| Richard Tuschman foto "dormitorio rosado" inspirada en Hopper |
¿Se conoce a alguien verdaderamente?
Creo que no. Cada uno de nosotros tiene un lado oscuro y desconocido
para los demás. Cada uno de nosotros tiene secretos ocultos que nunca
confesará. Cada uno de nosotros nunca llega a decir lo que piensa realmente
para evitar herir a los demás...
Además, pensó, como puedes conocer a alguien si ni siquiera te conoces
a ti mismo? Si a veces te sorprendes de tus propios pensamientos y
acciones. Si hay cosas de ti que te
ocultas, que evades. Si hay cosas de ti que desconoces.
Y con esta conclusión inició su día.
Ese día observó a la gente con
curiosidad, tratando de descifrar lo que ocultaban, lo no visible, lo no
expresado.
Observó con el fin de descubrir los pequeños gestos, las miradas
imperceptibles que denotaran algo diferente a la apariencia.
Se sentó en la mesa y observó a quien la rodeaba, mientras consumía su
vermouth habitual, se fijó en la pareja que estaba frente a ella desayunando, una pareja como muchas otras.
Una pareja de mediana edad que apenas conversaba. Cada uno miraba en
direcciones diferentes, nunca se miraron a los ojos. Sólo estaban sentados
juntos, pero no se acompañaban. De soslayo ella lo miraba muy de vez en vez, lo
miraba con cansancio, casi con hartazgo. Él evitaba mirarla, intencionalmente
su mirada omitía su presencia. Veía a
través de ella. Cuando ella trató de quitar un pedacito de comida de su boca,
él impulso la cabeza hacia atrás, evitando el contacto físico. Se acercó a
saludarlos otra pareja que pasaba y la actitud de ambos cambió. Empezaron a
conversar animadamente y repartían sonrisas a granel. Cuando volvieron a quedar
solos la pareja observada retornó a lo mismo, caras serías, miradas de soslayo,
indiferencia y un silencio total que gritaba “ya no te quiero”. Ese ¡ya no te
quiero! Silencioso, podía ser escuchado por cualquier buen observador, incluso
por ellos mismo si se prestaran un poco de atención.
Un matrimonio acabado, pensó, una pareja que apenas se soporta. Ambos
conscientes internamente del error que cometieron, ambos culpándose mutuamente
de su fracaso.
Pagó el vermouth y miró a la pareja por última vez y sintió el desamor
en el aire.
El desamor, esa total falta de amor, de afecto, de cariño que se
manifiesta en desagrado, rechazo y, aún, repugnancia hacia el otro. El desamor
compartido tal vez era lo que los mantenía unidos. El desamor cada mañana, el
desamor en cada comida, el desamor en el cuarto, el desamor durmiendo con ellos
en la cama. El desamor convertido en un hábito, convertido en la vida que compartían.
No hay comentarios:
Publicar un comentario