| Sorolla Paseo a Orillas del mar |
El don de la sutileza no le fue dado. Parece que cuando nació por un momento de descuido o por olvido no se le
otorgó. La sutileza esa habilidad o
agudeza para hacer o decir las cosas, ese ingenio para decir o hacer sin dañar
a los demás no estuvo dentro de los rasgos concedidos.
El resultado de esta casi catástrofe no fue para él, que impasible y
sin medir sus palabras y sus acciones iba por la vida. El resultado nefasto fue
para los demás.
Todos sin excepción recibieron algo, todos sin excepción se vieron
afectados por su comportamiento o sus palabras. La sutileza, esa forma de
hacer, decir y ser, ayuda a ir por la vida sin herir a los demás, sin afectar
al otro, era para él algo ignorado, totalmente desconocido.
Ya en la infancia su familia se dio cuenta de lo duro que podía ser,
de lo directo e hiriente que resultaba. Cuando trataban de hacerle ver la
molestia que les ocasionaba, o las molestias que esto le ocasionaría, él se
defendía argumentando que sólo era sincero, que solo expresaba lo que sentía.
No se daba cuenta que la sinceridad excesiva, que la sinceridad a bocajarro
encerraba una forma de agresividad pasiva, un algo de sadismo emocional.
Y así fue por la vida, haciendo y diciendo, con su lengua hiriente,
sus palabras mordaces siempre ocultas en la coraza de la sinceridad.
Pero a todo el mundo le llega su hora. A todo el mundo le llega el
momento de enfrentar lo real. A todo el mundo le llega el momento de darse
cuenta de cómo es en realidad.
El momento se presentó con una de sus parejas, no fue la primera o la
última. Fue una pareja de transición, una de esas parejas que llegan a tu vida
por un breve período, pero que determinan un antes y un después, parejas
significativas, pero no definitivas que cambian para siempre tu rumbo.
Todo empezó una mañana cuando en un rapto de sinceridad excesiva, de
sadismo encubierto, de agresividad pasiva por parte de él, ella lo miró de
frente y con las manos en la cintura, como modelo de pasarela lo enfrentó
directamente y le dijo todo lo que durante meses había pensado.
Empezó por enumerarle todas las cosas que le molestaban de él,
prosiguió por hacer una lista de todas las veces que tras la fachada de
sinceridad la había herido, posteriormente le indicó como podía haber hecho o
dicho las cosas de forma sincera pero sin herir a nadie y finalmente terminó,
no con una conclusión lógica o racional, sino con una frase categórica y clara,
una frase corta y hasta un poco grosera, una frase que resonó y resuena todavía
en su pensamiento: "vete a la mierda". Y dicho esto de manera clara,
con una dicción perfecta y con una contundencia que no dejaba dudas y que encerraba
un adiós final se alejó para siempre de
su vida.
Fueron días duros los que siguieron. Días donde cada palabra dicha por
ella se clavaba en su corazón y en su ánimo.
Empezó por negarlas, después las analizó para desmontarlas, pero por
último las aceptó.
Esta aceptación le hizo ver que ella lo había tratado de la misma
manera que él siempre trató a los demás y por primera vez se dio cuenta de lo
había hecho durante toda su vida. Disfrazar su sadismo encubierto y su
agresividad pasiva en un eufemismo llamado sinceridad.
A partir de ese momento trato de aprender ese don que no le fue dado y
se esmeró en ser sutil, en desarrollar la sutileza. No siempre lo logra y a
veces hasta vuelve a ser el mismo de antes con la “sutil” diferencia que ahora
se da cuenta y hasta pide disculpas.
No podemos decir que su vida cambió, pero sí que mejoró el trato hacia
los demás.
Muchas veces cuando tratas a alguien de la misma manera en que eres
tratado se producen cambios importantes. Muchas veces por no herir a esa
persona, que no muestra ningún signo de consideración, que se escuda y se
excusa en la sinceridad para destrozarnos, nos quedamos callados.
Tratar de igual manera a como nos tratan, dar un trato equitativo e igual puede mejorar la relación o no, pero lo que si logramos es develar la situación y entender su verdadero significado.
Siempre tenemos que ser honesto pero con una sinceridad vestida de sutileza, vestida como las mujeres de Sorolla que pasean a la orilla del mar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario