en su cuerpo, en su vida.
Con un máximo esfuerzo logró tener el valor suficiente, se aferró al pasamano y entreabrió la puerta. Salió, saludo, esperando ver un gesto de asombro, de sorpresa, pero para los demás nada había cambiado, solo ella sabía que la persona que caminaba, saludaba, hablaba no era ella. La vida transcurrió como todos los días, nadie sospecho que la desconocida no era ella misma.
Poco a poco, día a día la clandestina se fue adueñando de todo, los recuerdo de sí misma se fueron haciendo cada vez más lejanos, su vida conocida dejó de existir. Sus afectos, sus referentes se fueron borrando paulatinamente.
Pasaron los días, pasaron los meses, pasaron los años la desconocida se adueñó de todo, se la tragó, la consumió íntegramente.
Solo algún día al mirarse al espejo creía ver una chispa de reconocimiento de la desvanecida, algún atisbo de ella misma, en un gesto, una sonrisa, un fugaz recuerdo.
La desconocía había ganado, se había apropiado de su vida y ella  había sido desechada para siempre.
Un día sin saberlo acudió a su propio entierro, nadie la lloró, nadie sintió su pérdida. No hubo lágrimas, ni palabras de consuelo. Dejó de existir el día que al despertar identificó esta vida como la suya, reconoció los rasgos, las percepciones,los sentimientos como propios, el día que la que despertó era la única que existía. Ella ya no estaba, había sido abandonada en el extravío,  había quedado sepultada en el olvido.