¿La vida cómo conjunción del azar o la vida cómo destino? Ambas
concepciones tienen algo en común y es la imposibilidad del ser humano de
incidir en ella.
En la vida como conjunción del azar está implícita la incertidumbre.
En la vida como destino también, pues ese destino es desconocido para el
sujeto, y los eventos que se van presentado no nos muestran el camino trazado
de antemano. En ambas la vulnerabilidad y la incapacidad de organizar y
planificar la vida se convierte en un sueño, una quimera, un espejismo del que
nos aferramos para darnos un poco de seguridad.
Sea una u otra de la que partamos lo único que queda claro es que
apenas somos pequeños e insignificantes seres arrastrados, condenados a vagar
por una vida totalmente incierta.
Pero optar por alguna de ellas incide
directamente en nuestra forma de actuar y en la forma que nos
enfrentamos al día a día.
En la conjunción del azar el sujeto tiene la posibilidad de elegir, de
asumir la responsabilidad de su vida. Pues su presente no es otra cosa que la
sumatoria de sus decisiones pasadas. La suma de las opciones que tomó construye
su vida y elegir siempre implica libertad
En la concepción de la vida como destino el sujeto destierra su
posibilidad de elegir pues asume que haga lo que haga, o opte por lo que opte,
siempre tendrá que aceptar los designios pautados. La capacidad de elección y
con ella la libertad desaparece y lo unico que
queda es la aceptación.
Así las consecuencias de asumir una u otra concepción, marcan el
comportamiento de manera significativa. En la primera, a pesar de la
incertidumbre y la conjuncion del azar el sujeto siempre es el protagonista de
su vida, es él que elije, él que construye su vida frente a los eventos que se
van presentando. En la segunda, el sujeto es apenas un actor secundario pues el
destino, un ente sobre el que no tiene incidencia, es el verdadero protagonista
y a él debe entregarse con resignación.
Asumir una u otra concepción determina en cierta forma tu esencia como
ser humano. La primera te hace un ser libre, la segunda te hace un esclavo. La
primera te convierte en un ser activo, la segunda te hace un ser pasivo. En la primera prevalece el libre albedrío y en la segunda la fatalidad.
Si se reflexiona sobre las consecuencias de esto en el ámbito de la
vida cotidiana y de los rasgos personales podemos inducir, si lo llevamos al
extremis, lo siguiente:
La primera concepción te hace progresista, innovador, anti
convencional, sin apego a las normas, rompedor de esquemas, rebelde, curioso,
creativo, arriesgado,... Pues siempre serás él protagonista, él que podrá
incidir en la vida, pues las opciones que elijas la determinarán.
La segunda concepción te hace conservador, rutinario, convencional,
apegado a las normas, seguidor de esquemas pautados, sumiso, acumulador de
conocimientos, replicador de lo conocido y pusilánime.
Algunos pensaran que lo anterior es exagerado y efectivamente lo es,
no estoy tratando de convencer a nadie de que una opción es mejor que la otra,
no quiero demostrar científicamente que de las premisas se desprenden mis
afirmaciones, lo único que quiero generar es una reflexión en el lector para
que piense en cómo ve la vida y como esa forma de pensar determina su
actuación, su forma de ver, ser y vivir. Quiero sencillamente compartir con
ustedes mi disertación matutina.
Ahora repito la pregunta con la que me desperté esta mañana, para que
todos piensen un poco en ella ¿vives la vida cómo conjunción del azar o vives
la vida cómo destino?
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