lunes, 18 de diciembre de 2017

Triste navidad



foto del venezolano news

Recordó las navidades de antes, cuando el barrio se llenaba de alegría con la llegada de diciembre, cuando de cada casa salía música de gaita, olor a hallacas y a cerveza polar, cuando los niños alborozados se mostraban en las calles el regalo que había traído el niño Jesús, cuando no faltaba un pan de jamón, un dulcito de lechosa y un trozo de pernil  en casi ninguna mesa…
Siempre había sido pobre, siempre había vivido en el barrio, siempre había vivido en un rancho siempre había trabajado como señora de servicio y nunca había tenido tan poco o tan nada como tenía hoy.
Era 24 de diciembre y del aguinaldo que le habían pagado no le quedaba nada, se lo había gastado en dos kilos de harina, dos kilos de arroz y un cartón de huevos. Sonrió con tristeza, con total desesperanza.
Un sabor de hallacas le llego a su boca y recordó cuando toda la familia se reunía para prepararlas, la alegría de todos, la emoción de todos al compartir ese momento de auténtica tradición. Todos participaban hasta los niños con sus pequeñas manitos colocaban las pasas, las alcaparras.
Hoy en los platos solo habría un poco de arroz blanco, una arepa y un revoltillo de huevo. Un plato blanco y deslucido. Un plato triste y sin color. Un plato como el de todos los días, bueno, como todos los dias no, como los dias que tenían  suerte de conseguir comida.
Se asomó a la calle en las puertas de los ranchos, donde antes había hombres y mujeres sentados al lado de una gavera de cerveza, hablando y riendo, ahora  había personas taciturnas, casi dolientes, la navidad se había convertido en un funeral donde se estaban enterrado todas las pocas alegrías que antes disfrutaban. 
Una vecina se acercó, una vecina flaca, macilenta y le dijo que iban a repartir la bolsa del clap, pero ella ya no tenía dinero para comprarla. Ella estaba limpia, sin un centavo en la cartera.
Cómo les explicaría a los niños pequeños que este año el niño Jesús no traería nada, que el niño Jesús también los había abandonado. Los niños cada vez más menguados por el hambre,  los niños cada vez más tristes por el hambre, los niños cada vez con menos futuro y sin ninguna navidad.
Entro a la casa, el televisor prendido sin nadie frente a él, había una de las cadenas diarias, ya ni televisión podían ver, ya ni radio podían oír. Siempre, a cualquier hora,  interrumpía la programación para  hablar de lo mismo de revolución, de imperio, de guerra económica… ya no había espectadores, hablaba para fantasmas. Al acercarse para apagarlo solo oyó  ‟ feliz navidad al pueblo revolú…“
¿Feliz navidad? Y sintió  que se estaban burlando de ella.  ¿Feliz navidad? Repetía una y otra vez. Se acercó a la cocina  a preparar arroz blanco,  arepas y  revoltillo de huevo. Un plato blanco para esta navidad triste y sin color. un suspiro de añoranza salio de su boca mientras pensaba !Que navidades aquellas!   

No hay comentarios:

Publicar un comentario