jueves, 19 de abril de 2018

Amor y pasta de dientes

Emiliano Villalba pintor,ilustrador y bloggero


Apenas tenían 14 años y  sentían que el mundo les pertenecía. Se conocían desde pequeños, siempre habían compartido salón de clases y maestras, amigos y fiestas de cumpleaños, zambullidas en la piscina y películas domingueras. En la pequeña ciudad en la que vivían los espacios de coincidencia eran todos, esos 14 años vividos  habían sido años en compañía. Pero un día cualquiera se miraron por primera vez.
Él la vio entrar al salón de clases y se dio cuenta por primera vez de la suavidad y brillo de su cabello, de la sonrisa siempre a flor de labios, de lo bien que le quedaba el uniforme, de su andar seguro, de su mirada dulce… la miró, la miró y la miró solo segundos pero su imagen lo acompaño todo ese día y toda esa noche.
Ella al entrar lo saludo con su sonrisa de siempre, pero descubrió en su mirada algo que no había visto antes, se sintió observada por segundos, lo miro de reojo y descubrió en su hermosa cara, sus formas masculinas que buscaban  definición, descubrió su cuerpo hermoso y esbelto y sintió una extraña sensación en su estómago.
Después de ese día de descubrimiento evitaron estar solos, evitaron conversar, evitaron sentarse juntos, era como si el reconocerse y verse por primera vez como un hombre y una mujer los hubiera alejado, los hubiera impelido  a mantener la distancia. Sin embargo esta distancia aparente los acercaba aun más, se buscaban con la mirada, se sonreían tontamente, se ocupaban de lo que hacían con un interés novedoso. Hablaban el uno del otro con sus amigos y resaltaban cualidades, intervenciones, gustos, formas de ser… en las noches se dedicaban los últimos minutos de conciencia y en las mañanas se contemplaban en el espejo pensando el uno en el otro.  
Esta situación duro algún tiempo y era tan obvia que sus amigos empezaron a convertirlos en el objetivo de sus bromas. Ellos desde el rubor y la sonrisa miraban hacia otro lado y disimulaban su vergüenza y malestar con  indiferencia fingida.
En una fiesta cualquiera, y después de inyectarse una enorme dosis de valor,  la invito a bailar,  la música alegre  terminó y una balada lenta sonó en el ambiente, se abrazaron despacio y despacio, también, movieron sus pies al compás de la música. Se sintieron, se olieron y un dulce suspiro de satisfacción salió de sus labios, con los ojos cerrados giraban, ceñidos y ausentes de todo lo que los rodeaba.  La música terminó pero sus manos continuaron enlazadas.  
Se separaron por un segundo para ir al baño. Al llegar buscaron con desesperación la pasta de dientes en el gabinete, colocaron una línea gorda y blanca en el dedo y se cepillaron con fricción, se cepillaron los dientes y la lengua, al tragar. sin enjuagarse  sintieron el sabor inconfundible  que bajaba por su garganta.
Se encontraron en el salón, de sus bocas salía un agradable olor que presagiaba besos, se ocultaron en un rincón alejado,  solitario y se besaron. Besos torpes y mentolados, besos primerizos, besos intuidos besos  de mentol y  saliva, besos de inexperiencia y confusión, pero también besos de la primera pasión, de la primera  turgencia, de la primera humedad.  
A este primer beso siguieron muchos más hasta que sus labios ya se reconocían. Todos los besos que se dieron siempre fueron acompañados del sabor inconfundible y a limpio de la pasta de dientes.
Un día al encontrarse en la puerta del cine ella descubrió pasta blanca y mentolada en el cuello de su camisa, pasta blanca y mentolada que le auguraba dos horas de besos en la oscuridad. dos horas de besos intensos, besos apasionados con sabor a menta, de manos escabulléndose en lugares prohibidos, de quejidos suaves , de primeros goces...  

Cuando el tiempo y la vida los separó. Cuando se convirtieron  en leves recuerdos de amores infantiles, lo único que conservaron y aun conservan  es que al cepillarse la boca y sentir el sabor inconfundible de la pasta de dientes sus dias se inician con el deseo y la  promesa de un beso. Una promesa y un deseo  que ambos sin saberlo comparten día a día  frente al espejo.


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