viernes, 23 de marzo de 2018

Migración Forzada: el dia a dia


Grete Stern Sueños

Se tumbó nuevamente en su cama, hoy el día amenazaba con precipitaciones dispersas e incontenibles en sus ojos. Hoy la sombra negra, tan familiar en los ultimos meses, volvía  cubrir el cielo de su existencia.
En otro momento, en otro espacio, en otra situación se habría quedado acurrucada todo el día en la cama, abrazando sus rodillas,  con los ojos cerrados y retrotrayéndose a  esa posición inicial y confortable a la que en los malos momentos siempre queremos regresar. Apretó los ojos y se sintió encerrada en las paredes cóncavas de una botella donde la salida era tan estrecha que nunca podría escapar, ¿quedaría, acaso, atrapada para siempre entre la oquedad en la que estaba sumergida y la posibilidad de una nueva vida? 
Pero hoy tenía pautadas tantas cosas que el deseo de permanecer sumergida se vio anulado por la necesidad. En los últimos meses era una constante que sus deseo siempre fueran desechados, sus deseos pasaron a ser un ejercicio infructuoso de su imaginación.
Se paró  con gran esfuerzo, se bañó con el agua tan caliente que un vaho nebuloso invadió el cuarto de baño, al final la ducha de agua fría despejó el ambiente y también el adormecimiento de sus músculos.
Se vistió pausadamente, se maquilló con cuidado, tomó la cartera, la carpeta con sus papeles y salió a la calle.
Un viento helado despeinó su corto cabello,  inmediatamente subió el cierre de su abrigo para protegerse y sujeto la carpeta con fuerza. La carpeta en la que coincidía su vida pasada y su vida actual. La carpeta que contenía una carta de presentación resaltando sus cualidades personales y profesionales. Un currículo con los logros y títulos alcanzados en su país y otro currículo escueto donde en unas líneas se esbozaban sus aspiraciones laborales y la formación que actualmente cursaba.
Al llegar a la zona comercial y antes de entrar en la tienda practicó con su reflejo en la vidriera una sonrisa.
Entró con seguridad y habló con la encargada, ofreció sus servicios y después de un "no necesito a nadie por el momento"  salió de la tienda y se alejó.
Durante toda la mañana se repitió la misma escena. Sonrisa en el reflejo, breve conversación y un no como respuesta. Después de 5 tiendas, minutos de charla y entrega de papeles la pantalla del móvil le anuncio la llegada del mediodía.
Regresó a la casa con pasos cansados, comió algo y volvió a hacer el camino ya andado, ahora en dirección  al curso que había iniciado y que al menos le permitía compartir con gente agradable en su misma situación. Un curso de formación profesional convertido, por las situaciones compartidas y similares de sus miembros, en casi un grupo de apoyo. Al salir la esperaba el taller de literatura en él que se había inscrito y que le daba un poco de alegría a su  insatisfecha vida.
Llegó en la noche a su casa, como cada día, con frustración pero también pensando que lo había intentado y que quizás en el futuro el intento se convertiría en un trabajo concreto.
Después de comer se cepilló la boca pero el sabor a fracaso no desapareció, se acostó con las rodillas abrazadas, de sus ojos cerrados brotaron dos gotas enormes, que dejaron dos círculos húmedos en las sábanas.  
El pronóstico había fallado sólo hubo una breve y moderada precipitación. Se abrazó con más fuerza y se quedó dormida acurrucada en su abrazo.

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