| la persistencia de la memoria Salvador Dali |
“Cinco minutos son suficientes para vivir una vida entera, así de
relativo es el tiempo”. Repetía una y otra vez la frase de Mario Benedetti, mientras
caminaba a su encuentro.
“En cinco minutos todo puede pasar”
y pensó en lo primero que iba a decirle al verlo: “Te quiero”, una frase corta
que se expresaba en un segundo, después quedarían trescientos cuarenta y nueve
segundos adicionales para vivir la vida entera.
Lo vio a lo lejos, mirando hacia el largo pasillo del aeropuerto donde
ella aparecería, una mano y una sonrisa le advirtió que ya la había visto,
aceleró su paso para entregarse cuanto antes a sus brazos, para besar su boca y
decir ese “te quiero” pensado durante tantos años.
Al encontrarse, lo largamente esperado se hizo realidad, el abrazo, el
beso, pero el “te quiero” pensado durante tantos años murió en su
garganta, no llego a convertirse en palabras. Caminaron en silencio, tomados de
la mano, arrastrando la maleta y también las frustraciones acumuladas durante
tanto tiempo. Había transcurrido apenas
un minuto y ella ya sabía que había sido un error, que lo añorado, lo esperado
se habían desgastado. Que este encuentro a destiempo ya no representaba nada. Hay
cosas que esperas tanto, que deseas tanto, que si tardan mucho en llegar ya no
sientes nada. Hay cosas que solo viven
mientras se desean, pero que al obtenerlas saben a poco.
En los cuatro minutos que tardaron en llegar al coche, se agolparon en
su mente cada uno de los cinco minutos significativos
que marcaron su vida juntos, el encuentro, la decisión, la ruptura, la
despedida. Cada instante decisivo observado, no con el velo de la añoranza, cada
instante decisivo observado con el frio velo de la objetividad.
Y en los cinco minutos transcurridos
desde el encuentro hasta el coche supo que la vida que había perdido en recuerdos, en melancolía ya no podría recuperarla, pero que hoy se iniciaba
el resto de su vida, libre para siempre del pasado, del si hubiera sido y libre
también del futuro, del así será.
Pensó, mientras se colocaba el cinturón de seguridad, a veces en cinco
minutos se vive una vida entera, a veces en cinco minutos se toman decisiones
que transforman tu vida entera y a veces bastan solo cinco minutos para cambiar
para siempre lo que te resta de vida. En cinco minutos de realidad serena lo que ha persistido en la memoria puede esfumarse para siempre.
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