lunes, 7 de mayo de 2018

el silencio

Sleeping Lady with Black Vase, Róbert Berén

La noche silenciosa la despertó. No se escuchaba nada, absolutamente nada. Era tal el silencio que escuchaba su respiración y el latido solitario de su corazón.
Aguzó su oído pero no había ningún ruido, ni un solo sonido. Dejó de respirar por un segundo y cerró los ojos. Nada no se escuchaba nada, no había ningún sonido externo. Era como si hubieran bajado el volumen de la vida, como si hubieran  presionado  el botón de apagado.
El silencio se convirtió en algo aterrador.
Se levantó salió a la terraza, miro la calle silenciosa, los semáforos dando indicaciones a la nada cambiaban impasibles del verde al rojo. Todos los edificios con las luces apagadas, los focos amarillos de las calles alumbraban tenuemente la soledad.
El suspiro que salió de su boca fue escuchado tan nítidamente que sintió su piel erizarse. ¿Qué  habrá pasado? ¿Por qué no se escuchaba nada?
Camino por la casa, apoyo en las puertas de cada habitación su cabeza y pego el oído, pero las respiraciones familiares no se escuchaban. No se atrevió a abrir, no quería irrumpir en el sueño de otros o descubrir las camas vacías.
Fue nuevamente a la terraza, todo seguía igual, las luces mortecinas alumbrando las calles y el semáforo con su intermitencia roja y verde. Después de un rato volvió a su habitación y se acostó en su cama, se abrigó dejando solo al descubierto su cara y sus ojos atemorizados.
Hundida en el silencio, hundida en la noche, espero un amanecer que no llegaba, un amanecer que nunca llegó.
El tiempo suspendido y ella como único testigo. Ella quizás la única superviviente de esta debacle, de esta tragedia.
Un perro ladró triste a lo lejos, seguido por el canto de un gallo, abrió los ojos y se despertó.
Se movió en la cama y escucho los sonidos de siempre, los sonidos que anunciaban el despertar del día. Suspiro aliviada. Había sido un sueño, solamente un sueño, todo volvía a la normalidad.
Abrió nuevamente los ojos y el silencio aterrador, tangible seguía ahí. Había despertado del sueño de la normalidad. Había despertado del canto del gallo, del ladrido lejano del perro, de los sonidos familiares. Había despertado al silencio. En la cama, sin atreverse a levantar, con los ojos aterrorizados y los oídos alertas espero por un amanecer que nunca llego.

No hay comentarios:

Publicar un comentario