sábado, 22 de septiembre de 2018

Presencia y totalidad

Grete Stern


Llega alguien, lo ves, lo abrazas y con su presencia miras y abrazas el pasado. Miras cada instante de tu vida, envuelves cada recuerdo. Y en ese instante suspendido, recuperas todo, recuperas toda tu vida. Recuperas todas tus emociones, recuperas todos los segundos que has transcurrido.
Suspendido en ese abrazo, de apenas un segundo, te das cuenta que todo queda, que todo sigue ahí. Que siempre  lo llevas contigo, siempre...
Y te sientes pleno y dichoso, te sientes rebosante de vida y emociones, te sientes tan inflado, que casi sientes que te levantas del piso. Y te descubres como cápsula del tiempo, que enterraste en cualquier momento, con la intención de vivir en el presente, solo en el aquí y ahora y que una presencia, un abrazo la abre de pronto para mostrarte lo que has sido, lo que eres, para mostrarte tu historia condensada en fragmentos de recuerdos que te arman como un rompecabezas para mostrarte lo que eres, lo que siempre serás y que lo que has vivido está ahí contigo, que siempre estará contigo y que solo te ha abandonado por una fracción de tiempo, para hacerte la vida más fácil, más tranquila, más llevadera.
Sólo una presencia basta para recordarte a ti mismo, para mostrarte nuevamente tu identidad.
Hoy, ayer o mañana siempre llegará alguien, hoy, ayer o mañana esta cápsula del tiempo que eres se abre y al abrirse te remonta al tiempo inicial y recorres otra vez todo y en ese eterno retorno te das cuenta de que eres un continuum, que eres todo, pasado presente y futuro. Y que el presente, el día, la hora, el segundo que vives es solo un accidente, que eres una maravillosa y única totalidad, que el transcurrir es solo una ilusión porque siempre eres tú, siempre fuiste, eres y serás tú.
Llega alguien, lo ves, lo abrazas y con su presencia te das cuenta que no hay fragmentos dispersos, que sólo por un momento,  lo que unía las piezas de la totalidad que eres desdibujaron sus contornos y te dieron una fugaz ilusión de disgregación.
Llega alguien, lo ves, lo abrazas y con su presencia te integras plenamente, te configuras nuevamente como lo que eres una maravillosa, única e incesante totalidad... 
Llega alguien, lo ves, lo abrazas y con su presencia descubres que tu vida es una espiral, donde el último tramo siempre contiene los anteriores y de pronto te acuerdas de Fibonacci y piensas que quizás a la vida también se aplica su sucesión...

No hay comentarios:

Publicar un comentario