sábado, 16 de diciembre de 2017

27 dias esperando la muerte

foto de talcual 

Se mueve inquieto, por momentos se retuerce de dolor, apenas gritos quedos salen de su boca. Cada día más débil, cada día más flaco, cada día  peor.
Su hijo lleva 27 días en el hospital, lo atropello un carro que se dio a la fuga, que lo dejo tirado en medio de la calle con su pierna partida y su vida deshecha.
27 días en un hospital  donde no hay nada, ni camas, ni medicina, ni comida. 27 días consumiendo su vida.
Los médicos no pueden hacer nada,  solo le entregan récipes con medicinas para un tratamiento salvador que solo es imaginario.
Los médicos le dicen que si encuentra el tratamiento recomendado hay esperanzas. Que si encuentra el tratamiento recomendado no le cortaran la pierna. Que si encuentra el tratamiento recomendado podrán salvarle la vida.
Ella se lanza  descorazonada en una búsqueda infructuosa, hace  colas en cada farmacia  para preguntar por medicinas que sabe de antemano que no están, pregunta a los conocidos y también  a los desconocidos que deambulan como ella por cada farmacia.
Mientras busca arrastra sus pies cansados, sus piernas varicosas, su cuerpo flaco y exangüe.
Cada día llega a visitarlo en el inútil y desvencijado hospital con las manos vacías. Al entrar siente el fuerte olor a muerte que emana de su hijo.   Él apenas abre los ojos para mirarla, ha dejado de pensar, solo siente el dolor intenso en la pierna inmóvil y putrefacta.  Se acerca a él con una sonrisa triste y para ocultarle sus lágrimas observa con sus ojos nublados a los otros enfermos que comparten ese espacio indefinido en el que se encuentran.
Desde que llegaron, hace 27 días, no hay habitaciones. El hospital esta abarrotado de todas las edades posibles, de todas las enfermedades posibles, de todas  las miserias posibles. Los que se han ido no han sido dados de alta, simplemente han muerto. Los médicos además de entregar récipes con tratamientos imaginados y probablemente acertados, entregan actas de defunción. Los hospitales se han convertido en preámbulos de la muerte y los médicos en Carontes destinados a hacer el trámite legal entre la vida y la muerte.
Al día siguiente consigue que una señora para la que trabajó le envié las medicinas desde el exterior, llega emocionada arrastrando sus pies cansados, sus piernas varicosas, su cuerpo flaco y exangüe. Al llegar a la sala indeterminada no siente el olor familiar y la cama de su hijo esta ocupada por un niño que llora y grita. Busca alguna enfermera,  algún doctor a cualquiera que le diga que paso, pero en la sala solo hay enfermos, viejos, adultos, jóvenes, niños, quejándose, gritando, llorando en silencio o a viva voz, enfermos adoloridos, tristes, macilentos, enfermos de muerte. 
Sale al pasillo, ve una enfermera de ropa percudida y ajada,  se acerca a ella, no puede lograr que la pregunta salga de su boca, la enfermera la mira y lo único que hace es asentir.



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