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| Alejandra Caballero joven pintora española que recuerda a Hopper |
Los años no sólo traen arrugas al rostro, kilos de más, cansancio o
dolores. Los años llevan aparejados, al menos para algunos, más precaución, mayor moderación menos impulsividad y sobre todo un sentido de aceptación de la vida, de tu vida
y de la vida de los demás.
Aceptas a los otros tal y como son, aceptas la realidad tal y como es.
Aceptas lo que eres y en este aceptar esta implícito cierto equilibrio, pues
sabes que hay luchas infructuosas que sólo dejan agotamiento, extenuación o
frustración.
Desde esa perspectiva, sabia para algunos, conservadora para otros, la
vida fluye tranquilamente, la vida pasa sin sobresaltos. No hay expectativas,
no esperas nada, pero tampoco dejas pasar oportunidades, pues sabes con certeza
que los años que te restan son menos de la mitad de los que ya sumas.
Ellos situados en esa vida contemplativa y reflexiva que trae los años
y la experiencia, se asombran de la intensidad, sobre todo sexual, que implicó
su encuentro inesperado. Una sexualidad tan plena y satisfactoria que tiñe cada
día de un placer enervante, de una sensualidad curiosa, de un erotismo excitante.
Como adolescentes se entregan sin freno a esta especie de orgia de sensaciones
que la vida les ofrece.
Pero a pesar de la desmesura sexual, no se precipitan, la experiencia
y la aceptación de la vida como un fluir constante, llena siempre de eventos
inesperados, los ha transformado en conocedores de la realidad, en conocedores
de la fragilidad de las emociones, en conocedores de la naturaleza humana, en
conocedores de la vulnerabilidad de las situaciones, en conocedores de la
incertidumbre de la vida.
Hoy juntos y disfrutando, sólo por momentos, de la mutua compañía viven
el ahora, sin pensar en el después, viven el día a día, sin pensar en los días
que vendrán. Viven en presente y sienten en presente. El futuro llegará quizás
los sorprenda juntos o quizás no. No importa el mañana, lo que importa es el hoy…
