miércoles, 30 de mayo de 2018

vidas truncadas, vidas aniquiladas, vidas maltratadas.

Piero Dolara Violencia contra la mujer 

A todas las mujeres

...Después de su trágica muerte, inició su vida como fantasma. Etérea y blanca se deslizaba por el mundo de los vivos sin apenas ser notada. Murió como tantas mujeres en manos del hombre a quien se entregó como esposa, como amante, como amiga y en algunos momentos como madre. El día de su matrimonio nunca imaginó que se estaba entregando a la muerte, al sufrimiento, al dolor físico y psicológico, a su aniquilación como ser humano. Ella al igual que tantas mujeres a lo largo de la historia terminó asfixiada por las manos inclementes del hombre con él que estaba dispuesta a compartir su vida. Nunca imaginó que esa vida que iniciaba se trastocaría en violencia y finalmente en muerte… 

Era apenas una niña cuando la mutilaron, sólo sintió un dolor profundo e intenso un dolor que ya nunca la abandono… 

Un día de miedo como todos y cada uno de los días de su vida, un día más en los que pensaba en que morir era la única forma de salir de ese infierno de golpes, insultos, desprecios. Un día de gritos atrapados en la garganta, de gritos que llamaban a la muerte… 

Estos extractos apenas vislumbran la vida de miles y miles de mujeres a lo largo del tiempo, a lo largo y ancho del planeta, a lo largo del día a día. 
Y es que el maltrato a la mujer es apenas un fantasma, un fantasma que recorre el camino de la historia, un fantasma que apenas es percibido, un fantasma inmenso, grande, silencioso y no reconocido que transita por la vida, frente a la mirada indiferente de los demás. 
Hay un cuadro de un amigo querido que refleja una mujer recorriendo filas y filas de zapatos femeninos colocados como un triste recordatorio de las víctimas de la violencia. Un cuadro que en su versión final convierte a la mujer original, en un fantasma. 
Ese cuadro hoy lo percibí en toda su significación, hoy se develó como la representación no solo de la muerte, sino también como la representación de la lucha silenciosa y silenciada de la mujer por su igualdad a lo largo de la historia. Una lucha, que a pesar de tantas muertes y tanta violencia, no ha adquirido para muchos el status de batalla real que todavía es considerada por muchos una batalla imaginaria inventada por las feministas. Una lucha justa convertida en un fantasma etéreo. Un fantasma condenado a vivir eternamente si no hacemos algo para que de una vez por todas descanse en paz. 
Siento que todo lo que hoy escribo está revestido de cierta incoherencia, son solo párrafos sueltos que vienen a mi mente, párrafos como destellos sobre vidas truncadas, situaciones históricas y derechos constantemente mancillados, pero es que esta situación me duele tanto y es tan injusta que es la única forma en que puedo abordarla. 
Esta situación que siempre está presente para todas las mujeres, esta situación de perder-perder en un mundo masculino, un mundo hecho a la medida de los hombres. 
Hoy no hay relato, hoy la historia es la de cada una de esas mujeres que han sido asesinadas, de esas mujeres a las que la ablación les ha robado su sexualidad, la de esas mujeres sin derechos, la de esas mujeres explotadas sexualmente como meros objetos de satisfacción masculina, la de esas mujeres con igual capacidad profesional pero peor pagadas que los hombres, la de esas mujeres que cualquiera puede decir en la calle lo que le da la gana, la de esas mujeres que han sido violadas, la de todas las mujeres que compartimos el temor de la violación. La de todas las mujeres que siempre expuestas a la violencia física, psicológica, sexual, cotidiana tratamos simplemente de vivir. 
Todas las mujeres vivimos con el peso de nuestra condición femenina, con el fantasma de nuestras muertas y de nuestra injusticia y lo único que queremos es ser reconocidas como seres humanos en igualdad de derechos. Lo único que queremos y pedimos es desterrar para siempre la violencia de nuestra vida. Desterrar la sombra de la posible violencia que siempre se cierne sobre nosotros, esa sombra que nos acompaña y que oscurece nuestro día a día.

nota:

Esta semana he estado cerca de dos referencias directas de violencia hacia la mujer. La primera una historia del libro del círculo de lectura que trataba de la ablación y la segunda la película "un hombre mejor" Ambas me dejaron con un sabor amargo en la boca y con esa sensación de indefensión e impotencia que las mujeres sentimos frente al maltrato de una compañera. Y digo las mujeres sentimos. a propósito y con toda la intención, pues creo que los hombres, por muy sensibles y compañeros de lucha que sean, son incapaces de sentir lo mismo. Son incapaces de colocarse en nuestros zapatos y de recorrer el largo camino de discriminación y maltrato al que hemos sido sometidas siempre. Un largo camino invisibilizado y silenciado por todos incluso y a veces por nosotras mismas.



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