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| Eugéne Delacroix-la muerte de ofelia |
Anoche la sombra negra se fue conmigo a la cama, hoy al despertarme
seguía durmiendo a mi lado…
La negra sombra siempre aparece, vive al acecho y nubla tu vida cuando
menos lo esperas.
Se alimenta de todo, se nutre de cualquier circunstancia y se regodea
con nosotros los expulsados.
Los expulsados, de nuestra vida, de nuestro país, de nuestra
felicidad, convivimos con ella. Planea sobre nuestras cabezas esperando un
momento de descuido, para recordarnos su eterna presencia. Oscurece nuestras
horas, nubla todo buen momento, siempre ahí, para recordarte que perdiste todo.
La negra sombra entra sin tocar y se instala en tus días, no la has
invitado, no la quieres en tu vida pero no la puedes expulsar, está ahí,
siempre ahí.
Los expulsados la conocemos tan bien. Los expulsados la hemos hecho
tan parte de nosotros que, a veces pienso, no imaginamos nuestra vida sin su
compañía, sin su presencia.
Y es que la expulsión y la negra sombra vienen juntas, nacen el mismo
día, recorren los mismos caminos, habitan la misma casa. Ambas consumen vorazmente
tus esperanzas. Ambas nadan en las lágrimas que ruedan por tu rostro. Ambas
invaden tus sueños y tus despertares.
Días siempre oscuros, días grises son los días de los expulsados. Días
de tristeza infinita, de dolor en el pecho, de llantos imprevistos, de
añoranzas presentes, de huecos insaciables imposibles de llenar.
Y es que los expulsados y la sombra negra vamos siempre de luto,
siempre de duelo, como plañideros eternos lloramos juntos la peor pérdida.
Y es que los expulsados y la sombra negra asistimos consternados al entierro
de nuestros planes, de nuestros sueños... Al entierro de nuestra vida, de
nuestra propia vida. Un entierro infinito, constante, sin fin.
Un entierro al que asistimos diariamente, siempre con la esperanza
oculta de que esta muerte terrible, esta muerte de nosotros mismo solo sea una
pesadilla y que despertaremos en nuestra cama, en nuestra casa, en nuestra
vida, en nuestro país.
Anoche la sombra negra se fue conmigo a la cama, hoy al despertarme seguía
durmiendo a mi lado, se despertó inmediatamente
y me acompañó arrastrando los pies a tomar café, un café que sabía y olía a
pesadumbre. En mi condición de expulsada
son muchas las noches que compartimos cama, pero la compañía de anoche tenía
una razón en mayúsculas, ayer apareció en mi vida el “cuando era”, por primera vez hable de mí
en pasado. Estas dos palabras iniciaron y anunciaron mi muerte y mi entierro
definitivo.
Hoy apenas se inicia el duelo por mi muerte, producto de una
enfermedad que se inició al montarme en el avión, que se ha ido agravando y
hecho crónica en los últimos meses. Hoy los invitó al sepelio de mi vida, una
vida buena y digna de la que fui expulsada. Hoy los invitó a darme el pésame, a
darme un abrazo fuerte. Hoy los invitó hablar del “cuando era”, con cariño, con
humor, con melancolía y un poco de nostalgia. Ese “cuando era” y todo lo que vivió. Ese “cuando era” que entierro hoy.
para leer esto escuchen Negra Sombra

Ese entierro lo conozco y me da mucha rabia. Espero que seamos más fuertes que ella y que nuestros ancestros los guanches, nos despejen esas nubes negras de nuestro cielo.
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