miércoles, 13 de diciembre de 2017

Hoy desde la distancia pero no de la lejanía...



Hoy hace 10 dias que partí de Florencia, hoy hace 10 dias que el corazón no me habita, él decidió  quedarse en una casita de la toscana para acompañar a un hombre confundido y a una perrita hambrienta. Hoy desde la distancia pero no de la lejanía recuerdo con tristeza  lo perdido y con inmensa alegría lo vivido.
Mi estadía en esa tierra hermosa se resume en una palabra amor. Amor por sus colores, sus paisajes, sus esculturas, sus calles, su historia, sus museos, sus pueblos, su gente. En la toscana se combina la belleza natural con las más maravillosas creaciones del hombre. Es el lugar ideal para pasar la vida o al menos un poquito de ella.
Mi estancia fue contradictoria, combinó  la magia del amor con el miedo, combinó  tranquilidad y equilibrio con  agitación y desvarío, combinó la alegría con la tristeza, combinó la cotidianidad con la extravagancia. Combinó todas las emociones posibles. Lo imaginable y lo inimaginable se conjugaron diariamente. A lo esperado siempre se sobrepuso lo inesperado.
Todo lo vivido me ha brindado  experiencias extraordinarias, únicas y espero que irrepetibles.
Hoy desde la distancia pero no de la lejanía recuerdo un amor lindo, casi sublime, lleno de pasión, de pequeños y hermosos momentos compartidos, pero también recuerdo el miedo frente al desvarío que nos acompañaba siempre, frente al  delirio desquiciado de la obsesión, frente a la persecución a la que fue sometido cada día.
Hoy desde la distancia pero no de la lejanía recuerdo lo poco que luchamos, lo rápido que nos entregamos, lo pronto que sucumbimos a un exterior disparatado, absurdo, enajenado. Un exterior que se adueñó de nosotros  y nos hizo renunciar a la oportunidad, a la posibilidad de vivir un amor maduro y feliz. Después de los hechos acontecidos pienso que no nos merecíamos ese amor que tan rápidamente entregamos, pienso que si nos hubiéramos querido lo suficiente habríamos luchado hasta vivirlo.
Ese amor que se inició como una promesa de felicidad se hundió con el pasar del tiempo en  un lago de incertidumbre, de confusión, de miedo. Las brazadas de ahogado que con desesperación dábamos para tratar de salvarlo lo sumergían cada vez más. Al final exhausto descendió en las oscuras aguas de la fatalidad.
A medida que escribo y reflexiono sobre lo vivido me doy cuenta que ese amor lindo, casi sublime, lleno de pasión, de pequeños y hermosos momentos compartidos empieza a desdibujarse, a perder brillo, a convertirse en un amor casi cobarde, que prefirió abandonar y entregarse a la fatalidad que la vida ofrecía. Como dice Silvio Rodríguez ‟los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias se quedan allí, ni el deseo los puede salvar…“  Nosotros lo convertimos en un amor fallido, en un amor malogrado.
¿Por qué? ¿Qué nos pasó? Hay respuestas simples y responsable directo, pero la realidad es la falta de madurez  emocional, la historia personal y  las carencias afectivas de todos los que nos involucramos en esa relación patológica, enfermiza, dependiente y nociva. Todos, sin excepción, esperábamos que él otro nos salvará, nos solucionará la vida, nos apoyará incondicionalmente para seguir adelante. Todos depositamos la solución de la situación en el otro, sin darnos cuenta que los únicos que podemos cambiar nuestra vida somos nosotros mismos.
El amor que sentimos pasará, no hay sentimiento que no sucumba al paso del tiempo, el aprendizaje incidirá en cualquier relación futura. Retomaré mi vida sin los otros, pero con la Toscana y su belleza  siempre en mi corazón.
Siento que mi corazón vuelve a habitarme después de estas breves líneas. El hombre confundido puede proseguir su vida o retornar a su vida  pasada. Solo un pedacito de mi corazón  permanecerá junto a un lomo blanco y suave, ese lomo blanco y suave que siempre me brindo amor incondicional.


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