| Grete Stern Sueños |
Hay un gracioso sketch de Les
Luthiers, ese fantástico grupo argentino que siempre me hecho reír hasta casi
dolerme el estómago, que simula la publicidad en una cadena de radio. Al que me
refiero, específicamente, es a la parte dedicada a la promoción de una novela
donde la voz inconfundible de Marcos
Mundstock indica: “No deje de oír la historia de esta mujer atrapada por su
pasado” seguidamente se oye un sonido de pasos presurosos por una calle y una imitación
de voz femenina gritando “suéltame pasado”.
Ese “suéltame pasado” es el objeto hoy de mi reflexión. El pasado a
veces se aferra a nuestro brazo tan fuertemente que no nos deja avanzar, es
como si estuviéramos atrapados, encerrados en una prisión, donde los barrotes solidos e
irrompibles están formados no solo de recuerdos y añoranzas, sino también de
estilos de vida, formas de actuar, formas de ser que nos han brindado una zona
de confort de la que no nos atrevemos, o no queremos salir.
Cuando hablo de zona de confort no me refiero necesariamente a confortable,
agradable, placentera, me refiero más bien a una vida a la que estamos
acostumbrados y en la que sabemos como actuar. Donde no corremos riesgos, donde
dominamos totalmente el repertorio de hábitos, rutinas, actitudes y
comportamientos. Puede ser una “mierda”, puede ser un círculo vicioso o hasta patológico
pero es conocido y por lo tanto seguro. Tan
es así que existe hasta un refrán muy popular que nos aconseja “más vale lo malo conocido que lo bueno por
conocer”.
“Aferrarnos a lo malo conocido” no es acaso restringir nuestra
existencia, darla ya por terminada, sepultarla en la desidia o en la indolencia.
Es limitarnos, rendirnos y dejarnos
arrastrar como una hoja en un río, incapaz de liberarse por sí misma de la vorágine
húmeda que terminará destruyéndola. Podemos no solo aferrarnos a lo malo sino aferrarnos, también, a lo
bueno. La palabra clave en esta afirmación es “aferrarnos”. Apegarnos a cualquier cosa, situación o
persona es siempre enterrarnos en vida, cerrar los ojos a cualquier oportunidad
que te brinde la existencia. El apego siempre es un vínculo obsesivo con situaciones,
cosas o personas que crees permanentes e inmutables, que identificas como el
centro de tu felicidad o de tu seguridad
y en las que basas el sentido de tu vida.
Un vínculo de este tipo no permite romper con el pasado, o romper con
una relación o, sencillamente replantearse una nueva forma de vida. Te quedas adherido
a la zona de confort, te quedas para siempre absorbido dentro de los límites de
la representación que has construido y en la que te sientes protegido de cualquier
riesgo. Atrapado en esa obra mental limitativa en la que has colocado tu vida y
en la que actúas como un viejo actor que de tanto presentarla, la repite de memoria.
¿Cómo podemos acabar con esto? ¿Cómo liberarnos de esa prisión de barrotes
solidos e irrompibles formados de recuerdos y añoranzas, de estilos de vida, de
formas de actuar, de formas de ser, de formas de relacionarnos?
A estas preguntas solo tengo una primera aproximación, he pensado
mucho y sigo pensando en esta situación, pues yo misma me siento secuestrada
por el recuerdo y la añoranza de mi zona
de confort, por el apego a una vida que no volverá, una vida sin posible
retorno.
Lo primero que hay que hacer es aceptar la realidad, tu vida pasada se
acabó, pasa la página y empieza a escribir otro relato. Tus bienes materiales ya
no existen, limítate, entonces, a lo que
tienes, nada dura para siempre. Tu relación de pareja solo es cómoda, pues termínala
y busca a otra persona que al menos sea una promesa de felicidad. Nunca cambies
la comodidad por la felicidad, aunque esta sólo sea una posibilidad.
Lo segundo es desprenderte, desapegarte de todo o todos, no es un proceso
fácil, es como desintoxicarte de una droga fuerte y nociva donde siempre tendrás
miedo a recaer. Es un proceso lento y sin pausa, un día a día.
Lo tercero es buscar alternativas, opciones a tu vida actual. Repensar
tu vida, romper con tu viejo esquema y construir con sus cimientos un nuevo paradigma
con nuevos estilos de vida, con nuevas
formas de actuar, de ser, de relacionarte.
Y el cuarto todavía está en elaboración porque a pesar de tener los tres primeros claros y
aplicarlos, siempre existe una posibilidad de reincidencia, que pende como
espada de Damocles en nuestra cabeza. Tenemos que estar conscientes que antes
de superarlo definitivamente, podremos retornar, al menos en sueños, al pasado,
podremos añorar el bienestar perdido, podremos intentar vivir con la persona
que solo nos brinda la comodidad de lo ya conocido. Pero tenemos que entender, también,
que este aparente repliegue solo retrasa o pospone un poco el proceso irreversible
que ya arrancó y que indetenible seguirá su curso.
Lo importante para cambiar nuestra vida es empezar a mostrarnos irreverentes
frente a nuestra zona de confort, es cuestionarla, es perturbar los límites y
normas que nosotros mismos hemos construido, es iniciar una rebelión interior,
una insurrección íntima que poco a poco derrumbe la prisión en la que nos hemos
encerrado voluntariamente.
Provare a uscirne è sempre una bella sfida interessante. Consiglio il libro si isabel losada "voglio vivere così"
ResponderEliminar