![]() |
| Grete Stern Sueños |
Despertar un día y no reconocer tu vida. Despertar un día y no
encontrarte. Esa sensación de ser una desconocida, de no saber quién era se fue apoderando de ella con cada
amanecer. Fue algo paulatino y gradual. Casi imperceptible en un primer momento
pero cada vez más real.
La mañana en cuestión abrió los ojos como cualquier otro día. La
oscuridad no le impidió reconocer cuanto la rodeaba. El problema no era el
espacio que la cobijaba, el espacio le era familiar, no entrañable, solo
familiar. El problema era la persona que miraba y reconocía ese espacio. El
problema era ella.
Volvió a cerrar los ojos y los apretó con fuerza, tratando de
despertar de lo que pensó podía ser un sueño, una pesadilla. Esas pesadillas
que son sueños dentro de sueños donde es imposible despertar.
Abrió nuevamente los ojos pero la sensación no desapareció.
¿Quién era esa persona que
miraba a través de ella? ¿Quién era esa persona que ahora se había adueñado de
su percepción? ¿En qué momento dejó de ser
ella y se trasmutó en otra?
No reconocía ningún rasgo. Ninguna de las emociones que sentía.
Ninguno de los sentimientos que la embargaban.
La desconocida se sentó en la cama, un miedo paralizante la invadía.
No se atrevía a abrir la puerta y salir, no quería que los demás descubrieran
lo que ella sabía. Era otra persona, una persona desconocida la que ese día
había despertado en su cama, en su cuerpo, en su vida.
Con un máximo esfuerzo logró tener el valor suficiente, se aferró al
pasamano y entreabrió la puerta. Salió, saludo, esperando ver un gesto de
asombro, de sorpresa, pero para los demás nada había cambiado, solo ella sabía
que la persona que caminaba, saludaba, hablaba no era ella. La vida transcurrió
como todos los días, nadie sospecho que la desconocida no era ella misma.
Poco a poco, día a día la clandestina se fue adueñando de todo, los
recuerdo de sí misma se fueron haciendo cada vez más lejanos, su vida conocida dejó de
existir. Sus afectos, sus referentes se fueron borrando paulatinamente.
Pasaron los días, pasaron los meses, pasaron los años la desconocida
se adueñó de todo, se la tragó, la consumió íntegramente.
Solo algún día al mirarse al espejo creía ver una chispa de
reconocimiento de la desvanecida, algún atisbo de ella misma, en un gesto, una
sonrisa, un fugaz recuerdo.
La desconocía había ganado, se había apropiado de su vida y ella había sido desechada para siempre.
Un día sin saberlo acudió a su propio entierro, nadie la lloró, nadie
sintió su pérdida. No hubo lágrimas, ni palabras de consuelo. Dejó de existir
el día que al despertar identificó esta vida como la suya, reconoció los rasgos, las percepciones,los sentimientos como propios, el día que la que despertó era la única que existía. Ella ya no
estaba, había sido abandonada en el extravío, había quedado sepultada en el olvido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario