viernes, 15 de diciembre de 2017

Desesperación

Se levantó de la cama destartalada, arrastro los pies hasta el fogón que hacía las veces de cocina, miró a su alrededor y no encontró nada que llevarse a la boca, ayer habían consumido la poca harina que les quedaba. Pensó que llevaban meses acostándose con hambre y despertándose con hambre, comiendo lo poco que se conseguía a precios impagables.
Era una mujer joven pero representaba el doble de su edad, su piel colgaba un poco por el cuerpo, como si se hubiera vestido con una piel dos tallas mayor. Se entreveían casi todos los huesos, su rostro era casi una máscara mortuoria, enmarcada por un pelo quebradizo y opaco, sus ojos habían perdido totalmente el brillo y la sonrisa había huido de su rostro.
Por su rostro bajaron dos lagrimones, densos, pesados, como gotas de lluvia. Cada mañana al despertarse y contemplar a su hijo todavía dormido ocurría lo mismo, lo imaginaba  soñando con la comida que al despertar nunca se llevaría a la boca.  Lo miro con ojos preocupados cada día se consumía un poco más.
Salió a la calle, con su paso cansado, su bata ancha, su piel caída  y su rostro triste, camino hasta la esquina y empezó a  hurgar en la basura, no encontraba nada, la gente  no botaba nada. Nada, nada, nada, repetía mientras sus manos pringosas se perdían en la basura. Cada vez  más desesperada buscaba con impotencia pero no encontró nada.  Regreso a su casa, con su paso cansado, su bata ancha, su piel caída, su rostro triste y sus manos sucias,  el niño seguía dormido, se sentó en la cama a contemplarlo. Los lagrimones salían a borbotones, para impedir que sus sollozos despertaran al niño los ahogaba apretando las manos embadurnadas  en su boca con fuerza.
Hambre y desesperación era lo único que sentía, hambre y desesperación era lo único que tenía. En hambre y desesperación se habían convertido sus días.
De pronto dejo de llorar, con los ojos cuajados de lágrimas  miro al niño,  observaba su piel reseca y ceniza, su pelo marchito, su aspecto de saquito de huesos, pensando  que solo  futuro de hambre y desesperación le esperaba. Decidida se levantó, con determinación tomo su almohada  y lentamente se acercó a su hijo.

   

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