Hoy hace 10 dias que partí de
Florencia, hoy hace 10 dias que el corazón no me habita, él decidió quedarse en una casita de la toscana para
acompañar a un hombre confundido y a una perrita hambrienta. Hoy desde la
distancia pero no de la lejanía recuerdo con tristeza lo perdido y con inmensa alegría lo vivido.
Mi estadía en esa tierra hermosa
se resume en una palabra amor. Amor por sus colores, sus paisajes, sus
esculturas, sus calles, su historia, sus museos, sus pueblos, su gente. En la
toscana se combina la belleza natural con las más maravillosas creaciones del
hombre. Es el lugar ideal para pasar la vida o al menos un poquito de ella.
Mi estancia fue contradictoria,
combinó la magia del amor con el miedo,
combinó tranquilidad y equilibrio
con agitación y desvarío, combinó la
alegría con la tristeza, combinó la cotidianidad con la extravagancia. Combinó
todas las emociones posibles. Lo imaginable y lo inimaginable se conjugaron
diariamente. A lo esperado siempre se sobrepuso lo inesperado.
Todo lo vivido me ha brindado experiencias extraordinarias, únicas y espero
que irrepetibles.
Hoy desde la distancia pero no de
la lejanía recuerdo un amor lindo, casi sublime, lleno de pasión, de pequeños y
hermosos momentos compartidos, pero también recuerdo el miedo frente al desvarío
que nos acompañaba siempre, frente al
delirio desquiciado de la obsesión, frente a la persecución a la que fue
sometido cada día.
Hoy desde la distancia pero no de
la lejanía recuerdo lo poco que luchamos, lo rápido que nos entregamos, lo
pronto que sucumbimos a un exterior disparatado, absurdo, enajenado. Un
exterior que se adueñó de nosotros y nos
hizo renunciar a la oportunidad, a la posibilidad de vivir un amor maduro y
feliz. Después de los hechos acontecidos pienso que no nos merecíamos ese amor que
tan rápidamente entregamos, pienso que si nos hubiéramos querido lo suficiente habríamos
luchado hasta vivirlo.
Ese amor que se inició como una
promesa de felicidad se hundió con el pasar del tiempo en un lago de incertidumbre, de confusión, de miedo.
Las brazadas de ahogado que con desesperación dábamos para tratar de salvarlo lo
sumergían cada vez más. Al final exhausto descendió en las oscuras aguas de la
fatalidad.
A medida que escribo y reflexiono
sobre lo vivido me doy cuenta que ese amor lindo, casi sublime, lleno de
pasión, de pequeños y hermosos momentos compartidos empieza a desdibujarse, a
perder brillo, a convertirse en un amor casi cobarde, que prefirió abandonar y
entregarse a la fatalidad que la vida ofrecía. Como dice Silvio Rodríguez ‟los
amores cobardes no llegan a amores, ni a historias se quedan allí, ni el deseo
los puede salvar…“ Nosotros lo
convertimos en un amor fallido, en un amor malogrado.
¿Por qué? ¿Qué nos pasó? Hay respuestas
simples y responsable directo, pero la realidad es la falta de madurez emocional, la historia personal y las carencias afectivas de todos los que nos
involucramos en esa relación patológica, enfermiza, dependiente y nociva. Todos,
sin excepción, esperábamos que él otro nos salvará, nos solucionará la vida,
nos apoyará incondicionalmente para seguir adelante. Todos depositamos la solución
de la situación en el otro, sin darnos cuenta que los únicos que podemos
cambiar nuestra vida somos nosotros mismos.
El amor que sentimos pasará, no
hay sentimiento que no sucumba al paso del tiempo, el aprendizaje incidirá en
cualquier relación futura. Retomaré mi vida sin los otros, pero con la Toscana
y su belleza siempre en mi corazón.
Siento que mi corazón vuelve a
habitarme después de estas breves líneas. El hombre confundido puede proseguir
su vida o retornar a su vida pasada. Solo
un pedacito de mi corazón permanecerá junto
a un lomo blanco y suave, ese lomo blanco y suave que siempre me brindo amor incondicional.

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