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| Grete Stern Sueños |
Inicio su día a día con la misma sensación de todos los días. Con su
0% de actitud empezó a pensar en qué
haría, para iniciar el proceso de sanación emocional, que intuía largo y
con frecuentes recaídas, un proceso necesario y difícil que debía afrontar para
recuperar algo de su equilibrio extraviado.
Lo primero que decidió intentar fue tratar de dejar de pensar que ella
era lo que siempre había sido. Romper la continuidad que todavía sentía entre
la ella pasada y la ella presente.
Se concentró en lo que había sido. Inició este recorrido desde sus
recuerdos más antiguos. Desde esos recuerdos que siempre permanecen en la memoria.
Se sorprendió como de su larga vida, de cada hora transcurrida, sólo
afloraban pequeños fragmentos, algunos tan intensos que llegó a sentir olores,
sabores, estados de ánimo.
Frente a frente con algunas de estas evocaciones en su rostro se
dibujaron sonrisas, en sus ojos aparecieron lágrimas, en su cuerpo un corazón
que latía presuroso. Después de este ejercicio intelectual y emocional se
sintió exhausta, tan agotada que su cuerpo no sentía fuerzas para levantarse de
la cama, pero al mismo tiempo se sintió anímicamente mejor.
Este ejercicio exhaustivo de su vida la había ayudado a darse cuenta
que ella era la suma de todas sus experiencias pasadas, que ella vivía, sentía,
percibía las cosas de cierta manera porque había vivido lo que había vivido. No
podía renunciar a lo vivido, a lo que era, renunciar a eso era como morir, como
desaparecer.
"Más que borrar el pasado, lo que tengo que hacer es integrarlo
al presente. Verlo como una fuente de inspiración, de estímulo para afrontar lo
que estoy viviendo". No podía, como había pensado inicialmente separar el
pasado del presente. Si hacía eso sería una desconocida, alguien que no sabía
quién era y lo que era le gustaba, siempre se sintió bien con ella misma,
siempre se había amado como era, sabía que tenía defectos, pero en conjunto
siempre se sintió orgullosa de sí misma, de su forma de ser, de actuar, de
vivir.
Lo que era ella no había cambiado, seguía siendo la misma de siempre.
Lo que había cambiado era su entorno, su locación como dirían los amantes del
cine.
Algo revelador asomó en ese momento, algo que podría significar un
cambio de rumbo en la percepción de su día a día y que se reveló de pronto como
una verdad absoluta. Podía ser una tontería, algo que quizás todos veían, pero
que ella, dentro del agobio por el cambio abrupto y de la frustración por lo
perdido, no se había dado cuenta.
Ella era su vida, ella seguía siendo la misma, ella no había cambiado,
de ella no se había perdido nada. Había cambiado solo de locación. Lo que no
era continuo eran los lugares, eran las experiencias, eran los cambios externos
que te podían sorprender, doler, ser más agradables o menos agradables… Pero
ella era una continuidad, no estática, ni inmutable, una continuidad en su esencia.
Su identidad, formada con sus conductas,
sus habilidades, sus creencias y su historia, se mantenía ilesa. El sentido de sí
misma y del mundo, su dimensión auto referencial estaba intacta, ella era una
continuidad coherente, ella poseía un sentido claro y preciso de su propia
identidad y mientras esto fuera así, seguiría siendo la protagonista de su vida, sin importa la escenografía, ni el
entorno que la rodeará.
Y en ese momento una frase suelta llego sorpresivamente a su mente “Sólo hay una
pequeña parte del universo que podrás conservar y mejorar hasta el momento que
mueras, esa ínfima parte eres tú y podrás habitar otro país, vivir otras
circunstancias, sentir que tienes otra vida, aun cuando la vejes te alcance
pensar, talvez, que moras otro cuerpo, pero
siempre tendrás la certeza de ser tu misma”

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