Se levantó de la cama
destartalada, arrastro los pies hasta el fogón que hacía las veces de cocina,
miró a su alrededor y no encontró nada que llevarse a la boca, ayer habían
consumido la poca harina que les quedaba. Pensó que llevaban meses acostándose
con hambre y despertándose con hambre, comiendo lo poco que se conseguía a
precios impagables.
Era una mujer joven pero
representaba el doble de su edad, su piel colgaba un poco por el cuerpo, como
si se hubiera vestido con una piel dos tallas mayor. Se entreveían casi todos
los huesos, su rostro era casi una máscara mortuoria, enmarcada por un pelo
quebradizo y opaco, sus ojos habían perdido totalmente el brillo y la sonrisa
había huido de su rostro.
Por su rostro bajaron dos
lagrimones, densos, pesados, como gotas de lluvia. Cada mañana al despertarse y
contemplar a su hijo todavía dormido ocurría lo mismo, lo imaginaba soñando con la comida que al despertar nunca
se llevaría a la boca. Lo miro con ojos
preocupados cada día se consumía un poco más.
Salió a la calle, con su paso
cansado, su bata ancha, su piel caída y
su rostro triste, camino hasta la esquina y empezó a hurgar en la basura, no encontraba nada, la
gente no botaba nada. Nada, nada, nada, repetía
mientras sus manos pringosas se perdían en la basura. Cada vez más desesperada buscaba con impotencia pero no
encontró nada. Regreso a su casa, con su
paso cansado, su bata ancha, su piel caída, su rostro triste y sus manos sucias,
el niño seguía dormido, se sentó en la
cama a contemplarlo. Los lagrimones salían a borbotones, para impedir que sus
sollozos despertaran al niño los ahogaba apretando las manos embadurnadas en su boca con fuerza.
Hambre y desesperación era lo
único que sentía, hambre y desesperación era lo único que tenía. En hambre y
desesperación se habían convertido sus días.
De pronto dejo de llorar, con los
ojos cuajados de lágrimas miro al niño, observaba su piel reseca y ceniza, su pelo marchito,
su aspecto de saquito de huesos, pensando que solo futuro de hambre y desesperación le esperaba. Decidida
se levantó, con determinación tomo su almohada
y lentamente se acercó a su hijo.
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