miércoles, 11 de abril de 2018

Reflexiones 8: cosas trascendentales

Guillermo Martí Ceballos Mujer leyendo 

Terminó de leer el libro, lo cerró, lo llevó a su pecho y lo abrazo. Siempre le pasaba igual al terminar un libro, sentía esa sensación de perdida, de vida que se escapaba, de amigos que se alejaban para siempre. Si el libro le había gustado mucho, si se había identificado con los personajes pasaba algunas horas como perdida, como carente de algo esencial. Dándoles vuelta a los personajes, a las frases con un afán infructuoso de que permanecieran un poco más en su vida, dándoles la oportunidad de que siguieran viviendo más allá de las paginas, para que pudieran escapar de la prisión que representa un libro cerrado.
En cierta forma los liberaba porque los personajes de cada libro leído eran tan parte de su existencia como las experiencias vividas, formaban parte de su historia, de sus referentes, de sus sueños.
El primer libro que leyó con fruición fue Ana Karenina. Tenía  apenas 11 o 12 años y estaba enferma con neumonía.  Acostada y aburrida en la cama, por un periodo no tan largo, pero que para una niña inquieta y de mente despierta parecieron siglos. Su mamá obstinada de sus quejas le llevo el inmenso y gordo libro a su cuarto para que lo leyera, sin imaginar siquiera que ese momento marcaría un cisma en su vida, un antes y un después.  
Lo contempló con desdén  en la mesa de noche, lo tomo en sus pequeñas manos y al hojearlo sintió ese olor inconfundible y particular de los libros nuevos, esa mezcla de tinta y papel, que hoy se ha convertido en su oxigeno vital, que hoy por hoy, representa unos de sus deleites más reconfortantes.
Abrió la primera página y leyó:
“Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada…”  
Las palabras revolotearon en su febril imaginación, y empleo febril literalmente pero también con esa otra acepción que se emplea para calificar a las mentes exaltadas.  Leyó nuevamente la frase saboreando cada palabra y asombrada de que en conjunto representaran tan gran verdad. Retomo la lectura y ya no paro hasta la última frase: “Pero a partir de hoy mi vida, toda mi vida, independientemente de lo que pueda pasar, no será ya irrazonable, no carecerá de sentido como hasta ahora, sino que en todos y en cada uno de sus momentos poseerá el sentido indudable del bien, que yo soy dueño de infundir en ella.”
Devoró el libro con tal pasión que en las noches se quedaba dormida con el libro entre sus manos, se despertaba, lo tomaba y lo seguía leyendo. La acompañaba hasta el baño, si alguien venía a visitarla sentía una ligera molestia por la interrupción de la lectura y deseaba con toda su fuerza infantil que se fueran y que se olvidaran de ella, lo único que quería era seguir leyendo, era proseguir adentrándose en las profundidades y el desenlace de la novela.
Y es que Ana Karenina no fue solo su primer libro, fue su primera aproximación a la vida real, fue su “a partir de hoy mi vida, toda mi vida cambio…” todavía atesora frases del libro, todavía recuerda a sus personajes como amigos entrañables, todavía hoy  siente  la desesperación de Ana,  la inconstancia de Vronsky, el abandono de Sergei, la ingenuidad de Kitty… todavía hoy y para siempre sus personajes vivirán con ella.
Ana Karenina fue su primer amor, fue su primera vez, fue su descubrimiento de la lectura, de los libros, por eso la conserva como un tesoro en su recuerdo, por eso la exalta cada vez que puede, por eso sus personajes la habitan. Después de ella vinieron muchas, muchísimas lecturas y junto a los personajes de Ana Karenina conviven otros, junto a las frases de Ana Karenina se entremezclan otras miles y miles de frases, millones de palabras agolpadas en su interior. Pero su sitial de iniciadora nadie se lo podrá arrebatar, las primeras veces son siempre únicas e irrepetibles. Por eso al cerrar un libro venia siempre el recuerdo de esa primera vez.   
Y de pronto resonó su voz infantil, leyendo la primera frase, esa primera frase cargada de verdad, de sabiduría con la que se inició en la vida de lectora:
 “Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada…”


1 comentario:

  1. Anna Karenina è anche il mio libro favorito (ho dovuto comprare almeno tre edizioni però per avere una buona traduzione) per assurdo... ti trasporta tantissimo e ti immedesimi. Certo, oltre a il maestro e margherita di bulgakov.Poi altri e tanti ma è sempre così difficile fare una classifica, tanto ci si affeziona. Ci si sente davvero spaesati e un poco tristi quando si finisce un bel libro, concordo appieno.

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