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"Guernica 2015" Javcho Savov |
629 personas, como tú y como yo, han sido abandonadas a su suerte. Les ha sido negada la posibilidad de refugiarse, la posibilidad de vivir, de ser, de existir.
629 personas que desesperados salieron de su hogar, su tierra, su
país, dejando atrás toda su vida, para adentrarse precariamente en el mar a la
espera de encontrar una tierra de esperanza.
629 personas que me han recordado hoy la maldad que subyace en el
mundo y han aflorando mi vergüenza por pertenecer a esta especie terrible que
se denomina ser humano. Una especie voraz, depredadora y cruel que devora todo,
que arrasa con todo.
Estas 629 personas me han hecho escuchar los gritos, vivir los miedos
y sentir la incertidumbre que han vivido todos los refugiados del mundo. Todos
los refugiados de la historia.
Llantos quedos y fuertes, tristezas infinitas, miedos físicos y
paralizantes, impotencia lacerante, sueños rotos, ilusiones desvanecidas,
esperanzas arrancadas de raíz... Han llegado hoy a mi como ecos de la historia
miserable de la condición humana.
Como sonidos ignominiosos que recuerdan insistentes lo que hacemos, lo
que hemos hecho y sé con certeza absoluta que seguiremos haciendo.
"El hombre es lobo del hombre" leía asombrada en el libro
Hobbes, y dentro de mi ingenuidad adolescente, de vida sin sobresaltos me
parecía un exabrupto, una exageración. Mis simpatías siempre tendieron más a
Rosseau y a su "el hombre es bueno por naturaleza". Lejos estaba de
imaginar en esos años universitarios que la vida y el comportamiento humano me
llevarían a darle la razón a Hobbes.
"El hombre es lobo del hombre" es lo único que puede
explicar el comportamiento destructivo y aniquilador frente a nuestros
semejantes y nuestra total incapacidad de ponernos en el lugar del otro, de
sentir lo que siente el otro, de solidarizarnos con el dolor ajeno, de sentir
que podemos ser el otro.
629 personas en busca de un puerto que les permita desembarcar,
simplemente, a la vida. En la posibilidad de una vida digna. 629 personas que
lo único que quieren es la oportunidad de seguir viviendo.
629 expulsados, como cientos, como millones que a lo largo de la
historia han sido obligados a dejar todo, por las condiciones de sus países,
que salieron sólo esperando poder vivir y se encontraron con que se les negaba
hasta la posibilidad de respirar.
Barcos de judíos en busca de puertos, miles de cubanos en balsas,
refugiados españoles cruzando la frontera sólo para ser depositados en campos
de refugiados, en campos similares a los hoy habitan los sirios o cualquier
otro pueblo que ha tenido que abandonar su tierra. Millones de personas convertidos
en parias, en escoria, en indeseados sólo porque las condiciones de sus países
los han obligado a partir.
Millones de personas que no encuentran amparo en este planeta llamado
tierra, que es el único hogar de todos. Un pequeño e
insignificante planeta habitado por esta especie, que no tiene límites, ni leyes
para destruirlo, pero si tiene controles para impedir el paso y cerrar fronteras
a nuestros hermanos, a nuestros congéneres. Este pequeño e insignificante planeta de todos, donde gobiernos electos para que nos representen o gobiernos impuestos que nos representan a la fuerza, nos expulsan, nos cierran fronteras, nos encierran en campos de refugiados, nos matan...
Hoy si aguzamos el oído, si prestamos atención a ese murmullo que se
siente. Nos daremos cuenta que es la humanidad reclamándonos, que son los
expulsados que han sido humillados, maltratados durante siempre que nos exigen
actuar, hacer algo, que por lo menos denunciemos o nos condolamos frente a su
destino. Nos dicen que no son solo cifras, que son personas como tú, como yo,
que tenían una vida que les fue destruida, que tenían sueños, ilusiones,
amores, amigos, familia que les fueron arrancadas, que tenían nombres,
identidad, gustos y sonrisas, que eran como tú y como yo…
Las campanas siempre doblan por nosotros, seguirán sonando siempre
por todos porque nadie es una isla. Nadie está a salvo y nadie se exime
de responsabilidad.

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