viernes, 20 de enero de 2023

Relatos imaginados

Ilustración digital 
"Crash" la puerta de vidrio cayendo, la cabeza ensangrentada, los gritos, como alaridos que salían de su garganta, el terror reflejado en los ojos y una leve sonrisa que  apenas se entreveian entre los surcos de sangre.
Nadie imaginó que ese dia seria su último día. Esa misma mañana habia comido un suculento desayuno compuesto de Croissant, mermelada, queso, jugo de naranja, frutas y un pequeño brioche de chocolate. Lo habia saboreado con ese disfrute que producen los pequeños placeres cotidianos, apenas dos horas mas tarde yacía en el suelo exhalando el último suspiro. 
Podría decirse que toda su vida fue una preparación para su terrible fin. Su muerte intencionada y solitaria en ese costoso asilo donde había sido depositado y abandonado fue la consecuencia logica de una vida egoista y abusiva. 
Desde pequeño sobresalió por ser el abuson del colegio, cualquier destello de debilidad en un compañero era suficiente para desatar ese sadismo sutil y constante que emprendia sin descanso contra los otros. 
Sus mismos padres se horrorizaban en secreto cuando descubrían esas conductas perversas y para preservar la salud física y mental de la familia y de las mascotas lo internaron en esa escuela militar, mas parecida a una carcel que a una institución educativa. 
Ese lugar agravó aun más sus tendencias, sus conductas inpropias eran alabadas por sus profesores y sufridas por los compañeros que por temor a las represalias que podia tomar, se reian y aplaudian de todo cuanto hacia. 
El suicidio de un compañero maltratado fue un punto de inflexión en su vida. No porque haya generado ningún cambio sino porque aprendió a ocultar su lado mas oscuro, actuar de manera sibilina y a mostrar un rostro mas amable. Engaño a todo el mundo y a su exito académico sumo su éxito social. 
Fue un joven atrativo y encantador, pero por razones ocultas que nadie sabia explicar sus relaciones siempre eran poco duraderas. Las chicas con las que salía siempre se alejaban y rompían todo vínculo con él. Hasta que un día llegó a su vida Antonieta. Una dulce muchacha de espiritud alegre pero con una ligera tendencia a la sumisión.Todos sin excepción, incluyendo familiares y amigos se aprovechaban de ella. 
Después del matrimonio no tardo mucho tiempo en anular, en borrar los tenues lazos que sujetaban la frágil autoestima de Antonieta. 
La familia de Antonieta empezó a preocuparse y aunque aparentemente eran felices, veian como iba consumiendose con el paso del tiempo. 
La llegada de los gemelos terminó de hundirla definitivamente, una depresión oscura y suicida se fue adueñado de ella y paradogicamente para salvarla la enterraron en vida en el sanatorio donde murió poco tiempo después. 
Los gemelos internados desde pequeños en instituciones costosas y frias, veian a su padre apenas unas pocas semanas al año. Un padre distante que nunca tuvo un gesto de afecto, un padre desconocido con el que apenas convivian y del que nunca descifraron su autentica personalidad. 
Esa personalidad turbia y pervertida que le habia costado la vida a su madre y que generaba terror en quienes lo conocian. 
La noche que le dio el Ictus estaba sólo en la casa, la sirvienta lo descubrió a la mañana siguiente sobre sus excrementos en una posicion antinatural. Tardo meses  en darse cuenta de lo que le habia pasado, apenas podia moverse y de su boca ya no salian palabras, apenas ruidos guturales, indescifrables para los demás. 
Al darle el alta los gemelos ya habian conseguido el lugar donde viviría y ahi con terapias y tratamientos logró superar algunas de las secuelas del Ictus, pero nunca logro ser el de antes. 
Pasaron meses y los meses se convirtieron en años. 
Sentado al sol, en su silla de ruedas, mirando a la puerta, esperando que alguien viniera a visitarlo. Sus ojos siempre pendientes del menor movimiento, buscando un rostro conocido. Esperado, siempre esperando... 
Un día se situó frente a la entrada, la mirada fija en la puerta de vidrio, las manos sujetas con fuerza a las ruedas de la silla. De repente cuando nadie lo miraba se abalanzó a toda velocidad contra el cristal. El "Crash" sonó rotundo, cuándo corrieron hacia él además del pánico en  la mirada se extrañaron de la mueca que parecia una sonrisa. Nadie imagino que era la sonrisa del triunfo, la sonrisa de la venganza.
Con su muerte pensó en sembrar la culpa en sus hijos. Nunca se enteró que su muerte significó para ellos un alivio, la liberación de una obligación no querida. 







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