miércoles, 7 de febrero de 2018

percepto 6: Cotidiano

Alejandra Caballero Bath 
Salir y sentir el frío en la cara, caminar apurada, casi corriendo, encontrar todos los semáforos en verde y agarrar el autobús cuando está por arrancar.
Dormir profundo y bien. Levantarte descansada, montar la cafetera y sentir el olor a café que invade el amanecer y sentarte a saborearlo acompañada sólo por ti.
Ayudar a un señor a pasar la calle, tomarlo del brazo y llevarlo a salvo a la otra acera, que te sonría, te de las gracias y te desee un muy buen día.
Encontrar a hermanos latinoamericanos cálidos, simpáticos que sientes que conoces de toda la vida, que tienen tus mismos referentes, tu misma cultura y que no requieren de explicaciones.
Contemplar la naturaleza que te rodea, descubrir las formas, los colores y los olores de las flores. El verdor de los árboles, sus hojas meciéndose al viento y la luz filtrándose entre sus ramas.
Cerrar los ojos y sentirte en paz contigo, sentir que la tranquilidad y la paz interior están llegando nuevamente a tu vida.
Sentir el agua tibia de la ducha correr por tu cuerpo, resbalando suavemente y relajando todos tus músculos. De pronto abrir el agua fría y sentir el contraste del calor al frío que despierta tu piel, que endurece tus músculos que activa tu día y tu vida...
Hay tantas cosas pequeñas que producen satisfacción, hay tantas cosas pequeñas que podemos hacer y disfrutar cada día. Hay tantas pequeñas y tontas alegrías que pueden hacer diferente tu vida.
Pero la mayoría de nuestros días nos olvidamos de todo eso, lo extraviamos entre las preocupaciones, la rutina y las tristezas. Lo alejamos de nosotros sin darnos cuenta que la suma de todas esas pequeñas cosas es lo que conforma la mayor parte de nuestros días, que son  simplemente  la vida.  Lo excepcional, lo sorprendente es apenas una ínfima parte de lo que vivimos. Y somos tan tontos que nos desgastamos luchando por lo extraordinario y nos olvidamos  de lo que colma nuestra vida.  
Desperdiciamos nuestra limitada y perecedera vida buscando lo especial  sin darnos cuenta que en el disfrute de lo cotidiano, de lo habitual  está el auténtico vivir. Y  cuando empezamos  a aprender que el oficio de vivir consiste en disfrutar de cada detalle efímero que te regala cada nuevo día  ya nos esta acechando la muerte.

  

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