| Dionicio Gonzales Explosión y vacío |
Llevaba días sin escribir. Cada mañana hacia un intento, siempre vano,
siempre fallido. Escribía una o dos líneas o un pequeño párrafo, pero después
la idea, el sentimiento quedaba colgado en el vacío. Nada continuaba, nada
concluía, era solo un inicio, un intento.
Las palabras no venían, no las
encontraba…
El escribir que había significado tanto para ella. La escritura
liberadora de las sensaciones y emociones, que invadieron cada día durante este
año del inicio de su nueva vida, ahora también la abandonaban. Todo lo
conocido la había abandonado. Todo lo
placentero la abandonaba. Todo lo que era parte de su vida de antes o de ahora
se alejaban de pronto, sin aviso sumiéndola cada vez más en ese vacío que poco
a poco se convertía en su existencia.
Las palabras seguían sin
aparecer, solo a veces creía entrever alguna….
Una existencia vacía, una existencia suspendida. Una existencia que
por más que intentaba asirla a algo o a alguien siempre resbalaba, siempre se
deslizaba. Todo tan frágil, tan voluble, tan cambiante. Todo tan efímero, tan
intrascendente, tan inalcanzable.
¿Las palabras habrían huido?
Esta existencia sin sentido en la se había convertido. Este ser
suspendido en la nada, esta vida rota que intentaba recomponerse. Estos pedazos
de sí misma esparcidos e inconexos que
se alejaban cada vez más haciendo cada día más difícil la tarea de reunirlos,
de convertirlos nuevamente en unidad.
Las palabras nunca llegaron,
nunca acudieron nuevamente…
Ahora, huérfana de palabras ya no contaba con nada, este asidero final
a la vida, este refugio en el que se escondía y protegía también se derrumbaba
y la mostraba desnuda y rota.
Ahora, vaciada de palabras, de las palabras que siempre la
acompañaron, se sintió más aislada que nunca, más triste que nunca, más pérdida
que nunca.
Ahora, sumergida en el silencio absoluto, en su vida vacía, en su
existencia suspendida se instalo definitivamente en la nada.
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