miércoles, 23 de mayo de 2018

Palabras II

tarde de verano Edward Hopper 

Hay palabras fundamentales en toda relación, palabras que sí no se dicen o hacen terminan por destruirla. Palabras no necesariamente particulares, ni especiales pero si fundamentales.
En la relación de ellos las palabras básicas se dijeron continuamente, no escatimaron en los te quiero o los te amo, los repitieron cada día al salir el sol, los seguían repitiendo cuando el sol llegaba al zenit, proseguirán en el atardecer cuando el sol se difuminaba en bellos crepúsculos y aumentaban cuando el sol se ocultaba y sus cuerpos desnudos bajo las sábanas se buscaban con la pasión dulce que siempre los acompaño. Días de verano llenos de esas palabras básicas y de una calidez que competía con el mismo sol.
Se dijeron tantas veces las palabras básicas que llegaron a creérselas, que llegaron a sentir que lo que se repetían continuamente era verdad y cobijados en esa certeza de palabras básicas iniciaron una vida compartida.
Sin embargo esta relación llena de te quiero y te amos tuvo un final doloroso para ambos, algo que nunca llegaron a imaginar o tal vez si, nunca se sabrá o nunca lo sabrán pues todavía hoy estas palabras básicas resuenan en sus cabezas, laten en sus corazones y se repiten a lo largo del día, mientras el sol hace su recorrido diario por el cielo.
Pero como decía hay palabras fundamentales en toda relación, palabras que aunque no se pronuncien, aunque nunca alcancen sonoridad son determinantes.
Son apenas cuatro palabras, cuatro palabras que no les basta con ser pronunciadas sino que implican acciones, porque hay palabras que no solo pertenecen al ámbito del discurso sino que tiene que practicarse en la vida diaria. Estas palabras son: sinceridad, confianza, aceptación y compromiso. Palabras que en su acepción más corriente y aceptada pueden definirse como lo que sigue:
Sinceridad: Sencillez, veracidad, modo de expresarse o de comportarse libre de fingimiento
Confianza: Esperanza firme que una persona tiene en que algo suceda, sea o funcione de una forma determinada, o en que otra persona actúe como ella desea.
Aceptación. Valorar al otro tal y como es  con sus errores y sus equivocaciones, con sus aciertos y su lucidez.
Compromiso: Cumplir con las obligaciones voluntariamente, trabajar por lo que se ha propuesto o por lo que le ha sido encomendado.  Vivir, planificar y reaccionar de forma acertada para conseguir sacar adelante lo que se quiere.
Estas cuatro palabras, sucintamente definidas, hacen que las palabras básicas adquieran el verdadero significado  ya que  son indicadores de los te quiero y te amo en el día a día.
La sinceridad en ellos no fue clara, ni diáfana, fue una sinceridad a medias, había cosas ocultas que nunca se dijeron, había cosas secretas que guardaban cada uno para si, tal vez por temor a mostrarse desnudo frente al otro, tal vez por que representaban aspectos que preferían esconder o tal vez por falta de costumbre o incapacidad para mostrarse abiertamente y ventilar sus emociones, su ser, sus miedos frente al otro, frente a los demás. Pero cuando la sinceridad no es expresada en palabras, sencillamente, deja de existir, se expulsa de la vida. La sinceridad por definición encierra siempre un mostrarse ante los otros.
La sinceridad va unida irremediablemente a otra de las palabras fundamentales, a la palabra confianza.
Confiar implica que nada se oculta, todo se dirime, se plantea, se habla. No hay cosas importantes que no se comuniquen, pues la confianza es frágil, tan frágil que aún una leve sospecha puede romperla, hasta enterrarla para siempre, y una vez vulnerada o rota es difícil de recuperar, siempre quedará resentida y aunque tratemos de recoger las piezas y pegarla nuevamente siempre se verán los empates y el pegamento de la restauración.
Sólo con sinceridad y confianza se podrá poner en práctica la siguiente palabra: aceptación, sólo podemos aceptar lo que conocemos cabalmente, en lo que confiamos ciegamente. No podemos aceptar un otro oscuro o encubierto, no podemos aceptar algo o alguien en que o en quien no confiamos. Para aceptar hay que conocer y confiar si esto no se da no hay aceptación, uno no acepta la idea del otro, uno acepta al otro tal y como es, con sus defectos y sus virtudes, con sus problemas y sus alegrías, con su confusión o su claridad. En fin, estas tres palabras van tomadas de la mano como vértices de un mismo triangulo, como tres caminos separados que al final se unen en el gran camino que es la vida en pareja, un camino común y en una sola dirección.
Pero estas palabras, que más que discurso son acciones, solo podrán funcionar si hay un auténtico compromiso. Un compromiso por mantener la relación, un compromiso de dos que garantice al menos un deseo de continuidad, de ganas de enfrentar el difícil mundo de la convivencia.
En ellos estas palabras fundamentales sólo se mostraron a medias, sólo se dijeron a media voz, sólo se mostraron en algún aspecto. Por eso a pesar de los te quiero y te amo, todo acabó. El final se iba construyendo cada día, en cada amanecer daban un paso más en esa dirección, en cada hora que transcurría se cernían sobre la sinceridad, la confianza y la aceptación sombras oscuras que se posaban sobre el compromiso y el deseo de continuar.
Hay palabras que no sólo con nombrarlas se convierten o representan una realidad, hay palabras que sólo adquieren su significado cuando se practican o se viven...

No hay comentarios:

Publicar un comentario