viernes, 30 de marzo de 2018

Reflexión 2

Grete Stern

Creo que mis últimas experiencias me han hecho una persona diferente, no sé si mejor o peor,  pero diferente. Hoy siento que,  definitivamente, la ingenuidad,  mi compañera, de toda la vida,  hizo su maleta y partió para siempre de mi vida.
Cuando hablo de ingenuidad, no hablo de ser tonta o crédula, sino de ver siempre lo positivo, de lanzarme a cualquier cosa desde la seguridad y la confianza, de esperar de los demás lo mejor, de sentir que puedes resolver, o al menos mejorar, todo lo que pasa.
Durante toda mi vida la seguridad y la confianza han sido mi espacio vital, y las guardianas y protectoras de mi ingenuidad. Esa ingenuidad que sólo poseen los niños y que les permite  mirar el mundo con entusiasmo, con asombro, con deseos de descubrirlo y adentrarse en él.
Esas corazas, seguridad y confianza, las  crees indestructibles, imposibles de ser aniquilada por nada y por nadie. Pero, de pronto,  descubres que son vulnerables, que pueden desmoronarse y que al hacerlo también se llevan ese aspecto de ti que te hacia soñar.
Y empiezas a contemplar la vida sin esperanza, sin sueños y lo que es peor sin alegría.
La vida se convierte en mera supervivencia, en un día a día que en lo único que piensas es en sobrevivir. Tu vida empieza a transcurrir sólo en la base de la pirámide de necesidades de Maslow. En la búsqueda desesperada de la satisfacción de tus necesidades básicas.
  que estabas en la cúspide, en el vértice de la pirámide a la búsqueda de la autorrealización, de pronto, te vez arrojada de ahí, resbalando cuesta abajo por de la pirámide, pero llevándote contigo todo lo que perdiste. Convertida en una especie de bola de nieve cada vez más grande que se desliza por la ladera de la pirámide, violenta, estrepitosa,  arrastrando con ella todo lo que encuentra a su paso.
Cuando llega a la base es una bola tan enorme, tan llena de todo lo que ya habías hecho, tan llena de todas las necesidades superiores y deseos que habías superado, tan llena de lo que fuiste y ya no eres, que le resulta imposible volver a remontar la empinada y dura cuesta.
La seguridad, la confianza, pero sobre todo, la ingenuidad, esa capacidad de ver la vida con optimismo, quedan sepultadas entre capas y capas de la gran bola de nieve. Esa bola de nieve que creció y creció, alimentada por los pedazos de las necesidades que pensábamos satisfechas, alimentada por el resquebrajamiento de los peldaños que creímos alcanzados,  hasta formar esta  avalancha que hoy es tu vida.
Y desde esa base donde lo único importante es sobrevivir, te contemplas no desde la mera necesidad, te contemplas desde el peso muerto de lo que habías alcanzado y más nunca recobraras.  
Te contemplas desde la conciencia de los fragmentos rotos  de tu autorrealización 

1 comentario:

  1. De alguna forma remontaremos esa inmensa avalancha que nos quiere sepultar. Las palmeras somos mujeres guerreras y al final lo lograremos. Mañana sera otro dia de sueños...

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