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| William James Glackens Actriz sentada con espejo |
Se reconocieron en la multitud. Habían pasado años desde la última vez
que se vieron frente a frente. Con un abrazo distante se envolvieron y con un
beso frío rozaron sus mejillas.
El leve contacto trajo una gran decepción, cuán lejos de lo imaginado,
cuán diferente de lo recordado.
Él había cambiado, ahora el peso de los años se le notaba en el
rostro. En la pesadumbres de sus pasos, en la falta de brillo en su mirada. La
vitalidad que siempre emanó de su cuerpo
se había esfumado.
Ella había cambiado, su sonrisa
asomaba un deje de tristeza, su mirada apenas brillaba, su rostro surcado por
pequeñas líneas. La agilidad de su menudo cuerpo ahora había sido sustituida
por cierta torpeza.
Se miraron fijamente tratando de reconocer los rasgos añorados y la
pasión del pasado.
Se sentaron a tomar un café y conversaron sobre su vida, sobre lo que
había acontecido desde su separación. Se mostraron fotos de hijos y nietos.
Remozaron su vida para los oídos del otro. Pero la comodidad, la intimidad y la camaradería que siempre
compartieron se había evaporado.
Hubo momentos de silencio incómodo, donde las palabras huyeron de sus
labios. Miradas furtivas y acuciosas. Preguntas que se quedaron en intención.
Una pareja pasó a su lado, tomada de las manos, hablando y mirándose,
interrumpiendo la conversación para darse algún beso suave.
La miraron en silencio y una sonrisa asomo en sus rostros. Se miraron
desde su propio recuerdo y una luz pequeñita iluminó sus caras.
En ese segundo se reconocieron, se recordaron, se sintieron no como lo
que eran, sino como lo que habían sido.
Y antes de que ese hermoso instante pasara, ambos se apuraron a
despedirse. El abrazo de despedida fue más cercano y el beso más cálido.
Caminaron en direcciones opuestas. Cada uno con el deseo de no
coincidir otra vez en encuentros fortuitos. Cada uno con la esperanza de borrar
este encuentro de sus recuerdos. Cada uno con la ilusión de preservar sólo la
memoria del pasado. Esa memoria a la que volvían cuando sentían que la vida no
les sonreía.

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