| Frida Kahlo Diego y yo |
Amar puede resultar muchas veces intolerable, cuando se ama demasiado
los sentimientos fluctúan entre la pasión y el odio, ambas sensaciones atávicas, nacidas de lo más profundo de las
entrañas y de los más oscuros y recónditos abismos de nuestra naturaleza,
subsisten y se contraponen simultáneamente dejando expuestas y desnudas todas
nuestras miserias frente a todos. El
amor se nos muestra como un continuum que va desde lo más sublime hasta lo más
grotesco.
Hoy al abrir los ojos y sentir
a su amado a su lado, sintió una gratitud inmensa por todo cuanto la rodeaba,
sentía que todo había sido colocado para su disfrute y placer. Sentía que su cruzada
por la recuperación de su amado había sido su más valiosa decisión.
Se estiro en la cama, sintiendo el placer único de desperezarse, de
movilizar cada hueso y cada musculo de su cuerpo inactivo durante horas. Se
sentía satisfecha y feliz había hecho todo lo imaginable e inimaginable para
lograrlo y ahora contemplaba al trofeo de su triunfo dormido a su lado.
No todos los días sentía lo mismo, algunas mañanas su felicidad se
veía ensombrecida, no por su comportamiento, que algunos podrían tachar de
inescrupuloso, sino por las dudas que tenía sobre los sentimientos de esa
persona que dormía a su lado. En esos días de inseguridad se cuestionaba la
integridad de su relación y se preguntaba qué razones los mantenía juntos.
Aliviaba su desazón en la ilusión de un amor sublime. Un amor
destinado y eterno, un amor signado por el destino, un amor superior, pero
sabía, en su interior, que esto no era más que un acto de fe, una quimera en la
que quería y necesitaba creer.
Continuamente trataba de desnudar a su amado, de ir mas allá de la
apariencia, de ver en sus gestos, en sus acciones algo que le permitiera
desentrañar sus verdaderos sentimientos. Algo que terminará con las dudas, algo
que le mostrará que sus formas de amar eran equiparables, que se amaban con la
misma intensidad, con el mismo deseo, con la misma alegría e ilusión. Pero no
encontraba indicios que confirmaran sus
deseos. Por el contrario a veces lo que lograba ver era cierto temor en su
mirada e incluso en contadas ocasiones algo de odio.
En estas ocasiones llegaba casi a implorar un poco de amor, no en
forma de súplica verbal, sino mediante el mañido juego de seducción sexual,
mediante la anulación de sus deseos,
mediante la supresión de sí misma. Pero lo único que lograba con esto
era acallar por un breve momento sus miedos, sus dudas, causarse mayor
sufrimiento o generar en el amado una leve
mueca de hastío.
El tiempo fue pasando inexorable, los días se iban sucediendo uno tras
otro. La certeza del gran amor del otro nunca llegó, las dudas fueron ocupando
mayor espacio, o fueron sustituidas por certidumbres de desamor. Ese día en que contempló feliz el
sueño de su trofeo se hizo lejano. No supo en qué momento y para protegerse
ambos fueron construyendo muros de indiferencia, muros en los que se excluían
mutuamente. Muros cada vez más altos e insalvables.
Cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde. La reconquista triunfante
se había convertido en una victoria pírrica. Su trofeo del que se sentía tan orgullosa y que
antes se esmeraba por exhibir, ahora se había convertido en un premio de
consolación. El daño ocasionado a la
vida de ambos había sido inmenso. Ella que había hecho todo lo imaginable e
inimaginable para que volviera a su lado, ahora sentía arrepentimiento por
haber forzado la situación, por haber impuesto una convivencia obligada. Se sentía
cansada de todo, incluso de él que de centro
de su alegría y vitalidad, paso a convertirse en centro de su fastidio y
aburrimiento.
El tiempo, las dudas y el inevitable desapego se encargaron del fin y
ahora ninguno tenía fuerzas para seguir
jugando a ser felices, para seguir representando el papel de pareja amantísima, que siempre y a pesar de
todo retornaba. Ella decidió dar por
terminada una relación, muerta hace años. Ella que había hecho de todo para no despertar
del sueño del amor eterno, se encontró un día al abrir los ojos que dormía al
lado del desamor.
Con vano afán ambos trataron de rehacer su vida, pero el tiempo que habían
perdido ya no pudieron recuperarlo, ninguno de los dos llego a encontrar el
verdadero amor.
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