martes, 6 de marzo de 2018

Encuentro VI

Grete Stern Sueños
Caminaba tranquila, paseaba disfrutando del sol que calentaba su piel y del suave viento que acariciaba todo su cuerpo. Se sentía viva, feliz.
De pronto la tierra cedió y su pie se hundió, trato de sacarlo, pero cada vez se hundía más y más, hasta que todo su cuerpo se deslizó dentro del hueco.
Sintió un dolor intenso al chocar contra la tierra, se quedó tendida por un momento, sintiendo la humedad fría contra su mejilla. Grito pidiendo ayuda, pero nadie la escuchó. Grito, grito y grito pero el hueco estaba oculto y era profundo.
Los gritos cada vez más desesperados, la angustia en el estómago cada vez más intensa, los latidos del corazón cada vez más rápidos. La impotencia cada vez más desbordada. Pedía ayuda pero nadie acudió a su llamado. 
Pasaron minutos, quizás horas. pero el miedo no es un buen medidor del tiempo y tiende a eternizarlo. Después de algunos minutos, quizás horas, dejó de gritar y se acostó extendida, boca arriba contemplando la oscuridad en la que estaba sumergida. Ni un solo rayo de luz entraba en el hueco.
Sumida en la profundidad más oscura, cerró fuertemente los ojos y se dejó tragar por la noche que la envolvía. Permaneció sin moverse sintiendo que flotaba en una especie de hueco negro sin gravidez. Sólo sentía las lágrimas que bajaban desde sus ojos, recorrían su sien y se depositaban en su cabello. Como un goteo continuo e imparable que le recordaba que aún estaba viva.
Pensó "en este hueco vendrá la muerte y ni siquiera podré ver de quién serán  sus ojos".*
Se dejó estar, sin hacer nada, sin moverse, sin ni siquiera buscar una posible salida. Se dejó estar sin un pensamiento, sin un recuerdo, sin una sensación. Simplemente se entregó a la oscuridad.
Segundos antes de sumirse por entero en la negrura, y ser parte de ella para siempre, recorrió con su dedo sus labios y evocó cada beso dado. 
La encontraron demasiado tarde, tendida en el piso. Tumbada, apacible, como sumergida en un sueño,  con el dedo rozando suavemente su boca.

Ya nunca se sabrá a quien pertenecieron los ojos de la muerte.


*Verrà la morte e avrà i tuoi occhi
"questa morte che ci accompagna
dal mattino alla sera, insonne,
sorda, come un vecchio rimorso
o un vizio assurdo. I tuoi occhi
saranno una vana parola,
un grido taciuto, un silenzio.
Cosí li vedi ogni mattina
quando su te sola ti pieghi
nello specchio. O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla.
Per tutti la morte ha uno sguardo.
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Scenderemo nel gorgo muti."
Cesare Pavese

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