sábado, 17 de marzo de 2018

Migración Forzada día 1

Grete Stern Sueños

Inicio su día a día con la misma sensación de todos los días. Con su 0% de actitud empezó a pensar en qué  haría, para iniciar el proceso de sanación emocional, que intuía largo y con frecuentes recaídas, un proceso necesario y difícil que debía afrontar para recuperar algo de su equilibrio extraviado.
Lo primero que decidió intentar fue tratar de dejar de pensar que ella era lo que siempre había sido. Romper la continuidad que todavía sentía entre la ella pasada y la ella presente.
Se concentró en lo que había sido. Inició este recorrido desde sus recuerdos más antiguos. Desde esos recuerdos que siempre  permanecen en la memoria.
Se sorprendió como de su larga vida, de cada hora transcurrida, sólo afloraban pequeños fragmentos, algunos tan intensos que llegó a sentir olores, sabores, estados de ánimo.
Frente a frente con algunas de estas evocaciones en su rostro se dibujaron sonrisas, en sus ojos aparecieron lágrimas, en su cuerpo un corazón que latía presuroso. Después de este ejercicio intelectual y emocional se sintió exhausta, tan agotada que su cuerpo no sentía fuerzas para levantarse de la cama, pero al mismo tiempo se sintió anímicamente mejor.
Este ejercicio exhaustivo de su vida la había ayudado a darse cuenta que ella era la suma de todas sus experiencias pasadas, que ella vivía, sentía, percibía las cosas de cierta manera porque había vivido lo que había vivido. No podía renunciar a lo vivido, a lo que era, renunciar a eso era como morir, como desaparecer.
"Más que borrar el pasado, lo que tengo que hacer es integrarlo al presente. Verlo como una fuente de inspiración, de estímulo para afrontar lo que estoy viviendo". No podía, como había pensado inicialmente separar el pasado del presente. Si hacía eso sería una desconocida, alguien que no sabía quién era y lo que era le gustaba, siempre se sintió bien con ella misma, siempre se había amado como era, sabía que tenía defectos, pero en conjunto siempre se sintió orgullosa de sí misma, de su forma de ser, de actuar, de vivir.
Lo que era ella no había cambiado, seguía siendo la misma de siempre. Lo que había cambiado era su entorno, su locación como dirían los amantes del cine.
Algo revelador asomó en ese momento, algo que podría significar un cambio de rumbo en la percepción de su día a día y que se reveló de pronto como una verdad absoluta. Podía ser una tontería, algo que quizás todos veían, pero que ella, dentro del agobio por el cambio abrupto y de la frustración por lo perdido, no se había dado cuenta.
Ella era su vida, ella seguía siendo la misma, ella no había cambiado, de ella no se había perdido nada. Había cambiado solo de locación. Lo que no era continuo eran los lugares, eran las experiencias, eran los cambios externos que te podían sorprender, doler, ser más agradables o menos agradables… Pero ella era una continuidad, no estática, ni inmutable, una continuidad en su esencia. Su identidad,  formada con sus conductas, sus habilidades, sus creencias y su historia, se mantenía ilesa. El sentido de sí misma y del mundo, su dimensión auto referencial estaba intacta, ella era una continuidad coherente, ella poseía un sentido claro y preciso de su propia identidad y mientras esto fuera así, seguiría siendo la  protagonista  de su vida, sin importa la escenografía, ni el entorno que la rodeará.
Y en ese momento una frase suelta  llego sorpresivamente a su mente “Sólo hay una pequeña parte del universo que podrás conservar y mejorar hasta el momento que mueras, esa ínfima parte eres tú y podrás habitar otro país, vivir otras circunstancias, sentir que tienes otra vida, aun cuando la vejes te alcance pensar, talvez, que moras otro cuerpo,  pero siempre tendrás la certeza de ser tu misma”



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