miércoles, 4 de octubre de 2017

Desarraigo






Bruno Catalano 




Sentada en el Aeropuerto, única constante de estos últimos cuatro meses, una sola palabra viene a mi cabeza y se repite como eco lejano "Desarraigo"
Desarraigo escucho cuando bajo las escaleras cargando la pesada maleta, donde llevo mis únicas posesiones.
Desarraigo, susurran las ruedas del coche que me traslada al aeropuerto.
Desarraigo, repetida, en mi mente hasta la saciedad, mientras hago el check-in, me saco la correa, los zapatos y coloco mis bienes más preciados, laptop y móvil, en las cajas de seguridad.
Desarraigo es el sonido de mis pasos mientras busco y, finalmente, encuentro la puerta de embarque.
Y es tal el eco en mi cabeza, que lo primero que hago al conectarme al wifi es buscar su definición para ver si el significado se aproxima a este vacío, desapego y distanciamiento... que siento, a esta angustia instalada en mi estómago.

"Se denomina desarraigo al proceso y el resultado de desarraigar: extraer una planta de raíz; expulsar o alejar a alguien de su lugar de origen; anular o suprimir una costumbre. La noción suele emplearse respecto a lo que siente aquel que debe emigrar de su tierra."

¿Se aproxima está sucesión de palabras a lo que estoy sintiendo? ¿Sirve el lenguaje para definir cualquier sentimiento?

Analizó cada palabra que encierra esta definición y la comparo con lo que siento.
Todas ellas dicen algo de lo que en términos simples significa. 'Extraer, expulsar, alejar, anular, suprimir" pero hablan de la acción, no de la sensación que siente o sufre el objeto de esa acción.

“extraer, expulsar, alejar, anular, suprimir"

Me siento extraída, arrancada de mi vida. La vida que he vivido hasta hace apenas meses ya no existe más. La vida conocida se esfumo y se ha convertido en un recuerdo, en mera memoria.

Me siento expulsada, razones fuera de mi decisión y de mi voluntad me desterraron de mi vida, una fuerza ajena me ha impelido fuera de mi vida. una fuerza ajena me arrastra fuera de lo hasta ahora conocido y a partir de ese momento todo se ha convertido en algo incognito, desconocido, incierto.

Me siento alejada, tanto por distancia física, como por la obligada distancia emocional que tengo que forzarme a sentir para sobrevivir. Desvincularme del pasado, pensar solo en el presente, en el aquí y el ahora. Convertirme en un vagabundo de la vida, en un individuo errante sin ataduras a nada, a nadie.

Me siento anulada, nada de mis referentes históricos son posibles. Mi profesión desaparece, mis calles, mis amigos… todo se diluye dentro de mí. Me convierto en una especie de burbuja flotante, una pompa de jabón frágil que se eleva cada vez más alto, siempre sola y expuesta a cualquier inclemencia, a cualquier evento.

Me siento suprimida, extirpada. Mi vida se borró de pronto, soy una página en blanco, como un libro que está por iniciarse y que no sabemos nada de él. Me he convertido de pronto en un ser que fluye en un vacío existencial.

El desarraigo susurrante que me acompaña es el mismo que marchita a la planta y la mata una vez que se arranca de la tierra su raíz
Es el sentir como de repente empieza un deterioro paulatino. Cómo las ramas firmes, las hojas brillantes, la raíz que aferrada a la tierra nos alimentaba se va doblando por la falta de apego, de soporte, de alimentación, de vida.
Me siento como esa mata arrancada que muere un poco cada día a la orilla del camino, expuesta a las inclemencias del tiempo, del frío, del sol. Esa planta que se marchita, que pierde su alegría, su vida. Esta es la analogía perfecta para expresar como me siento en algunos momentos.

Sola, perdida y consumiéndome por la tristeza.



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