domingo, 4 de marzo de 2018

Encuentro V o Desencuentro I

Grete Stern Sueños

Despertar un día y no reconocer tu vida. Despertar un día y no encontrarte. Esa sensación de ser una desconocida, de no saber quién  era se fue apoderando de ella con cada amanecer. Fue algo paulatino y gradual. Casi imperceptible en un primer momento pero cada vez más real.
La mañana en cuestión abrió los ojos como cualquier otro día. La oscuridad no le impidió reconocer cuanto la rodeaba. El problema no era el espacio que la cobijaba, el espacio le era familiar, no entrañable, solo familiar. El problema era la persona que miraba y reconocía ese espacio. El problema era ella.
Volvió a cerrar los ojos y los apretó con fuerza, tratando de despertar de lo que pensó podía ser un sueño, una pesadilla. Esas pesadillas que son sueños dentro de sueños donde es imposible despertar.
Abrió nuevamente los ojos pero la sensación no desapareció.
¿Quién  era esa persona que miraba a través de ella? ¿Quién era esa persona que ahora se había adueñado de su percepción? ¿En qué momento dejó  de ser ella y se trasmutó en otra?
No reconocía ningún rasgo. Ninguna de las emociones que sentía. Ninguno de los sentimientos que la embargaban.
La desconocida se sentó en la cama, un miedo paralizante la invadía. No se atrevía a abrir la puerta y salir, no quería que los demás descubrieran lo que ella sabía. Era otra persona, una persona desconocida la que ese día había despertado en su cama, en su cuerpo, en su vida.
Con un máximo esfuerzo logró tener el valor suficiente, se aferró al pasamano y entreabrió la puerta. Salió, saludo, esperando ver un gesto de asombro, de sorpresa, pero para los demás nada había cambiado, solo ella sabía que la persona que caminaba, saludaba, hablaba no era ella. La vida transcurrió como todos los días, nadie sospecho que la desconocida no era ella misma.
Poco a poco, día a día la clandestina se fue adueñando de todo, los recuerdo de sí misma se fueron haciendo cada vez más lejanos, su vida conocida dejó de existir. Sus afectos, sus referentes se fueron borrando paulatinamente.
Pasaron los días, pasaron los meses, pasaron los años la desconocida se adueñó de todo, se la tragó, la consumió íntegramente.
Solo algún día al mirarse al espejo creía ver una chispa de reconocimiento de la desvanecida, algún atisbo de ella misma, en un gesto, una sonrisa, un fugaz recuerdo.
La desconocía había ganado, se había apropiado de su vida y ella  había sido desechada para siempre.
Un día sin saberlo acudió a su propio entierro, nadie la lloró, nadie sintió su pérdida. No hubo lágrimas, ni palabras de consuelo. Dejó de existir el día que al despertar identificó esta vida como la suya, reconoció los rasgos, las percepciones,los sentimientos como propios, el día que la que despertó era la única que existía. Ella ya no estaba, había sido abandonada en el extravío,  había quedado sepultada en el olvido. 

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