![]() |
| Marc Chagall La Acróbata |
Estaba tan ocupada que no tenía tiempo de escribir. Estaba tan ocupada
que no había tenido tiempo de reflexionar, tan pero tan ocupada que los días se
sucedían sin darse cuenta.
Los lunes, martes, miércoles, jueves y viernes transcurrían
indiferenciados, caían como hojas de un árbol en el otoño de su vida. Flotaban
como hojas suspendidas en el aire, revoloteando sin norte, subiendo y bajando
para inevitablemente caer al suelo y desaparecer para siempre en el inexorable
paso del tiempo.
Días que amanecían cansados y
se acostaban apenas ocultarse el sol.
Un día, no recuerda el día de la semana, lo vio por primera vez, lo
vio con esa mirada cansada que se había instalado en sus ojos. Ese día lo vio
sin darse cuenta que por primera un destello de luz, apenas perceptible se
vislumbraba en sus pupilas.
Un destello de reconocimiento, de saberse iguales, de sentirse
próximos, de intuirse como posibilidad.
Desde ese intercambio de miradas, de esa frase apenas perceptible, una
sensación de inicio se posó en su vida. Ni el destello, ni la sensación fueron
reconocidos instantáneamente, pero a partir de esa primera vez algo empezó a cambiar y los días cansados se fueron desasiendo, poco a poco,
del abatimiento. No sabía la razón, no sabía por qué solo sabía que de pronto
se aferraba a la vida de nuevo y que no quería desprenderse, ni flotar como
hoja suspendida en el aire, revoloteando sin norte, subiendo y bajando, que ya no
quería caer al suelo y desaparecer.
El tiempo siguió pasando pero ahora cada segundo, cada minuto, cada
hora, cada día se convirtió en promesa, en posibilidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario