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| Grete Stern Sueños |
Quería desprenderse de todo y de todos, quería dejar atrás todo lo que
representaba un peso, un lastre.
Sus pasos, antes ligeros y seguros, se habían vuelto pesados y llenos
de dudas.
Sus días transcurrían en un devenir confuso. Sus noches en insomnio,
su imaginación vagaba por ideas, proyectos que nunca se concretarían.
Cada día igual al anterior, cada noche igual a la anterior, cada idea,
cada proyecto muerto antes de nacer.
Recordó un anuncio publicitario de su país cuyo slogan era 100%
actitud y se dio cuenta que en este momento su actitud estaba en 0%.
Se dejaba llevar, arrastrar por
su estado de ánimo. Justificaba su inercia en la pérdida de todas sus
seguridades, en la pérdida de sus grandes afectos, en la pérdida de la que fue
su vida. Una vida a la que no podría
volver. Una vida en un país que ya no existía.
Ahora, arrancada por la fuerza de las circunstancias, se encontraba
reiniciando su vida, ya sin fuerzas, sin entusiasmo, sin interés, sólo con
frustración, con una pérdida de fe en cualquier futuro, con incertidumbre.
Reiniciando una vida que nunca pensó reiniciar. Que siempre pensó en continuar
y concluir tranquilamente, sin grandes cambios.
Pensó en las miles de personas que como ella se habían visto obligadas
a cambiar de un día para otro. Pensó en todos aquellos que históricamente se
vieron impulsados por fuerzas externas a dejar todo. Pensó que en cualquier
lugar del mundo, en cualquier período histórico había y hubieron personas igual
a ella, viviendo las mismas realidades, sintiendo la misma desazón, teniendo
ese 0% de actitud.
¿Qué habían hecho esas personas para sentirse diferentes? ¿Lo
lograron? O solo siguieron viviendo en la inercia, dejándose a arrastrar hasta
que un día cualquiera llego la muerte, hasta que una mañana, una tarde, una
noche, una hora cualquiera la muerte, sencillamente, consumó una tarea que hacía tiempo había
iniciado.
¿Qué hacer para acabar, no con la situación irreversible, sino con la
sensación que desde hacía meses se había apoderado de ella?
Ideas múltiples y variopintas surgieron en su fértil imaginación.
"la loca de la casa", como llama sabiamente Rosa Montero a la
imaginación, no paraba, nunca quedó en blanco, siempre activa, siempre con
miles de ideas, lo que había cesado por completo era el impulso vital para
desarrollarlas.
Pensó mientras fumaba un cigarrillo, viendo el amanecer y escuchando
los gallos que lo anunciaban. "Empezaré a escribir un diario, un día a día.
Empezaré con un hoy, donde ni el ayer, ni el mañana tengan cabida. Donde el
presente, te guste o no, sea lo único
que tienes. Donde no estén permitidos ni los sueños, ni las ilusiones, ni los
recuerdos, ni las añoranzas. Con este día a día me organizaré, me impulsaré y
tal vez pueda remontar esta sensación. Un día a día donde sí me obligo a actuar
esté implícito un quizás..."

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