miércoles, 20 de diciembre de 2017

Caminos de esperanza


foto del diario el país. venezolanos cruzando la frontera 
Decidido sin futuro, sin dinero, ni pasaporte no podía pasar la frontera legalmente, su única opción  era pasarla  caminando. Los caminos verdes siempre se habían utilizado para el contrabando con Colombia. En  san Cristóbal  todos los conocían. No se iba solo, un grupo de muchachos del barrio, amigos de siempre lo acompañarían, querían probar suerte en el país vecino.
Se fueron a media noche, caminaron por  calles desiertas, entre casas cerradas, en silencio, mirando siempre hacia atrás como si algo los persiguiera.
Llegaron a la frontera en la madrugada, escondidos entre la maleza en cuclillas avistaron el puesto de vigilancia, no había luz, no había guardias. Esperaron un momento observaron nuevamente no se veía nada.
Se levantaron lentamente, se sentían exhaustos, hambrientos y empezaron a caminar en silencio, escondiéndose entre los matorrales. Escucharon unas voces lejanas se tiraron al piso, sobresaltados, asustados, sus cuerpos temblando, sus ojos cerrados con fuerza, sus labios apretados. Permanecieron en el piso un largo rato, si moverse, paralizados de miedo, las voces se fueron alejando hasta desvanecerse por completo.
Iniciaron nuevamente la marcha con la luz del sol brillando sobre sus cabezas, sucios de tierra, hambrientos, sedientos, exhaustos.
Sus caras infantiles se emocionaron al distinguir más adelante una  calle asfaltada, caminaron al borde de ella, no se atrevían a hablar, oyeron el ruido de un motor, de un carro que se aproximaba, al pasarlos todos sus ojos se dirigieron a la placa y una luz de esperanza ilumino sus ojos al comprobar que era colombiana.
Caminaron un poco más hasta llegar a un centro poblado. La gente los miraba al pasar, su aspecto lamentable llamaba la atención. Se pararon frente a un puesto callejero de arepas, contemplando la comida con un hambre de siempre. La vendedora los miró y con una leve sonrisa les pregunto si eran venezolanos, ellos asintieron. La mujer conmovida le dio un refresco y una arepa a cada uno, la comieron con avidez, sin saborearla, atragantándose. Le dieron las gracias con lágrimas en los ojos y siguieron caminando.
Encontraron un pequeño parque, con árboles y bancos. Seguían sin hablar. El miedo les había robado la voz.  Se acostaron a la sombra, contemplando el cielo y las ramas que se mecían con un suave viento. Un suave viento que traía aires de futuro y con el sabor del porvenir en la boca se quedaron dormidos.


lunes, 18 de diciembre de 2017

Triste navidad



foto del venezolano news

Recordó las navidades de antes, cuando el barrio se llenaba de alegría con la llegada de diciembre, cuando de cada casa salía música de gaita, olor a hallacas y a cerveza polar, cuando los niños alborozados se mostraban en las calles el regalo que había traído el niño Jesús, cuando no faltaba un pan de jamón, un dulcito de lechosa y un trozo de pernil  en casi ninguna mesa…
Siempre había sido pobre, siempre había vivido en el barrio, siempre había vivido en un rancho siempre había trabajado como señora de servicio y nunca había tenido tan poco o tan nada como tenía hoy.
Era 24 de diciembre y del aguinaldo que le habían pagado no le quedaba nada, se lo había gastado en dos kilos de harina, dos kilos de arroz y un cartón de huevos. Sonrió con tristeza, con total desesperanza.
Un sabor de hallacas le llego a su boca y recordó cuando toda la familia se reunía para prepararlas, la alegría de todos, la emoción de todos al compartir ese momento de auténtica tradición. Todos participaban hasta los niños con sus pequeñas manitos colocaban las pasas, las alcaparras.
Hoy en los platos solo habría un poco de arroz blanco, una arepa y un revoltillo de huevo. Un plato blanco y deslucido. Un plato triste y sin color. Un plato como el de todos los días, bueno, como todos los dias no, como los dias que tenían  suerte de conseguir comida.
Se asomó a la calle en las puertas de los ranchos, donde antes había hombres y mujeres sentados al lado de una gavera de cerveza, hablando y riendo, ahora  había personas taciturnas, casi dolientes, la navidad se había convertido en un funeral donde se estaban enterrado todas las pocas alegrías que antes disfrutaban. 
Una vecina se acercó, una vecina flaca, macilenta y le dijo que iban a repartir la bolsa del clap, pero ella ya no tenía dinero para comprarla. Ella estaba limpia, sin un centavo en la cartera.
Cómo les explicaría a los niños pequeños que este año el niño Jesús no traería nada, que el niño Jesús también los había abandonado. Los niños cada vez más menguados por el hambre,  los niños cada vez más tristes por el hambre, los niños cada vez con menos futuro y sin ninguna navidad.
Entro a la casa, el televisor prendido sin nadie frente a él, había una de las cadenas diarias, ya ni televisión podían ver, ya ni radio podían oír. Siempre, a cualquier hora,  interrumpía la programación para  hablar de lo mismo de revolución, de imperio, de guerra económica… ya no había espectadores, hablaba para fantasmas. Al acercarse para apagarlo solo oyó  ‟ feliz navidad al pueblo revolú…“
¿Feliz navidad? Y sintió  que se estaban burlando de ella.  ¿Feliz navidad? Repetía una y otra vez. Se acercó a la cocina  a preparar arroz blanco,  arepas y  revoltillo de huevo. Un plato blanco para esta navidad triste y sin color. un suspiro de añoranza salio de su boca mientras pensaba !Que navidades aquellas!   

sábado, 16 de diciembre de 2017

27 dias esperando la muerte

foto de talcual 

Se mueve inquieto, por momentos se retuerce de dolor, apenas gritos quedos salen de su boca. Cada día más débil, cada día más flaco, cada día  peor.
Su hijo lleva 27 días en el hospital, lo atropello un carro que se dio a la fuga, que lo dejo tirado en medio de la calle con su pierna partida y su vida deshecha.
27 días en un hospital  donde no hay nada, ni camas, ni medicina, ni comida. 27 días consumiendo su vida.
Los médicos no pueden hacer nada,  solo le entregan récipes con medicinas para un tratamiento salvador que solo es imaginario.
Los médicos le dicen que si encuentra el tratamiento recomendado hay esperanzas. Que si encuentra el tratamiento recomendado no le cortaran la pierna. Que si encuentra el tratamiento recomendado podrán salvarle la vida.
Ella se lanza  descorazonada en una búsqueda infructuosa, hace  colas en cada farmacia  para preguntar por medicinas que sabe de antemano que no están, pregunta a los conocidos y también  a los desconocidos que deambulan como ella por cada farmacia.
Mientras busca arrastra sus pies cansados, sus piernas varicosas, su cuerpo flaco y exangüe.
Cada día llega a visitarlo en el inútil y desvencijado hospital con las manos vacías. Al entrar siente el fuerte olor a muerte que emana de su hijo.   Él apenas abre los ojos para mirarla, ha dejado de pensar, solo siente el dolor intenso en la pierna inmóvil y putrefacta.  Se acerca a él con una sonrisa triste y para ocultarle sus lágrimas observa con sus ojos nublados a los otros enfermos que comparten ese espacio indefinido en el que se encuentran.
Desde que llegaron, hace 27 días, no hay habitaciones. El hospital esta abarrotado de todas las edades posibles, de todas las enfermedades posibles, de todas  las miserias posibles. Los que se han ido no han sido dados de alta, simplemente han muerto. Los médicos además de entregar récipes con tratamientos imaginados y probablemente acertados, entregan actas de defunción. Los hospitales se han convertido en preámbulos de la muerte y los médicos en Carontes destinados a hacer el trámite legal entre la vida y la muerte.
Al día siguiente consigue que una señora para la que trabajó le envié las medicinas desde el exterior, llega emocionada arrastrando sus pies cansados, sus piernas varicosas, su cuerpo flaco y exangüe. Al llegar a la sala indeterminada no siente el olor familiar y la cama de su hijo esta ocupada por un niño que llora y grita. Busca alguna enfermera,  algún doctor a cualquiera que le diga que paso, pero en la sala solo hay enfermos, viejos, adultos, jóvenes, niños, quejándose, gritando, llorando en silencio o a viva voz, enfermos adoloridos, tristes, macilentos, enfermos de muerte. 
Sale al pasillo, ve una enfermera de ropa percudida y ajada,  se acerca a ella, no puede lograr que la pregunta salga de su boca, la enfermera la mira y lo único que hace es asentir.



viernes, 15 de diciembre de 2017

Desesperación

Se levantó de la cama destartalada, arrastro los pies hasta el fogón que hacía las veces de cocina, miró a su alrededor y no encontró nada que llevarse a la boca, ayer habían consumido la poca harina que les quedaba. Pensó que llevaban meses acostándose con hambre y despertándose con hambre, comiendo lo poco que se conseguía a precios impagables.
Era una mujer joven pero representaba el doble de su edad, su piel colgaba un poco por el cuerpo, como si se hubiera vestido con una piel dos tallas mayor. Se entreveían casi todos los huesos, su rostro era casi una máscara mortuoria, enmarcada por un pelo quebradizo y opaco, sus ojos habían perdido totalmente el brillo y la sonrisa había huido de su rostro.
Por su rostro bajaron dos lagrimones, densos, pesados, como gotas de lluvia. Cada mañana al despertarse y contemplar a su hijo todavía dormido ocurría lo mismo, lo imaginaba  soñando con la comida que al despertar nunca se llevaría a la boca.  Lo miro con ojos preocupados cada día se consumía un poco más.
Salió a la calle, con su paso cansado, su bata ancha, su piel caída  y su rostro triste, camino hasta la esquina y empezó a  hurgar en la basura, no encontraba nada, la gente  no botaba nada. Nada, nada, nada, repetía mientras sus manos pringosas se perdían en la basura. Cada vez  más desesperada buscaba con impotencia pero no encontró nada.  Regreso a su casa, con su paso cansado, su bata ancha, su piel caída, su rostro triste y sus manos sucias,  el niño seguía dormido, se sentó en la cama a contemplarlo. Los lagrimones salían a borbotones, para impedir que sus sollozos despertaran al niño los ahogaba apretando las manos embadurnadas  en su boca con fuerza.
Hambre y desesperación era lo único que sentía, hambre y desesperación era lo único que tenía. En hambre y desesperación se habían convertido sus días.
De pronto dejo de llorar, con los ojos cuajados de lágrimas  miro al niño,  observaba su piel reseca y ceniza, su pelo marchito, su aspecto de saquito de huesos, pensando  que solo  futuro de hambre y desesperación le esperaba. Decidida se levantó, con determinación tomo su almohada  y lentamente se acercó a su hijo.

   

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Hoy desde la distancia pero no de la lejanía...



Hoy hace 10 dias que partí de Florencia, hoy hace 10 dias que el corazón no me habita, él decidió  quedarse en una casita de la toscana para acompañar a un hombre confundido y a una perrita hambrienta. Hoy desde la distancia pero no de la lejanía recuerdo con tristeza  lo perdido y con inmensa alegría lo vivido.
Mi estadía en esa tierra hermosa se resume en una palabra amor. Amor por sus colores, sus paisajes, sus esculturas, sus calles, su historia, sus museos, sus pueblos, su gente. En la toscana se combina la belleza natural con las más maravillosas creaciones del hombre. Es el lugar ideal para pasar la vida o al menos un poquito de ella.
Mi estancia fue contradictoria, combinó  la magia del amor con el miedo, combinó  tranquilidad y equilibrio con  agitación y desvarío, combinó la alegría con la tristeza, combinó la cotidianidad con la extravagancia. Combinó todas las emociones posibles. Lo imaginable y lo inimaginable se conjugaron diariamente. A lo esperado siempre se sobrepuso lo inesperado.
Todo lo vivido me ha brindado  experiencias extraordinarias, únicas y espero que irrepetibles.
Hoy desde la distancia pero no de la lejanía recuerdo un amor lindo, casi sublime, lleno de pasión, de pequeños y hermosos momentos compartidos, pero también recuerdo el miedo frente al desvarío que nos acompañaba siempre, frente al  delirio desquiciado de la obsesión, frente a la persecución a la que fue sometido cada día.
Hoy desde la distancia pero no de la lejanía recuerdo lo poco que luchamos, lo rápido que nos entregamos, lo pronto que sucumbimos a un exterior disparatado, absurdo, enajenado. Un exterior que se adueñó de nosotros  y nos hizo renunciar a la oportunidad, a la posibilidad de vivir un amor maduro y feliz. Después de los hechos acontecidos pienso que no nos merecíamos ese amor que tan rápidamente entregamos, pienso que si nos hubiéramos querido lo suficiente habríamos luchado hasta vivirlo.
Ese amor que se inició como una promesa de felicidad se hundió con el pasar del tiempo en  un lago de incertidumbre, de confusión, de miedo. Las brazadas de ahogado que con desesperación dábamos para tratar de salvarlo lo sumergían cada vez más. Al final exhausto descendió en las oscuras aguas de la fatalidad.
A medida que escribo y reflexiono sobre lo vivido me doy cuenta que ese amor lindo, casi sublime, lleno de pasión, de pequeños y hermosos momentos compartidos empieza a desdibujarse, a perder brillo, a convertirse en un amor casi cobarde, que prefirió abandonar y entregarse a la fatalidad que la vida ofrecía. Como dice Silvio Rodríguez ‟los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias se quedan allí, ni el deseo los puede salvar…“  Nosotros lo convertimos en un amor fallido, en un amor malogrado.
¿Por qué? ¿Qué nos pasó? Hay respuestas simples y responsable directo, pero la realidad es la falta de madurez  emocional, la historia personal y  las carencias afectivas de todos los que nos involucramos en esa relación patológica, enfermiza, dependiente y nociva. Todos, sin excepción, esperábamos que él otro nos salvará, nos solucionará la vida, nos apoyará incondicionalmente para seguir adelante. Todos depositamos la solución de la situación en el otro, sin darnos cuenta que los únicos que podemos cambiar nuestra vida somos nosotros mismos.
El amor que sentimos pasará, no hay sentimiento que no sucumba al paso del tiempo, el aprendizaje incidirá en cualquier relación futura. Retomaré mi vida sin los otros, pero con la Toscana y su belleza  siempre en mi corazón.
Siento que mi corazón vuelve a habitarme después de estas breves líneas. El hombre confundido puede proseguir su vida o retornar a su vida  pasada. Solo un pedacito de mi corazón  permanecerá junto a un lomo blanco y suave, ese lomo blanco y suave que siempre me brindo amor incondicional.


viernes, 1 de diciembre de 2017

Días de miedo

Woman in Three... Edvard Munch

Ahora recuerdo esos días como si hubieran sido una pesadilla.

Entre la neblina de ese recuerdo me veo sentada en el blanco sofá, con la perra a mis pies. La perrita mimetizada en el sofá, solo distingo su nariz y sus ojos dormidos. Leves signos que delatan su presencia. Su respiración tranquila es diferente a la mía angustiada, casi febril. Observo la puerta esperando algo, un sonido, una voz, un silbido, algo que me confirme que está al acecho, como lo ha estado desde que llegué. 

Vivir siempre con la certeza de que te observan. Vivir siempre con la certeza de que en el momento menos esperado aparecerá o simplemente la sentirás. Vivir siempre a la espera de un encuentro nunca casual, siempre premeditado, siempre destinado a acabar con tu tranquilidad. 

De repente oigo la puerta de la calle que se abre, los pasos por la escalera, la sombra bajo la puerta y esa voz casi familiar que llama a la perrita por su nombre y silva. La perrita corre a la puerta, mueve la cola, se agita, se emociona, me mira para que abra, sin imaginar siquiera que yo soy la intrusa en ese mundo de tres que hasta hace poco existía y que ya no existe más. La llamo, trato de tranquilizarla, ella me mira sin entender que al otro lado de la puerta está la única persona que me percibe como enemiga, la única persona que quiere que me vaya, que no me quiere aquí. La única persona que siente que he invadido sus espacios, desde el afecto de su perro, hasta el lecho de su amante. 

Nunca imaginé que mi estancia de amor en la Toscana estuviera llena de miedo, de inseguridad, de desconfianza. Que este amor que se anunciaba como una oportunidad de ser feliz se convirtiera en esta pesadilla de la que quiero despertar y salir corriendo. 

¿Qué me ataba a esa tierra? ¿Qué me impedía irme?

Talvez fue la seguridad de que si esto terminaba podía realmente ser feliz otra vez. La seguridad de estar enamorada de la persona correcta, la persona casi perfecta para mí que me cautivó de manera tal que todo lo demás pasó a un segundo plano. 

¿No es acaso el amor un canto de sirena que te seduce hasta perder todo signo de racionalidad?

En ese momento sentada frente a esa puerta con el miedo invadiendo todos los rincones de mi cuerpo y esperando a que se fuera, que me dejara vivir tranquila, que me dejará intentar ser feliz. Pensé -ningún hombre que te someta a esto merece tu amor. Vete cuanto antes y ni siquiera mires atrás-.

Hoy recordando cómo se desarrollaron los acontecimientos posteriores, identificó en esa noche el primer momento de duda de mi estancia en la toscana, fue esa noche sentada en el sofá, con la perrita a mi lado cuando tome la decisión de abandonar todo. Sigo pensando desde la distancia que realmente tenía la oportunidad de ser feliz, pero pienso la mayor felicidad es estar tranquila. La mayor felicidad es vivir sin pensar que alguien te vigila, que alguien espía tu vida.





sábado, 25 de noviembre de 2017

la loca que busca el amor

Zdzislaw Beksins

La tarde transcurría apacible, solo el ruido de las teclas del computador rompía el silencio. La perrita yacía acostada al lado de la estufa. Era una tarde de otoño teñida de rojos, amarillos, naranjas y rosa viejo.
Ella frente a la estufa escribía, por momentos se detenía para acariciar a la perrita y meditar sobre la incertidumbre de la vida. De repente una imagen le vino a la cabeza. La vida era como una telaraña, resistente y frágil a la vez.
Pensó en todo lo que le había acontecido en el último año, como su larga vida de ensueño se había desvanecido y continuaba desvaneciéndose. En el último año había perdido el amor, la casa, el país, todo lo que la hacía resistente, ahora sin nada apenas se reconocía. Se había convertido en una persona frágil, insegura. Su sonrisa constante de antes, ahora se escondía y salía muy de vez en cuando. -La persona que soy hoy no tiene nada que ver con la que era ayer- pensó y una lagrima rodó suavemente por su mejilla.
Hace, apenas, unos meses atrás sintió que su vida estaba por reordenarse. Una persona había aparecido en su vida, una persona afín cargada de planes y proyectos juntos. Sintió por algún tiempo que la vida le sonreía, pero esta sonrisa se fue desdibujando de su rostro rápidamente.
Trato de remontar el momento preciso del quiebre entre la ilusión y el desengaño y no le costó encontrarlo, sabía exactamente cuando se produjo. Fue después de una llamada, una llamada, que esperaba fuera como la de todos los días pero que resulto particularmente amarga e inesperada.
Esa llamada puso al descubierto el espejismo que había vivido, esa llamada la despertó del ensueño, esa llamada la devolvió a la realidad.
Solo bastaron segundos para destruir la quimera que había construido. La quimera que había querido construir.
Y aunque hubo explicaciones y reencuentros ya nada pudo ser igual, ya nada nunca sería igual.
Después de esa llamada se posó sobre ella la duda, la desconfianza y la inseguridad. Un peso enorme para una persona vulnerable y frágil como era ella en ese momento.
Este peso enorme la fue consumiendo poco a poco. Lo primero que percibió fue la perdida de brillo en sus ojos. Lo segundo fue la falta de luz a su alrededor. Lo tercero fue la imposibilidad de sonreír abiertamente que con el tiempo se agudizó hasta bloquear cualquier sonrisa de su rostro. Así poco a poco y día tras día su cara se fue convirtiendo en una máscara inexpresiva y su entorno en un lugar oscuro donde apenas distinguía nada.
Ahora aprovecha algún destello de luz que se filtra dentro de la desilusión para escribir y contar su historia. No la historia de las últimas semanas sino la historia de ese amor inicial que todo lo puede y que incluso te salva. Pensaba que si lograba condensarlo en palabras lo recuperaría.
Ella no se daba cuenta de la infructífera labor que se exigía. No se puede recuperar una quimera, no se puede redimir un sueño, no se puede repetir una ilusión. Nada de lo que idealizó existió fue un extravío de su imaginación, algo que anheló, algo que nunca sucedió.
Ya no está sentada frente a la estufa escribiendo. Al no poder condensar el amor en palabras empezó a buscarlo en todas partes y como la luz era cada vez más tenue, tanteaba por cada rincón y se golpeaba contra las paredes. Los vecinos al escuchar los golpes constantes y los ladridos lastimeros de la perrita avisaron a la policía.

Ahora en el manicomio prosigue su búsqueda, la llaman la loca que busca el amor y aunque ella no recuperó su sonrisa, todos al verla esbozan una dulce y leve sonrisa.

lunes, 20 de noviembre de 2017

¿sueño japoneses?



kano eitoku panel con cipreses 1543-1590
Me despierto con el ruido del viento. Abro los ojos y veo las ramas de los cipreses moviéndose enloquecidas, como si la sola posibilidad de estar quietas las perturbara. Golpean la ventana se alejan, se acercan y se van como olas de hojas en este mar de viento frio. 
En los apenas tres meses que he vivido aquí, he pasado del calor del verano, al frio del invierno. De la suave brisa que acaricia la piel, al viento que penetra hasta tus huesos y te deja helada todo el día. Historias fantásticas me han sido contadas, caminando por estas calles de hermosos edificios, de auténtica joyas arquitectónicas,  que siempre contemplas conjuntamente con grupos inmensos de japoneses que en filas organizadas y desde muy temprano en la mañana deambulan por la ciudad siguiendo un guía nervioso y rápido.
Después de que esta imagen de japoneses que están en todos los rincones de la ciudad se ha borrado de mi mente, vuelvo a observar los cipreses, desde la cálida y cómoda posición de mi cabeza en la almohada. Trato de pensar en lo que quiero hacer hoy, quiero pensar en las posibilidades que me ofrece esta hermosa ciudad y este hermoso día.
Súbitamente empiezo a oír entre el ruido del viento un discurso en un idioma que no conozco y de repente empiezan a subir por los cipreses y a asomarse a la ventana los primeros japoneses que nos contemplan, nos miran con atención, observan cada detalle, fijando la mirada y asintiendo, todos al mismo tiempo, a las palabras e indicaciones del guía. Todos nos observan con esa curiosidad asombrada de cuando se ve algo por primera vez. Alguno levanta el móvil y un destello de flash ciega mis ojos por segundos. No entiendo qué está pasando, qué hacen aquí
Empiezo a moverme en la cama, quiero protestar por esta intromisión en mi más íntima vida privada pero lo único que consigo es abrir los ojos y darme cuenta que por un momento me había quedado a dormida. Al abrir los ojos  veo las ramas de los cipreses moviéndose, golpean la ventana se alejan, se acercan, se van, casi con un ritmo musical.
Me levanto, preparo y tomo café.  Me colocó capas, capas y capas de ropa y voy adquiriendo ese  aspecto de cebolla que todos me han recomendado para sobrevivir al primer invierno, llamo a la perrita  e iniciamos nuestro paseo habitual, al pasar debajo de los cipreses, que dan a la ventana del cuarto, observo pisadas y ramas en el piso. El viento fue muy fuerte anoche y al momento de pensarlo descubro entre las ramas un carnet escrito en japonés, miro la foto y reconozco a la joven mujer que sonríe. Es la misma que apenas  minutos  atrás se asomaba a la ventana y nos observaba fijamente.  Agudizo el oído y creo escuchar el motor de un autobús que arranca.


viernes, 17 de noviembre de 2017

La casa habitada

Mediodía Edward Hopper 

Sin apenas conocerse decidieron convivir. No fue una decisión pensada, ni producto de una larga relación, fue más  consecuencia de las circunstancias personales por las que cada uno atravesaba. Él un gran terror a estar solo, ella iniciando una nueva vida en otro país. Ambos vulnerables cedieron a la atracción que desde el inicio surgió, se entregaron sin pensar a la pasión, a la afinidad en sus gustos, a los ideales y principios que compartían.
Después de un muy breve periodo de apenas semanas decidieron cohabitar. Así él logro la ansiada  compañía y ella la seguridad que necesitaba.
Se trasladaron a la casa de él, una casa especial, pequeña, acogedora ubicada en un paraje de ensueño en la Toscana. Cada amanecer y cada anochecer disfrutaban del paisaje sentados a la mesa y  deleitándose en la contemplación de los cambios de luz y sombras que convertían en un lienzo versátil el entorno que los rodeaba. Entorno idílico que concentraba la atención de la recién llegada.
Pasados los primeros días, ella se dio cuenta que en la casa todo representaba a otras mujeres. Las mujeres del pasado habitaban la casa, en forma de esculturas voluptuosas, pinturas coloridas, ropa olvidada. La habitaban con una presencia intangible pero que se percibía, se respiraba.
Lo primero que empezó a sentir fue la sensación de estar acompañada. Una escultura la miraba, las pinturas murmuraban a su paso. Las voces femeninas se adueñaban por momentos del silencio, voces apenas perceptibles, pero que la fueron despojando poco a poco de su tranquilidad y su paz. 
Cada día la quietud y la tranquilidad inicial se trastocaban en un poco más de angustia. Por un momento pensó que la locura la estaba invadiendo y fue incapaz de compartirlo. Si en alguna conversación surgía el nombre de una  de las mujeres del pasado sentía un frio helado recorrer su espalda y un temblor suave transitar su cuerpo. Cada sonido del bosque la sobresaltaba, hasta la suave brisa que arrullaba los olivos la crispaba. La vida se fue tornando en una pesadilla de la cual no despertaba.
Ella desmejoraba su aspecto y su ánimo. Las voces en su cabeza se hacían cada vez más nítidas, a veces creía escuchar un “… vete de aquí” susurrante al pasar por un cuadro o al mirar fijamente una escultura. Pero estaba convencida que todo era producto de su imaginación, que nada ocurría, que pronto se restablecería y volvería a ser la misma de siempre, alegre, impetuosa, apasionada. Además los cuidados de él, siempre solicito y preocupado, la ayudarían a superar esta crisis pasajera que solo era un reflejo de los cambios abruptos que había vivido en los últimos años.
Un día de lluvia suave y persistente  reposaba, postrada por el miedo y la melancolía, recostada en el sofá y contemplando la belleza del paisaje desde la ventana, se dio cuenta que las voces se confundían con el repiquetear del agua en el techo y que apenas se oían. En su rostro se esbozó una leve sonrisa.  Él observó ese efímero destello de luz, de alegría en sus ojos  se acercó a ella con un impermeable en la mano y la invito a dar un paseo por la campiña, diciéndole que el aire y el agua en el rostro podrían animarla un poco.
Se dejó colocar el impermeable abandonado por alguna mujer del pasado y tomados de la mano se dirigieron a la puerta. Antes de que la puerta se cerrará del todo tras ellos, escucho, nítidamente, por primera vez la frase completa que susurraban las mujeres del pasado “huye, vete de aquí”. “Huye, vete de aquí” repetían mientras ella se soltaba de la mano y empezaba a correr. Las mujeres, pensó, no querían expulsarla de la casa querían advertirla para que se fuera de ahí. El empezó a correr detrás de ella, su pisada era más larga y más rápida, pronto la alcanzaría. Resbalo cuando él estaba a punto de alcanzarla  y esto le dio algún minuto extra.
Escondida en un arbusto de encina, empapada y llena de barro. Oía cada vez más cerca  la voz de él que la llamaba, de repente sintió sus pasos muy próximos, se tapó la boca pero el grito de terror salió como un aullido de su garganta.
Ahora en la casita hay una nueva estatua, está en el camino de entrada, contempla día y noche el paisaje y ve impasible como el sol traza sombras y luz  en cada alba y atardecer. Solo espera que aparezca otra mujer para unirse al grito susurrante de las otras. Esta vez espera tener suerte y que la mujer no llegue a atravesar el umbral.



miércoles, 15 de noviembre de 2017

Relatos de Amor y Locura


Pensé escribir una novela pero me he habituado a contar las historias por retazos, como las cuenta nuestro mundo interno, como una sucesión de recuerdos y eventos que van aflorando sin orden, ni estructura. Estos destellos mentales son como piezas de un rompecabezas que al encajarlas te cuentan la historia. Cualquiera ejerció de metacognición me dará la razón. Nuestra vida a través de la memoria nunca es lineal, organizada, no tiene un hilo narrativo, ni una estructura que relacione a los personajes o les de profundidad.
Nuestra vida es simplemente una continuación de eventos siempre relacionada con alguien, un sujeto, hombre o mujer. Personas conocidas, desconocidas, queridas, inadvertidas. Personas que simplemente intervienen en el fluir y el camino de nuestro río vital.
El hombre es un animal social, si decide ser ermitaño y aislarse en la soledad de las profundidades de una cueva lo hace para separarse de los otros. Siempre el otro determina nuestras vidas. Esta aseveración puede resonar fatalista, pero es con los otros que se construye nuestra vida. y esto es tan así, que aunque nosotros somos los que decidimos, y en eso se basa nuestra libertad, el continuar o separarse, el alejarse o proseguir va a signar nuestra vida. Es la acción y la relación con los otros y las decisiones que tomamos en función de ellos lo que la determina. Cada uno de nosotros a partir de las opciones que elije va definiendo la vida que quiere y el presente es solo el resultado de las decisiones que tomamos en el pasado.
Esta serie de relatos se ubican en La Toscana, uno de los lugares del planeta donde se han protagonizado más historia de amor y pasión. Realmente cada paraje invita al romance. Las colinas suaves, los cipreses altivos y los olivos plateados. Los pequeños y hermosos pueblos, los bosques de pino, los sinuosos caminos hacen que sea el escenario perfecto, el mejor lienzo para imaginar los colores del amor. En ese marco hermoso que es la Toscana hasta las historias de terror se revisten de cierta belleza. El temor bajo una noche estrellada, o frente a un atardecer se hace casi poético. El correr por bosques de pino sombrío con los rayos de sol que se filtran a través de las copas inalcanzables, arrastrado por el miedo, por la intuición de que alguien te acecha es casi sublime.
Los relatos que iré presentando recogerán, no solo experiencia, recogerán, sueños, miedos, deseos, imaginaciones, pensamientos, en este transitar mio por esta hermosa y apasionada tierra. Lo que paso, lo que no pasó o lo que pudo haber pasado, acaso no somos todo lo que nos habita, desde el sueño dormido hasta el sueño despierto, desde el miedo inventado, hasta el miedo vivido, desde el amor encontrado, hasta el amor siempre esperado, desde la historia imaginada, hasta la historia autentica, desde el deseo incumplido hasta el deseo realizado… nuestra vida es todo, no solo lo que se materializa, nuestra vida es todo lo intangible que la hace posible y que la nutre, nuestra vida es sencillamente lo que nos convierte en nosotros.







miércoles, 11 de octubre de 2017

Tú no te mudas

Sol de la mañana Edward Hopper

“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza…” Hoy me desperté con este poema en mi mente. Al abrir los ojos fue lo primero que resonó en mi interior.
Pensé: ¿Por qué este poema de Santa Teresa de Jesús invade mi interior y me anuncia el nuevo día? Nunca he sido una persona creyente, ni religiosa, pero siempre me gusto este poema. Me parece la expresión perfecta de la esperanza, me parece la expresión perfecta de  la certeza de que todo pasa.
Esperanza y certeza han sido palabras y sensaciones que han huido de mí en los últimos meses, palabras que apenas recordaba que existían. Si en algún momento se asomaron, escondidas en alguna ilusión, fue solo por días o semanas. No hay ilusión que aguante el viento súbito de  la realidad.
¿Qué me gritaba mi yo interior a través de este poema? ¿Un ¡basta! desesperado por reencontrarme con lo que siempre he sido? ¿Un ¡basta! Irritado de tanta pesadumbre? ¿Un ¡basta ya! de tanta autoflagelación innecesaria? ¿Qué me gritaba?
De pronto me di cuenta de lo que quería decirme. Me decía que tenía que aceptar mi nueva realidad. Me decía que lo que hoy nos resulta insoportable solo será un recuerdo del ayer. Me decía que puedo cambiar de país, de lugar, de vida pero que yo siempre seré la habitante de mi misma. Me decía que esperara, que con disposición, actitud y perseverancia mi vida tomaría de nuevo su senda.
Hoy me levante diferente. Hoy me levanté con esperanza, no en función de nada o de nadie, esperanza de que en mi está la posibilidad de encauzar mi vida. hoy me levanté con la certeza de que solo yo tengo el poder de decidir sobre mi vida, que aunque el entorno cambie, las personas sean otros, yo, y solo yo, tengo el poder de decidir y que ese poder es lo que me da libertad.
Hoy me asumo responsable de mi vida, hoy dejo de lamentarme,  hoy dejo de ser fatalista, hoy dejo de vivir añorando el pasado. hoy, por fin, me adueño de mi nueva realidad y me ocuparé en  mejorarla y sentirme libre y feliz en ella.
Hoy este poema inspirador me ha sacado del pozo en el que me había metido voluntariamente, porque aunque el entorno,  las circunstancias y los eventos sean externos la forma de enfrentarlos y asumirlos es exclusivamente nuestra decisión.
Hoy inspirada en el poema de Santa Teresa de Jesús les digo:

“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, tú no te mudas, tu paciencia y tu empeño todo alcanza…”


martes, 10 de octubre de 2017

Un hombre en el Sombrero

Renee Magritte

Sus pasos resonaban pesadumbrosos sobre los adoquines. Por momentos parecían detenerse, y después de un momento de silencio, de pausa, arrancaban presurosos pero a destiempo.
Contemplaba sentada en un banco de la plaza a este hombre que se acerca en mi dirección. Habían pasado muchos mientras esperaba que abrieran la oficina de ayuda al emigrado, pero algo en este señor llamo mi atención. Pensé ¿qué me llamaba la atención? E inmediatamente me di cuenta  que era su determinación al caminar combinada con el abatimiento que se percibía en sus hombros y se reflejaba en su mirada.
Al abrir las oficinas se unió al grupo que entro precipitadamente a hacer cola ante la ventanilla de información y entrega de documentos. Ni él, ni yo nos precipitamos caminamos despacio, casi hombro con hombro. Al llegar a la cola en un gesto de caballerosidad y con una triste sonrisa me indico que me pusiera delante de él.
Le sonreí. Ya en la taquilla de información empecé a  conversar con la empleada, al oírme hablar, el señor se colocó a mi lado y a su sonrisa, por primera vez,  asomo un poco de alegría, mientras la mujer buscaba lo solicitado, me preguntó con voz y  mirada de ternura ¿eres venezolana? Respondí con un si rotundo y la pregunta de rigor ¿y usted? e iniciamos una breve conversación.
El señor había nacido en Canarias, pero se había trasladado a Venezuela desde muy joven, tenía un año que había regresado, un disparo por atraco, que casi le costó la vida y lo dejo con cierta dificultad para hablar bien, lo hizo retornar. Con una voz muy triste y profunda me dijo que estaba haciendo el papeleo para regresar a Venezuela. "Tú vienes y yo me voy", fueron sus palabras. Lo mire perpleja, mi mirada se detuvo en la suave  cicatriz al lado izquierdo de su cara, con esa espontaneidad típica que nos caracteriza le dije asombrada: "me acaba de contar casi una historia de terror y ¿va a regresar?". En ese momento la empleada de la taquilla me entregó lo que pedía y me indicó que sacará unas copias que tenía que entregar.
Me aleje con una sonrisa al señor y con una sensación de conversación pendiente, camine buscando un lugar donde sacar las copias. Mientras hacia la cola en la puerta de la fotocopiadora, llego el señor. Me acerque con una sonrisa de reconocimiento y le dije tenemos que hablar. Empecé a hacer preguntas: ¿por qué va a regresar si casi lo matan? ¿Qué lo hacía tomar esa decisión descabellada?¿sabía que las condiciones en Venezuela eran cada vez peor?.  El señor me miraba, siempre con su sonrisa triste y después de unos segundos empezó a preguntarme de dónde eres, qué haces, qué me había traído a Canarias… yo respondía rápidamente, quería escuchar sus respuestas. Después de respondidas sus preguntas él me preguntó: ¿sabes de dónde soy? Y con un gesto tierno colocó su mano en mi cabeza, lo mire extrañada pero inmediatamente le respondí de ¿El Sombrero? –Si, me dijo, y eres la única persona que he encontrado durante este año que sabe que El Sombrero es un lugar y no un accesorio que se pone en la cabeza.
Inmediatamente empezó a hablar de soledad, de sentirse totalmente solo a pesar de la gente que lo rodeaba. Me habló de pertenencia, de no sentir que pertenecía a ningún lugar de los que habitaba. Me habló de que lo único que tenía en este momento era la calle y el cielo por donde caminaba. Me habló de que todo lo que le importaba estaba en Venezuela, su familia, su casa, su empresa, sus amigos y sus experiencias para compartir y que este lugar donde nació no le decía nada, no lo reconocía  y que se sentía como un apátrida, como un execrado. Me dijo, con los ojos llenos de lágrimas que este año había sido el más triste de su vida y que él sabía que Venezuela se había convertido en un país hostil, pero que si  lo  mataban o moría, quería hacerlo en su único país. Lo abrace fuertemente y con lágrimas en los ojos me despedí, deseándole mis mejores deseos.
Camine otra vez a la taquilla a entregar los papeles. Al salir mire a mi alrededor buscando al señor pero no lo vi, no lo he vuelto a ver.
Cada día pienso en él, no sé cómo se llama y nunca lo sabré. Lo imagino en El Sombrero recuperando su vida extraviada durante un año y esperando una bala perdida o la muerte pero con la certeza de que su sonrisa es alegre, que la pesadumbre abandono sus hombros y que camina por las calles y por el cielo que le pertenecen.



sábado, 7 de octubre de 2017

Tic - Tac

Salvador Dalí Persistencia de la Memoria


Oigo el reloj, oigo cada segundo que pasa.
Sentada en la oscuridad, acurrucada en el sofá espero que el día despierte.
Me siento suspendida, escindida, perdida, distante, confundida.
El reloj como un latido vital no cesa. Late, late, late como si fuera el corazón de la casa.
Late como mi corazón.
Me sumerjo en su sonido, me integro a él y me desintegro.
Ya no soy yo, soy la casa en silencio, soy la casa pequeña y aislada.
Soy esta casa sumergida en la oscuridad, sumergida entre los árboles.
Soy esta casa que en su interior guarda un tesoro de colores.
Soy esta casa cálida que protege del frío.
Soy esta casa que me ha acogido como un habitante más.
El reloj sigue sonando, latiendo sin cesar.
El día se despereza, se levanta poco a poco.
El sonido del reloj se va diluyendo y otros sonidos empiezan a despertar.
Sonidos que me recuerdan que no estoy sola, que hay alguien en el lecho que me espera.
Alguien que con su abrazo me calentará el cuerpo y me confortará.
Alguien que puede amarme.
Apenas oigo el reloj, ahora oigo la respiración tranquila de los que duermen y son mi compañía.
Ya no me siento suspendida, escindida, perdida, distante, confundida.
Sonrío levemente y siento un brote de alegría, como el capullo tierno de una rosa.
Alegría de saber que solo me separan unos peldaños del lomo blanco y peludo que demanda caricias, del lecho cálido.donde duermes
Solo peldaños para sumergirme en el calor de tu abrazo.
Ya no oigo el reloj.

viernes, 6 de octubre de 2017

Vida Incierta



Un amanecer todo cambio…
Tuvo que abandonar casa, familia, amigos. Su existencia se volvió recuerdos. Camino su soledad en calles abarrotadas. Su vida era un trazo infinito de puntos suspensivos. Un día sin esperanzas se detuvo en el penúltimo punto y cerrando los ojos para no dejar escapar la añoranza de lo perdido se lanzó al vacío



miércoles, 4 de octubre de 2017

Desarraigo






Bruno Catalano 




Sentada en el Aeropuerto, única constante de estos últimos cuatro meses, una sola palabra viene a mi cabeza y se repite como eco lejano "Desarraigo"
Desarraigo escucho cuando bajo las escaleras cargando la pesada maleta, donde llevo mis únicas posesiones.
Desarraigo, susurran las ruedas del coche que me traslada al aeropuerto.
Desarraigo, repetida, en mi mente hasta la saciedad, mientras hago el check-in, me saco la correa, los zapatos y coloco mis bienes más preciados, laptop y móvil, en las cajas de seguridad.
Desarraigo es el sonido de mis pasos mientras busco y, finalmente, encuentro la puerta de embarque.
Y es tal el eco en mi cabeza, que lo primero que hago al conectarme al wifi es buscar su definición para ver si el significado se aproxima a este vacío, desapego y distanciamiento... que siento, a esta angustia instalada en mi estómago.

"Se denomina desarraigo al proceso y el resultado de desarraigar: extraer una planta de raíz; expulsar o alejar a alguien de su lugar de origen; anular o suprimir una costumbre. La noción suele emplearse respecto a lo que siente aquel que debe emigrar de su tierra."

¿Se aproxima está sucesión de palabras a lo que estoy sintiendo? ¿Sirve el lenguaje para definir cualquier sentimiento?

Analizó cada palabra que encierra esta definición y la comparo con lo que siento.
Todas ellas dicen algo de lo que en términos simples significa. 'Extraer, expulsar, alejar, anular, suprimir" pero hablan de la acción, no de la sensación que siente o sufre el objeto de esa acción.

“extraer, expulsar, alejar, anular, suprimir"

Me siento extraída, arrancada de mi vida. La vida que he vivido hasta hace apenas meses ya no existe más. La vida conocida se esfumo y se ha convertido en un recuerdo, en mera memoria.

Me siento expulsada, razones fuera de mi decisión y de mi voluntad me desterraron de mi vida, una fuerza ajena me ha impelido fuera de mi vida. una fuerza ajena me arrastra fuera de lo hasta ahora conocido y a partir de ese momento todo se ha convertido en algo incognito, desconocido, incierto.

Me siento alejada, tanto por distancia física, como por la obligada distancia emocional que tengo que forzarme a sentir para sobrevivir. Desvincularme del pasado, pensar solo en el presente, en el aquí y el ahora. Convertirme en un vagabundo de la vida, en un individuo errante sin ataduras a nada, a nadie.

Me siento anulada, nada de mis referentes históricos son posibles. Mi profesión desaparece, mis calles, mis amigos… todo se diluye dentro de mí. Me convierto en una especie de burbuja flotante, una pompa de jabón frágil que se eleva cada vez más alto, siempre sola y expuesta a cualquier inclemencia, a cualquier evento.

Me siento suprimida, extirpada. Mi vida se borró de pronto, soy una página en blanco, como un libro que está por iniciarse y que no sabemos nada de él. Me he convertido de pronto en un ser que fluye en un vacío existencial.

El desarraigo susurrante que me acompaña es el mismo que marchita a la planta y la mata una vez que se arranca de la tierra su raíz
Es el sentir como de repente empieza un deterioro paulatino. Cómo las ramas firmes, las hojas brillantes, la raíz que aferrada a la tierra nos alimentaba se va doblando por la falta de apego, de soporte, de alimentación, de vida.
Me siento como esa mata arrancada que muere un poco cada día a la orilla del camino, expuesta a las inclemencias del tiempo, del frío, del sol. Esa planta que se marchita, que pierde su alegría, su vida. Esta es la analogía perfecta para expresar como me siento en algunos momentos.

Sola, perdida y consumiéndome por la tristeza.



lunes, 18 de septiembre de 2017

"Aquí y ahora"





Edward Hopper “Room in Brooklyn.”


"Aquí y ahora" repetido como un mantra, como una letanía.

"Aquí y ahora" vivir día a día, vivir cada segundo.
No volver al pasado, no vivir de recuerdos, evocaciones, añoranzas.
No perderme en la incertidumbre del futuro, no ahogarme en la angustia de lo desconocido, de lo por venir.

"Aquí y ahora" sigo repitiendo, acurrucada, abrazándome, con los ojos y los puños apretados, con el corazón palpitante, con el miedo atávico en mi estomago.
"Aquí y ahora" habitar solo el presente, convertirme en un vagabundo del día a día, sin pasado, sin futuro. Un vagabundo de la vida.

"Aquí y ahora" no hay retorno posible, ni sueños, ni proyectos construidos en el ayer. Lo que soy ahora son solo los despojos de lo que fuí. Lo que seré apenas empieza a cimentarse, apenas he colocado la primera piedra.

"Aquí y ahora" es lo que puedo ofrecer. Es lo que puedo darte.
Mi única petición es que cuando me extravié hurgando en el pasado o recorriendo el futuro desconocido me tomes de una mano y me cobijes en tus brazos y me recuerdes que es ahí donde habito, que eres mi "aquí y ahora"

martes, 22 de agosto de 2017

Relatos de Incertidumbre



René Magritte
“Cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada”
Charlie García “Los Dinosaurios”

Y un día sin proponértelo tu vida cambia.
Efectivamente mi vida cambió, de pronto me vi en un país lejano, sin amigos de toda la vida, sin lugares conocidos, sin trabajo y con apenas dinero suficiente para sobrevivir unos meses. Lo único constante que tenía en esos días era la incertidumbre. Una sensación de desasosiego que se despertaba conmigo, deambulaba conmigo y se acurrucaba a mis pies en las noches cuando un sueño, nunca reparador, me invadía.
En esos tiempos de incertidumbre caminaba sobre puntos suspensivos.  Caminaba extraviada, me sentía como esos niños que por un momento pierden a sus padres en un espacio abierto lleno de gente y empiezan a dar vueltas, buscando alrededor, con esa mirada que se va transformando de la angustia al terror para terminar en un llanto desgarrador.
El porqué de este cambio de situación, no viene al caso. Hay personas arrojadas de su vida cada minuto, cada segundo. Hay personas que se ven obligadas cada día a exiliarse de su vida, de lo conocido y que, sencillamente, se ven impelidos por circunstancias externas o decisiones personales a cerrar una puerta y echar a andar.
Las personas que hemos sentido el vivir en incertidumbre podrán entender lo que se siente  en esos momentos. Esa  sensación de estar y no estar, de ser y no ser, de existir y no existir. Ese Hamlet interno enloquecido con preguntas sin respuestas, ese deseo de convertirte en una Ofelia que sucumbe e impúdica se entrega a la muerte. No hay respuestas razonables a las preguntas que te haces, no hay línea divisoria entre estar vivo o muerto. Sabes en lo más profundo de tu ser que no habrá retorno, que esa vida que dejas o que te obligan a abandonar nunca más volverá a ser la misma.
Vivir en duelo, constante, perpetuo. Vivir aferrado a los pequeños recuerdos, canciones, comidas, vivencias, sensaciones, olores, sabores. Vivir aferrando pasados que nunca, y lo sabes, volverán. Nunca, nunca las aguas del rio serán las mismas donde te bañaste, nunca las paredes que te cobijaron serán las mismas cuando retornes al hogar, nunca los recuerdos añorados, atesorados en la memoria serán los que encuentres al regresar. Pero, además, nunca, nunca jamás ese que salió impelido, arrojado, fuera de su vida será otra vez el del ayer.
El intervalo de vacío, miedo e incertidumbre te hizo otro, te transformo,  cambio tú piel. Sigues siendo tú pero eres otro. Estás pero ya no formas parte de. Existes como unidad, pero sientes tu fractura en miles de pedazos imposibles de volver a ensamblar. Te desdibujaste para siempre, te tornaste difuso, mal acabado. Solo sutiles líneas delimitan tu vida  y tu ser.
La incertidumbre no es un momento, no es  un periodo, cuando llega a tu vida se instala definitivamente y nunca, nunca volverás a ser el mismo. Nunca, nunca podras unir los fragmentos de tu vida.