| foto del venezolano news |
Recordó las navidades de antes,
cuando el barrio se llenaba de alegría con la llegada de diciembre, cuando de
cada casa salía música de gaita, olor a hallacas y a cerveza polar, cuando los
niños alborozados se mostraban en las calles el regalo que había traído el niño
Jesús, cuando no faltaba un pan de jamón, un dulcito de lechosa y un trozo de
pernil en casi ninguna mesa…
Siempre había sido pobre, siempre
había vivido en el barrio, siempre había vivido en un rancho siempre había trabajado como señora de
servicio y nunca había tenido tan poco o tan nada como tenía hoy.
Era 24 de diciembre y del
aguinaldo que le habían pagado no le quedaba nada, se lo había gastado en dos
kilos de harina, dos kilos de arroz y un cartón de huevos. Sonrió con tristeza,
con total desesperanza.
Un sabor de hallacas le llego a
su boca y recordó cuando toda la familia se reunía para prepararlas, la alegría
de todos, la emoción de todos al compartir ese momento de auténtica tradición. Todos
participaban hasta los niños con sus pequeñas manitos colocaban las pasas, las
alcaparras.
Hoy en los platos solo habría un
poco de arroz blanco, una arepa y un revoltillo de huevo. Un plato blanco y
deslucido. Un plato triste y sin color. Un plato como el de todos los días, bueno, como todos los dias no, como los dias que tenían suerte de conseguir comida.
Se asomó a la calle en las
puertas de los ranchos, donde antes había hombres y mujeres sentados al lado de
una gavera de cerveza, hablando y riendo, ahora había personas taciturnas, casi dolientes, la
navidad se había convertido en un funeral donde se estaban enterrado todas las
pocas alegrías que antes disfrutaban.
Una vecina se acercó, una vecina
flaca, macilenta y le dijo que iban a repartir la bolsa del clap, pero ella ya
no tenía dinero para comprarla. Ella estaba limpia, sin un centavo en la cartera.
Cómo les explicaría a los niños
pequeños que este año el niño Jesús no traería nada, que el niño Jesús también los
había abandonado. Los niños cada vez más menguados por el hambre, los niños cada vez más tristes por el hambre,
los niños cada vez con menos futuro y sin ninguna navidad.
Entro a la casa, el televisor
prendido sin nadie frente a él, había una de las cadenas diarias, ya ni
televisión podían ver, ya ni radio podían oír. Siempre, a cualquier hora, interrumpía la programación para hablar de lo mismo de revolución, de imperio,
de guerra económica… ya no había espectadores, hablaba para fantasmas. Al acercarse
para apagarlo solo oyó ‟ feliz navidad
al pueblo revolú…“
¿Feliz navidad? Y sintió que se estaban burlando de ella. ¿Feliz navidad? Repetía una y otra vez. Se acercó
a la cocina a preparar arroz blanco, arepas y revoltillo de huevo. Un plato blanco para esta
navidad triste y sin color. un suspiro de añoranza salio de su boca mientras pensaba !Que navidades aquellas!
No hay comentarios:
Publicar un comentario