domingo, 11 de febrero de 2018

Percepto 7: Meditación

fotografía de Richard Tuschman de la serie Meditaciones
basadas en la obra de Hopper
Se levantó temprano, antes del amanecer. Le gustaba prepararse un café, sentir el olor familiar que todo lo invade, sentarse con una taza llena bajo el cielo estrellado, sentir el frío en su piel y pensar.
Hacia tantos años que hacía esto, ese brindarse la posibilidad de estar a solas con ella, de pensar en su vida, de alimentar ese monólogo interno que no cesa, que se convirtió en su inicio del día. No había condiciones externas que le arrebataran este empezar. Ni el frío inclemente, ni compañeros de lecho, ni países extranjeros. Nada podía arrebatarle este diálogo esperado cada día con ella misma.
Volvió a su cama sus manos y sus pies helados y recordó la grata sensación de un cuerpo tibio a su lado que la abrace, que tomé sus manos y las caliente, que enrede sus pies entre las piernas para darle calor.
Y se dedicó a repasar los últimos meses de su vida. Se acordó cuando al retorna de su incursión matutina escribía poemas de amor, que enviaba por WhatsApp al calentador de pies y manos con el que compartía el lecho. Después recordó como subía la escalera despacito y se metía nuevamente en la cama, como besaba la espalda que se le ofrecía y como esta se volteaba para abrazarla y fundirla completamente en su cuerpo.
Después de un rato de permanecer abrazados, empezaban a hacer el amor.
Recordó cada amanecer en la casita de la colina, entre árboles asomados a la ventana, testigos mudos de su pasión y oyentes sordos de los quejidos de placer que brotaban de su boca. Recordó el abrazo posterior y el peso de su cuerpo sobre ella. Aspiró, nuevamente,  el agradable olor de su cuerpo y degustó cada sabor que emanaba fruto de la pasión.
Después, invariablemente,  bajaba, le traía su desayuno y lo acompañaba mientras él lo consumía con avidez. A veces después de desayunar volvían a hacer el amor.
Repasando sólo lo bueno de los días vividos, se dio cuenta que esa experiencia sería siempre un recuerdo que la confortaría, una memoria imborrable que siempre la reanimaría.
Repasando lo bueno de esta relación fallida se dio cuenta que el malestar por la ruptura había pasado, que ya no había culpa, ni culpables, que ya no había expectativas de un futuro. Lo único que quedaba de estos meses atrás eran sólo los buenos recuerdos.
Y agradeció su costumbre de empezar el día dialogando con ella misma, tomando ese café a solas que le permitía decantar sus emociones y su vida.
'Valorar nuestra vida, resaltar lo auténticamente valioso, atesorar lo bueno de cualquier experiencia, pensó, sólo es posible si nos dedicamos cada día a conversar con nosotros mismos y a escuchar lo que tengamos que decirnos'
Escribió una breve reflexión sobre lo pensado en un corto mensaje y lo envió.por WhatsApp.  Hoy él no recibiría un poema de amor como en el pasado, hoy recibiría algo más importante, hoy recibiría un perdón, unas gracias y  la continuidad de una sólida amistad.
               


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