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| Grete Stern Sueños |
Se tumbó nuevamente en su cama, hoy el día amenazaba con
precipitaciones dispersas e incontenibles en sus ojos. Hoy la sombra negra, tan familiar en los ultimos meses, volvía cubrir el cielo de su existencia.
En otro momento, en otro espacio, en otra situación se habría quedado
acurrucada todo el día en la cama, abrazando sus rodillas, con los ojos cerrados y retrotrayéndose
a esa posición inicial y confortable a
la que en los malos momentos siempre queremos regresar. Apretó los ojos y se sintió encerrada en las paredes cóncavas de una botella donde la salida era tan estrecha que nunca podría escapar, ¿quedaría, acaso, atrapada para siempre entre la oquedad en la que estaba sumergida y la posibilidad de una nueva vida?
Pero hoy tenía pautadas tantas cosas que el deseo de permanecer sumergida se vio anulado por
la necesidad. En los últimos meses era una constante que sus deseo siempre
fueran desechados, sus deseos pasaron a ser un ejercicio infructuoso de su
imaginación.
Se paró con gran esfuerzo, se bañó
con el agua tan caliente que un vaho nebuloso invadió el cuarto de baño, al
final la ducha de agua fría despejó el ambiente y también el adormecimiento de
sus músculos.
Se vistió pausadamente, se maquilló con cuidado, tomó la cartera, la
carpeta con sus papeles y salió a la calle.
Un viento helado despeinó su corto cabello, inmediatamente subió el cierre de su abrigo
para protegerse y sujeto la carpeta con fuerza. La carpeta en la que coincidía
su vida pasada y su vida actual. La carpeta que contenía una carta de
presentación resaltando sus cualidades personales y profesionales. Un currículo
con los logros y títulos alcanzados en su país y otro currículo escueto donde
en unas líneas se esbozaban sus aspiraciones laborales y la formación que
actualmente cursaba.
Al llegar a la zona comercial y antes de entrar en la tienda practicó
con su reflejo en la vidriera una sonrisa.
Entró con seguridad y habló con la encargada, ofreció sus servicios y
después de un "no necesito a nadie por el momento" salió de la tienda y se alejó.
Durante toda la mañana se repitió la misma escena. Sonrisa en el
reflejo, breve conversación y un no como respuesta. Después de 5 tiendas,
minutos de charla y entrega de papeles la pantalla del móvil le anuncio la llegada
del mediodía.
Regresó a la casa con pasos cansados, comió algo y volvió a hacer el
camino ya andado, ahora en dirección al
curso que había iniciado y que al menos le permitía compartir con gente
agradable en su misma situación. Un curso de formación profesional convertido, por las situaciones compartidas y similares de sus miembros, en casi un grupo de apoyo. Al salir la esperaba el taller de literatura
en él que se había inscrito y que le daba un poco de alegría a su insatisfecha vida.
Llegó en la noche a su casa, como cada día, con frustración pero
también pensando que lo había intentado y que quizás en el futuro el intento se
convertiría en un trabajo concreto.
Después de comer se cepilló la boca pero el sabor a fracaso no desapareció,
se acostó con las rodillas abrazadas, de sus ojos cerrados brotaron dos gotas
enormes, que dejaron dos círculos húmedos en las sábanas.
El pronóstico había fallado sólo hubo una breve y moderada
precipitación. Se abrazó con más fuerza y se quedó dormida acurrucada en su
abrazo.

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