viernes, 6 de julio de 2018

La cigarra y la hormiga

sello de la República de San Marino de 1982


Y de pronto descubres que la cigarra tenía razón. Después de toda una vida de hormiga responsable, ahorradora, trabajando para garantizar tu futuro. Un día cualquiera, a una hora cualquiera te das cuenta que el hormiguero fue arrasado, que ya nada te pertenece, que lo que has acumulado se desvaneció, que el lugar en que habitabas no existe, que las hormigas, tus compañeras de siempre, se han dispersado en la huida, que te encuentras sola y sin nada, vieja y sin fuerzas para empezar nada, para hacer nada. Ese día descubres que no eres nada, solo un ser insignificante, una pequeña, vulnerable y negra hormiga.
Piensas en las veces que narraste la fábula de la cigarra y la hormiga, en las veces que te lo contaron, en las veces que dejaste de lado la diversión, el relax, la alegría para entregarte al trabajo,  para construir una vida basada en el esfuerzo honesto, ejemplificante, una vida que te conduciría a un futuro digno y feliz.
Y quisieras tener una máquina del tiempo y comenzar de nuevo, no para cambiar la situación, sino para cambiar toda tu vida, para recomenzarla como una auténtica cigarra.
En esa vida de cigarra que imaginas, te ves saltando de hoja en hoja, comiendo un poco aquí y otro poco allá, descansando tumbada bajo la sombra de una gran rama, contemplando con sorna la vida aburrida de las hormigas y saboreando con deleite tu libertad plena, tu no atarte a nada, a nadie, tu independencia.
Una vida de cigarra donde el cielo es el límite, donde el sol calienta levemente tu pequeño cuerpo, donde cada bocado de placer se encuentra en cualquier planta. Una vida de vagabundo donde todo cuanto te rodea ha sido puesto para ti. Una vida de cigarra sin límites, ni ataduras. Una vida errante y hedonista que cambia y se renueva en cada salto, en cada impulso que das a tu pequeño, insignificante  y efímero  cuerpo.
Esa vida con la que soñabas desde tu oscura y rutinaria vida de hormiga. Desde tu vida de trabajo, siguiendo la ruta establecida, obedeciendo los patrones impuestos por las demás, frenando tus impulsos y deseos. Esa vida comedida y aburrida donde lo único que querías era asegurarte el confort de un hormiguero, mientras con cierta envidia contemplabas la vida alegre de la cigarra.
Y aunque la situación de pronto cambie para las hormigas y las cigarras, cambie abruptamente para ambas, hay una diferencia fundamental, la cigarra vivió, la hormiga no.
Hoy sentía un odio inmenso por Esopo, creador de esta mentira, en un lejanísimo s. VI a. de C., creador de esa fabula con sentencia consejera que ha sido escuchada, quizás, por todos los niños del mundo, odio por esa conclusión fatalista, moraleja repetida constantemente, cuyo único objetivo ha sido que entregues tu vida, que te conformes, que sigas los pasos de los otros, que vivas una vida de servidumbre dejándote arrastrar por los demás, que no cuestiones, que no seas diferente y que te entregues con fe al camino "VERDADERO" pautado por la mayoría aborregada, ciega y servil.
Hoy he descubierto que Esopo no fue solamente un fabulista sino un devorador de sueños, un cortador  de alas, un limitador de la vida.
¿Cuántas hormigas muertas en el camino, cuántas hormigas estresadas, cuantas hormigas infartadas, cuántas hormigas cargando un peso por encima de sus límites? ¿Cuántas hormigas más nos costará esta fábula de mierda que nos ha robado la posibilidad de vivir?
La cigarra tenía razón cuando opto por vivir. La cigarra siempre fue la sabiduría,  la cigarra "siempre tendrá Paris", a la cigarra le quedará  eternamente la satisfacción de su vida plena, diversa, errante.
Hoy, después de una vida de hormiga ejemplar, de la cual fui arrancada por circunstancias adversas, me di  cuenta que no solo perdí el hormiguero y mis compañeros de fila, sino algo, aún peor, me di cuenta que mi vida ya  estaba perdida, que nunca realmente había vivido, le había dado la razón a la hormiga sin sospechar siquiera que la cigarra era la que tenía  y tiene la razón.
Desde hoy me dedicaré a redimir, en cualquier lugar y frente a cualquier persona, la sabiduría de la cigarra y  a resaltar la estupidez de la hormiga.  
Y bajo el  grito de alerta: “Vive como cigarra, las hormigas ya están muertas” iniciaré esta cruzada


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