![]() |
| Guillermo Martí Ceballos Mujer leyendo |
Terminó de leer el libro, lo cerró, lo llevó a su pecho y lo abrazo. Siempre
le pasaba igual al terminar un libro, sentía esa sensación de perdida, de vida
que se escapaba, de amigos que se alejaban para siempre. Si el libro le había
gustado mucho, si se había identificado con los personajes pasaba algunas horas
como perdida, como carente de algo esencial. Dándoles vuelta a los personajes,
a las frases con un afán infructuoso de que permanecieran un poco más en su
vida, dándoles la oportunidad de que siguieran viviendo más allá de las paginas,
para que pudieran escapar de la prisión que representa un libro cerrado.
En cierta forma los liberaba porque los personajes de cada libro leído
eran tan parte de su existencia como las experiencias vividas, formaban parte
de su historia, de sus referentes, de sus sueños.
El primer libro que leyó con fruición fue Ana Karenina. Tenía apenas 11 o 12 años y estaba enferma con neumonía.
Acostada y aburrida en la cama, por un
periodo no tan largo, pero que para una niña inquieta y de mente despierta parecieron
siglos. Su mamá obstinada de sus quejas le llevo el inmenso y gordo libro a su
cuarto para que lo leyera, sin imaginar siquiera que ese momento marcaría un cisma
en su vida, un antes y un después.
Lo contempló con desdén en la
mesa de noche, lo tomo en sus pequeñas manos y al hojearlo sintió ese olor
inconfundible y particular de los libros nuevos, esa mezcla de tinta y papel,
que hoy se ha convertido en su oxigeno vital, que hoy por hoy, representa unos
de sus deleites más reconfortantes.
Abrió la primera página y leyó:
“Todas las familias felices se
parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para
sentirse desgraciada…”
Las palabras revolotearon en su febril imaginación, y empleo febril
literalmente pero también con esa otra acepción que se emplea para calificar a
las mentes exaltadas. Leyó nuevamente la
frase saboreando cada palabra y asombrada de que en conjunto representaran tan
gran verdad. Retomo la lectura y ya no paro hasta la última frase: “Pero a partir de hoy mi vida, toda mi vida,
independientemente de lo que pueda pasar, no será ya irrazonable, no carecerá
de sentido como hasta ahora, sino que en todos y en cada uno de sus momentos
poseerá el sentido indudable del bien, que yo soy dueño de infundir en ella.”
Devoró el libro con tal pasión que en las noches se quedaba dormida con
el libro entre sus manos, se despertaba, lo tomaba y lo seguía leyendo. La acompañaba
hasta el baño, si alguien venía a visitarla sentía una ligera molestia por la
interrupción de la lectura y deseaba con toda su fuerza infantil que se fueran
y que se olvidaran de ella, lo único que quería era seguir leyendo, era
proseguir adentrándose en las profundidades y el desenlace de la novela.
Y es que Ana Karenina no fue solo su primer libro, fue su primera
aproximación a la vida real, fue su “a partir de hoy mi vida, toda mi vida
cambio…” todavía atesora frases del libro, todavía recuerda a sus personajes
como amigos entrañables, todavía hoy siente la desesperación de Ana, la inconstancia de Vronsky, el abandono de
Sergei, la ingenuidad de Kitty… todavía hoy y para siempre sus personajes vivirán
con ella.
Ana Karenina fue su primer amor, fue su primera vez, fue su
descubrimiento de la lectura, de los libros, por eso la conserva como un tesoro
en su recuerdo, por eso la exalta cada vez que puede, por eso sus personajes la
habitan. Después de ella vinieron muchas, muchísimas lecturas y junto a los
personajes de Ana Karenina conviven otros, junto a las frases de Ana Karenina
se entremezclan otras miles y miles de frases, millones de palabras agolpadas en
su interior. Pero su sitial de iniciadora nadie se lo podrá arrebatar, las
primeras veces son siempre únicas e irrepetibles. Por eso al cerrar un libro
venia siempre el recuerdo de esa primera vez.
Y de pronto resonó su voz infantil, leyendo la primera frase, esa
primera frase cargada de verdad, de sabiduría con la que se inició en la vida
de lectora:
“Todas las familias felices se
parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para
sentirse desgraciada…”

Anna Karenina è anche il mio libro favorito (ho dovuto comprare almeno tre edizioni però per avere una buona traduzione) per assurdo... ti trasporta tantissimo e ti immedesimi. Certo, oltre a il maestro e margherita di bulgakov.Poi altri e tanti ma è sempre così difficile fare una classifica, tanto ci si affeziona. Ci si sente davvero spaesati e un poco tristi quando si finisce un bel libro, concordo appieno.
ResponderEliminar