viernes, 6 de abril de 2018

Reflexiones 7: Revolucionando la zona de confort

Grete Stern Sueños

Hay un gracioso  sketch de Les Luthiers, ese fantástico grupo argentino que siempre me hecho reír hasta casi dolerme el estómago, que simula la publicidad en una cadena de radio. Al que me refiero, específicamente, es a la parte dedicada a la promoción de una novela donde la voz inconfundible de Marcos Mundstock indica: “No deje de oír la historia de esta mujer atrapada por su pasado” seguidamente se oye un sonido de pasos presurosos por una calle y una imitación de voz femenina gritando “suéltame pasado”.
Ese “suéltame pasado” es el objeto hoy de mi reflexión. El pasado a veces se aferra a nuestro brazo tan fuertemente que no nos deja avanzar, es como si estuviéramos atrapados, encerrados  en una prisión, donde los barrotes solidos e irrompibles están formados no solo de recuerdos y añoranzas, sino también de estilos de vida, formas de actuar, formas de ser que nos han brindado una zona de confort de la que no nos atrevemos, o no queremos  salir.      
Cuando hablo de zona de confort no me refiero necesariamente a confortable, agradable, placentera, me refiero más bien a una vida a la que estamos acostumbrados y en la que sabemos como actuar. Donde no corremos riesgos, donde dominamos totalmente el repertorio de hábitos, rutinas, actitudes y comportamientos. Puede ser una “mierda”, puede ser un círculo vicioso o hasta patológico pero es conocido y por lo tanto seguro.  Tan es así que existe hasta un refrán muy popular que nos aconseja “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.
“Aferrarnos a lo malo conocido” no es acaso restringir nuestra existencia, darla ya por terminada, sepultarla en la desidia o en la indolencia.  Es limitarnos, rendirnos y dejarnos arrastrar como una hoja en un río, incapaz de liberarse por sí misma de la vorágine húmeda que terminará destruyéndola.  Podemos no solo aferrarnos a lo malo sino aferrarnos, también, a lo bueno. La palabra clave en esta afirmación es “aferrarnos”.  Apegarnos a cualquier cosa, situación o persona es siempre enterrarnos en vida, cerrar los ojos a cualquier oportunidad que te brinde la existencia. El apego siempre es un vínculo obsesivo con situaciones, cosas o personas que crees permanentes e inmutables, que identificas como el centro de  tu felicidad o de tu seguridad y en las que basas el sentido de tu vida.
Un vínculo de este tipo no permite romper con el pasado, o romper con una relación o, sencillamente replantearse una nueva forma de vida. Te quedas adherido a la zona de confort, te quedas para siempre absorbido dentro de los límites de la representación que has construido y en la que te sientes protegido de cualquier riesgo. Atrapado en esa obra mental limitativa en la que has colocado tu vida y en la que actúas como un viejo actor que de tanto presentarla, la repite de memoria.  
¿Cómo podemos acabar con esto? ¿Cómo liberarnos de esa prisión de barrotes solidos e irrompibles formados de recuerdos y añoranzas, de estilos de vida, de formas de actuar, de formas de ser, de formas de relacionarnos?
A estas preguntas solo tengo una primera aproximación, he pensado mucho y sigo pensando en esta situación, pues yo misma me siento secuestrada por el recuerdo y la añoranza  de mi zona de confort, por el apego a una vida que no volverá, una vida sin posible retorno.
Lo primero que hay que hacer es aceptar la realidad, tu vida pasada se acabó, pasa la página y empieza a escribir otro relato. Tus bienes materiales ya no existen,  limítate, entonces, a lo que tienes, nada dura para siempre. Tu relación de pareja solo es cómoda, pues termínala y busca a otra persona que al menos sea una promesa de felicidad. Nunca cambies la comodidad por la felicidad, aunque esta sólo sea una posibilidad.
Lo segundo es desprenderte, desapegarte de todo o todos, no es un proceso fácil, es como desintoxicarte de una droga fuerte y nociva donde siempre tendrás miedo a recaer. Es un proceso lento y sin pausa, un día a día.
Lo tercero es buscar alternativas, opciones a tu vida actual. Repensar tu vida, romper con tu viejo esquema y construir con sus cimientos un nuevo paradigma con nuevos estilos de vida, con nuevas  formas de actuar,  de ser,  de relacionarte.
Y el cuarto todavía está en elaboración porque a pesar  de tener los tres primeros claros y aplicarlos, siempre existe una posibilidad de reincidencia, que pende como espada de Damocles en nuestra cabeza. Tenemos que estar conscientes que antes de superarlo definitivamente, podremos retornar, al menos en sueños, al pasado, podremos añorar el bienestar perdido, podremos intentar vivir con la persona que solo nos brinda la comodidad de lo ya conocido. Pero tenemos que entender, también, que este aparente repliegue solo retrasa o pospone un poco el proceso irreversible que ya arrancó y que indetenible seguirá su curso.   
Lo importante para cambiar nuestra vida es empezar a mostrarnos irreverentes frente a nuestra zona de confort, es cuestionarla, es perturbar los límites y normas que nosotros mismos hemos construido, es iniciar una rebelión interior, una insurrección íntima que poco a poco derrumbe la prisión en la que nos hemos encerrado voluntariamente.

1 comentario:

  1. Provare a uscirne è sempre una bella sfida interessante. Consiglio il libro si isabel losada "voglio vivere così"

    ResponderEliminar