| René Magritte |
“Cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada”
Charlie García “Los Dinosaurios”
Y un día sin proponértelo tu vida cambia.
Efectivamente mi vida cambió, de pronto me vi en un país lejano, sin
amigos de toda la vida, sin lugares conocidos, sin trabajo y con apenas dinero
suficiente para sobrevivir unos meses. Lo único constante que tenía en esos días
era la incertidumbre. Una sensación de desasosiego que se despertaba conmigo,
deambulaba conmigo y se acurrucaba a mis pies en las noches cuando un sueño,
nunca reparador, me invadía.
En esos tiempos de incertidumbre caminaba sobre puntos suspensivos. Caminaba extraviada, me sentía como esos niños
que por un momento pierden a sus padres en un espacio abierto lleno de gente y
empiezan a dar vueltas, buscando alrededor, con esa mirada que se va
transformando de la angustia al terror para terminar en un llanto desgarrador.
El porqué de este cambio de situación, no viene al caso. Hay personas
arrojadas de su vida cada minuto, cada segundo. Hay personas que se ven
obligadas cada día a exiliarse de su vida, de lo conocido y que, sencillamente,
se ven impelidos por circunstancias externas o decisiones personales a cerrar
una puerta y echar a andar.
Las personas que hemos sentido el vivir en incertidumbre podrán entender
lo que se siente en esos momentos. Esa sensación de estar y no estar, de ser y no
ser, de existir y no existir. Ese Hamlet interno enloquecido con preguntas sin
respuestas, ese deseo de convertirte en una Ofelia que sucumbe e impúdica se
entrega a la muerte. No hay respuestas razonables a las preguntas que te haces,
no hay línea divisoria entre estar vivo o muerto. Sabes en lo más profundo de
tu ser que no habrá retorno, que esa vida que dejas o que te obligan a
abandonar nunca más volverá a ser la misma.
Vivir en duelo, constante, perpetuo. Vivir aferrado a los pequeños
recuerdos, canciones, comidas, vivencias, sensaciones, olores, sabores. Vivir aferrando
pasados que nunca, y lo sabes, volverán. Nunca, nunca las aguas del rio serán las
mismas donde te bañaste, nunca las paredes que te cobijaron serán las mismas
cuando retornes al hogar, nunca los recuerdos añorados, atesorados en la
memoria serán los que encuentres al regresar. Pero, además, nunca, nunca jamás ese
que salió impelido, arrojado, fuera de su vida será otra vez el del ayer.
El intervalo de vacío, miedo e incertidumbre te hizo otro, te
transformo, cambio tú piel. Sigues siendo
tú pero eres otro. Estás pero ya no formas parte de. Existes como unidad, pero
sientes tu fractura en miles de pedazos imposibles de volver a ensamblar. Te desdibujaste
para siempre, te tornaste difuso, mal acabado. Solo sutiles líneas delimitan tu
vida y tu ser.
La incertidumbre no es un momento, no es un periodo, cuando llega a tu vida se instala
definitivamente y nunca, nunca volverás a ser el mismo. Nunca, nunca podras
unir los fragmentos de tu vida.